Elecciones locales 2017

Por Brandon Ramírez

Esta semana se llevarán a cabo elecciones en algunos estados de nuestro país, un par de elecciones extraordinarias, algunas de gobernador, congresos locales, y ayuntamientos. La figura de los partidos políticos ha estado en entredicho desde su origen hace un par de siglos, y la cosa no ha cambiado mucho con el tiempo. Los escándalos de corrupción e impunidad han alejado a muchas personas del interés por la política y la democracia, si bien nunca ha sido particularmente elevado. Sin embargo, siempre que hay procesos electorales está de más recordar todo lo que costaron las boletas y urnas en nuestro país, pasarán de ser un acto de legitimación inocuo a un mecanismo de acceso al poder; de poder elegir realmente entre distintas opciones.

Está muy claro que muchos de nuestros políticos (como en cualquier parte del mundo) desacreditan el sistema electoral y a la política como profesión cuando forman parte de la corrupción en cualquiera de sus formas. Tampoco ayuda que sistemáticamente todos los candidatos perdedores desacrediten a las instituciones y procedimientos cuando no les favorecen los resultados, y que se nieguen a introducir mecanismos como la segunda vuelta en las presidenciales. Pero, a pesar de ello, en el mundo no se ha logrado construir una propuesta distinta a las elecciones democráticas para conformar gobiernos, que resulten igual de estables para el traspaso de poder.

Lo realmente complicado sería no poder remover a través de estos mecanismos institucionales a partidos o políticos que lo merezcan como se da en algunos países de nuestro continente y otras regiones del mundo. Mucho se habla de los riesgos que uno u otro candidato podría suponer para la estabilidad nacional (discurso que se da en muchas democracias como en EEUU, España, etcétera), pero el riesgo real seíia que una vez cualquier persona llegue a la Presidencia no pudiera ser removida una vez terminado su periodo, pudiendo optar por cualquiera de sus oposiciones esperando que hicieran un mejor trabajo.

Muy claramente desde las elecciones locales de 2010, las alianzas entre PAN-PRD, por ejemplo, buscaban generar las alternancias a nivel local con el fin de, una vez removidas las élites locales del partido que durante décadas había gobernado pudiera renovarse, librarse de algunos de sus vicios y liberar a las instituciones que deberían ser autónomas en un contexto democrático de la influencia de un partido. Algo parecido pasó en el año 2000, y cada quien podrá evaluar si aquello se ha logrado o no en los casos en que la oposición ha logrado alternancias gracias a esta fórmula, que sigue estando vigente y parece que seguirá.

Pero, tanto la factibilidad de llevar a cabo esas alternancias, como la de mantener a un partido en el gobierno si se considera que está haciendo un buen trabajo y no habría porque quitarlos, depende total y absolutamente de nosotros, los electores. Motivaciones para votar por un candidato u otra hay muchísimos, y todos igual de válidos, pero lo importante es votar; y no solo como parte de un discurso de ciudadanía romántico de ser parte como un grano de arena en una playa, sino realmente para sentirse parte de la vida política de nuestro país. Es muy fácil criticar a tal o cual político por no hacer el trabajo que esperamos de él, pero igual de censurable debería ser no ejercer el derecho del voto, que tanto nos ha costado conseguir, sin una razón realmente de peso que lo respalde, como podrían ser la fe religiosa que no permite participar de los mismos o el abstencionismo como medida de manifestación.

Muchos se señaló cuando el Brexit que la falta de participación de los jóvenes, quienes de hecho serían más afectados por la salida de la Unión Europea decantaron buena parte de la balanza, motivados quizá por ese sentimiento de desencanto y descrédito de la política en las democracias actuales. Puede que en las elecciones de este año en nuestro país, donde las hay, no se tomen decisiones tan específicas y trascendentales como aquella, pero no deja de ser menos importante, cuando se elige quién encabezará tu ayuntamiento, donde vives tu día a día y cuyas decisiones te impactan más directamente que ninguna otras.

Sí, los sistemas democráticos actuales nos han quedado a deber en muchos temas, demasiadas voces no se escuchan y los problemas de desigualdad persisten y se han magnificado en algunos casos, pero de momento no tenemos otra forma directa en la conformación de gobiernos y agendas políticas que las elecciones, y el posterior seguimiento a manera de rendición de cuentas de quienes resultan electos. El desinterés en la política no arregla los problemas anteriores, y si bien ir y depositar nuestro voto tampoco lo hace de forma directa, al menos nos hace partícipes del camino que seguimos construyendo, y puede generar cambios favorables que a la larga puedan resolverlos en cierta medida.


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