En la ciudad

Por Guillermo Alvarado

 

En la ciudad no hay crimen ni depravaciones, no hay malos momentos, ni mala gente.

Aquí se vive con tranquilidad. A veces los ciudadanos para distraerse en casa se disfrazan de criminales o de proxenetas, toman pistolas de plástico y mujeres de carne y juegan a robar el banco de la ciudad o a pasear la mercancía por la calle; pero en realidad nunca salen de sus cuartos, rodean el colchón con su puta en minifalda o se escoden bajo la cama esperando que la ciudad se duerma y salgan a robar unos cuantos billetes de su propia cartera.

Pero en la ciudad no hay crimen, mucho menos depravaciones. Se vive bien con aire limpio y puro y un cielo raso casi imposible.

Todos los ciudadanos tienen empleos y sonrisas. Algunos están casados, otros comparten el tiempo con sus amigos o sus mascotas, pero nadie está solo; claro que a veces se sufre un poco, producto de algún golpecillo o al no haber llegado a tiempo a una función de cine, pero las lagrimas no existen en esta ciudad, tampoco es que todos aprovechen cuando llueve para desahogarse y llorar y gimotear y lamentarse en sus casas, eso es un feo rumor que circula por la ciudad, pero aquí se vive bien.

En la ciudad todo funciona correctamente, todo encaja en su justo lugar y todos tienen el lugar que es mejor para ellos. El niño ama a sus padres, los esposos se procuran y se respetan, el vendedor de sándwiches siempre tiene una sonrisa al preparar los alimentos, la niña con el sándwich tararea una inocente melodía, ninguno de ellos tiene problema alguno y nada les preocupa; al niño no le incomoda que su padre lo arrope por las noches y se demore tanto tiempo en acomodarlo y acariciarlo antes de irse a dormir, a los esposos no les preocupa que conversen cada vez menos y los silencios se comiencen a sentir, al vendedor de sándwiches no le inquieta el sudor en sus manos al cortar los vegetales y las carnes, ni la sonrisa al imaginar pequeños gritos parecidos a suplicas.

Ningún ciudadano tiene quejas, todos viven tranquilos, con una sonrisa que no puede mentir, una mente tranquila que no puede engendrar perversiones. No hay nada que esté a punto de estallar, nadie sufre de conformismo, no ha un grito desesperado en las sonrisas de los ciudadanos, nadie los tiene prisioneros en la ciudad, no existe una mano invisible y gigante que los tiene sometidos, sólo hay orden y armonía. Eso es todo, no existe el caos.

La vida es buena en la ciudad, no existe otra vida en realidad, no hay nada mejor que la ciudad, nadie quiere salir de la ciudad, nadie prefiere algo más de lo que tiene, todo es felicidad en la ciudad, no existe más que la ciudad, la ciudad son los ciudadanos y no al contrario.

Bienvenido a la ciudad, espero te sientas cómodo. A partir de ahora, eres feliz, lo quieras o no. Esto es lo que quieres y nada más. Ésta es tu mujer y éste es tu hijo. Aquí tienes un frasco con tus sonrisas diarias, mantenlo junto a la cama, no olvides salir de casa sin una sonrisa.

Bienvenido te estábamos esperando.

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