El verdadero rostro de los millennials

Por Alejandro Rafael Lima

Mucho se ha dicho sobre lo que es la generación millennial; sin embargo, poco se ha dicho sobre lo que no somos. Robustamente, nuestra generación ha sido etiquetada como aquella que sufrió el tránsito de siglo a la vez que el tránsito a la vida adulta; como aquella generación de la era digital y tecnológica; aquella con un alto grado de escolaridad, pero con precariedad laboral e inestabilidad economía. Gran parte de esta conceptualización puede ser concedida. No obstante, considero que se debe precisar lo que se dice de nuestra identidad: esta generación también ha sido entendida como apática a la política y reticente a lo religioso; ensimismada – se le suele decir generación boomerang por la tendencia a volver a casa de los padres-  y egoísta – porque no están dispuestos a tener un empleo mal pagado para formar patrimonio-; como la generación preocupada sólo por “vivir” y por el estilo de vida. En este pequeño escrito me propongo rebatir esta connotación negativa sobre la identidad millennial y defender un rostro distinto al propagado comúnmente.

Sin duda existe cierta apatía a la práctica política en nuestro país. Pero tal postura no es única de nuestra generación, sino que, tristemente, es generalizada a la población sin discriminar. La queja particular de nuestra generación se debe más bien a la forma de cómo hacer política. Esta generación rechaza la forma “tradicional” de hacer política, pero no es apolítica. Más bien nuestra generación busca alternativas que fomenten la horizontalidad de la práctica política (democracia real) y empatía entre políticos y ciudadanos. Paradigma de lo anterior es Pedro Kumamoto quien surge desde la sociedad civil organizada, el cual nuestra generación lo tiene como ejemplo del buen político. De acuerdo al Índice Nacional de Participación Juvenil 2016 la participación juvenil en dependencias de gobierno y partidos políticos en México (donde 2 de cada 10 involucrados son jóvenes) contrasta considerablemente con la participación en organizaciones de la sociedad civil (donde 4 de cada 10) y  colectivos (donde 8 de cada 10 involucrados son jóvenes). Creo que esto rebate la afirmación de la apatía de la generación hacia la política. Una característica muy particular de esta nueva forma de hacer política es su relación con las redes sociales.

Algo similar sucede con la religión: muchos jóvenes actualmente no profesan una religión en particular y muchos aún son católicos, pero con matices muy particulares. La mayoría católicos son muy distintos a sus antecesores de hace medio siglo: consideran que los representantes de la iglesia son falibles y condenan sus crimines cuando los comenten, usan métodos anticonceptivos sin considerarlo un “pecado”, fomentan la igualdad de género y hay una tendencia a la aceptación de matrimonios de personas del mismo sexo. Por otro lado, los jóvenes que no profesan una religión en particular no dejan de ser personas espirituales: hay una fuerte tendencia de las personas jóvenes a las prácticas de meditación, se fomenta el respeto a la Madre Tierra y muchos creen en una deidad impersonal. Sin embargo, ya no vemos a este mundo como un tránsito hacia otro mejor. Pero tampoco estamos en una nueva era de la racionalidad, claro ejemplo es la tendencia New Age, pero eso es tema aparte.

Un claro contraejemplo al carácter egoísta de esta generación ha sido la reacción ante los sismos acaecidos este 7 y 19 de septiembre donde los jóvenes fueron (y siguen siendo) actores relevantes para brindar ayudar. Estos jóvenes ensimismados y egoístas fueron los primeros rescatistas, los reporteros, los organizadores de centros de acopio, los observadores sobre la justa repartición de víveres, han sido los exigentes de una respuesta eficaz por parte del gobierno, organizadores de brigadas, donando bienes, prestando sus servicios, etcétera largo. Nuestra generación no ha escatimado esfuerzo alguno por el prójimo.  Esta línea nos lleva al siguiente punto que quiero aclarar: la atribuida preocupación por el sólo vivir y el estilo de vida. Después de los sismos vimos que la preocupación no era exclusiva a las vidas humanas, sino que también se abrieron centros de acopio y atención para animales. Esta generación está preocupada por los derechos de los animales y el medio ambiente en general. Creo que esta generación propone y practica una manera distinta de vivir porque la manera del sistema propuesto ha fracasado. Hoy en día el número de personas vegetarianas y veganas se ha incrementado; muchos jóvenes se dedican a la defensa de los derechos de los animales y al cuidados del medio ambiente. Esto indica que esta generación está preocupada por el futuro del planeta y de la población, promoviendo que el futuro sea lo mejor posible para las generaciones venideras. Además no sólo es la preocupación por las condiciones medio ambientales, materiales, de las venideras generaciones, sino también de las condiciones de la realidad social. Esta generación trata de erradicar la discriminación por preferencias sexuales, raciales, étnicas y físicas. Es decir, sí existe una preocupación por el vivir y un estilo de vida, pero no es egoísta e inmediata, sino es una propuesta alternativa de vida presente y futura que contempla más y nuevos actores (personas sin importar género, preferencia sexual, condición socioeconómica, etc.) y factores (las nuevas formas de comunicación, la tecnología, el cambio climático, etc.).


Imagen: http://www.estilodf.tv/noticias/el-mito-de-los-millennials-que-termino-con-el-sismo-en-mexico/

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