En los próximos años…

Por Brandon Ramírez

 

Según se puede leer en muchos textos de la última década del siglo XX muchos académicos y líderes de opinión creían que, tras la devastación de las guerras mundiales, los enfrentamientos posteriores como en Vietnam y Corea, y el final de la llamada Guerra Fría, el nuevo siglo, ese del que llevamos vividos ya 16 años, vería la consolidación del modelo demócrata liberal, en todo el mundo, y un afianzamiento en lo económico de la economía mercado, y que esto traería consigo años de paz y crecimiento en todas las regiones del mundo.

Como en prácticamente cada opinión, también hubo quienes criticaran esta postura optimista, y apuntaran a que el conflicto no se limitaría a la competencia económica dentro del mercado internacional, ni que las instituciones políticas de cada Estado contenderían los conflictos internos dentro de sí, y la diplomacia se encontraría con los límites que siempre ha tenido en las relaciones internacionales. Hubo quien apuntara a que la nueva base de diferenciación entre regiones del mundo se basaría en un carácter cultural, ya que muchas civilizaciones tienen su origen hace miles de años, y la socialización milenaria que tienen tras de sí no puede desaparecer en un par de años, ni décadas.

En el año 2001, en Nueva York, fuimos testigos de que esta segunda postura parecía ser más cercana a lo que nos esperaría por lo menos en las primeras décadas del siglo XXI: la perpetuación de conflictos entre distintas regiones del mundo. España, Rusia y Reino Unido, por citar otros ejemplos, vinieron a ratificar lo que del otro lado se veía en Irak y en Medio Oriente en general.

Lo anterior, en lo que respecta al tablero mundial y la política internacional. Las guerras internas en muchos países, los movimientos que se dieron en distintas regiones del mundo, desde Nueva York, España, Islandia, y lo que se conoció como la primavera árabe, mostraron que la democracia en su estado actual no satisfacía tampoco a las sociedades que decidieron adoptarla. En nuestro país el cambio de milenio coincidió con el cambio de partido en el poder ejecutivo federal, que vino acompañado de anhelos de cambios y una mejora de nuestras instituciones.

Tanto en el nivel global, como el regional, y específicamente en nuestro caso, comenzando el cuarto lustro del siglo XXI las cosas no han cambiado mucho, y no parecen tener, en el corto y quizá hasta el mediano plazo, atisbos de que eso cambie. Los atentados de los últimos meses, lo ocurrido en Turquía, en Rusia, la nueva alza del número de homicidios asociados al crimen organizado en nuestro país, los niveles de corrupción asociados a gobernantes estatales de distintos partidos, son lo que nos puede hacer pensar ello, entre muchas otras.

El pesimismo nunca viste bien, y todos aspiramos a que los escenarios optimistas sean los que se materialicen, como aquellos que se proclamaban con el cambio de siglo.  Una fecha o un acontecimiento por si mismos no logran cambios trascendentales, ya que un mundo tan complejo necesariamente se mueve hacia una u otra dirección lentamente. Los problemas y conflictos de hoy se comenzaron a gestar hace muchos, muchísimos años.

Todos quienes vivimos los años actuales somos producto de la socialización que nos formó como miembros de una familia, localidad y país, y tenemos formas de pensar arraigadas y en buena medida producidas por los acontecimientos referidos anteriormente. No dudo que generación a generación vayamos mejorando ciertos aspectos, pero hay vicios que, como ciudadanos y personas han perdurado y seguramente perdurarán, porque los niños que inician su proceso de socialización hoy, siguen formando parte de ello.

 ¿Qué hacer? Si alguien tuviera la respuesta a esa pregunta, seguramente ni siquiera sería necesario formularla. Lo que sí sabemos es que las cosas pueden ser diferentes, y que pueden cambiarse, de lo contrario, hoy día seguiríamos viviendo como hace 500 años. Los cambios se dan lentamente, ganando pequeñas batallas, incidiendo en nuestras comunidades para resolver los problemas que nos aquejan, actuando como quisiéramos que actúe el resto, poniendo ejemplo a aquellos niños y a nuestros contemporáneos que comienzan su andanza y pueden tener estas inquietudes.


Imagen: http://www.laciudadviva.org/blogs/wp-content/uploads/2010/09/mundonoche1.jpg

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