El velo y la mirada

Por Tristan Chavero

 

Dentro de la cosmovisión que tenemos sobre el Islam, un tema en especial ha gozado de una amplia difusión y generado una gran controversia: la situación de la mujer en las sociedades musulmanas. Los distintos estudios que hasta la fecha se han realizado sobre este tema, tienden a caracterizar a la mujer musulmana como un ser subyugado, sujeto a códigos legales y tradicionales, entre ellos, el sometimiento al velo como vestimenta obligatoria.

El problema de todos estos estudios, sin embargo, es que responden a una visión estereotipada, fundada más sobre los prejuicios que sobre un conocimiento verdadero, en donde la doctrina islámica es vista como el factor principal del papel de la mujer; Esta imagen no es nueva. Si bien el Islam ha sido un punto obligado de referencia a través de la historia, ésta se ha realizado basándose invariablemente en una visión eurocéntrica en la cual, el mundo musulmán pasa a un lugar secundario.

Lo polémico y controversial del Islam, y del velo en particular, es que tiene muchas caras, esto es, el poder ser interpretado de diversas e inclusive opuestas maneras, al ser utilizado como símbolo de identidad, instrumento político movilizador e incluso de legitimidad para cualquier tipo de proyecto.

El Islamismo no es monolítico, hay muchos Islamismos. No es lo mismo el Islam de Arabia Saudí que el de Malasia; el de Afganistán que el de Palestina. El mundo islámico comprende diversas sociedades y pueblos con distintas formaciones estatales y de clase. La situación de la mujer musulmana, por tanto, es diferente en cada país y también al interior de cada sociedad de acuerdo a la clase social a la que pertenece, grado de urbanización y nivel de desarrollo económico alcanzado.

Es aquí donde el velo se ha convertido en un símbolo de la feminidad en una sociedad de corte patriarcal, donde queda establecido la separación de lo público y lo privado. El velo en el mundo musulmán no se trata de una prenda meramente de vestimenta o de una suerte de coqueteo bajo la lógica de una moda, el velo lleva una doble connotación; primeramente es un mensaje de un movimiento religioso en términos fundamentalistas, y por otro lado, muestra la condición de la mujer que reafirma su propia identidad.

El velo es así, una práctica designada a esconder primeramente, la cara de una mujer, pero algunas veces, es también utilizado para esconder todo su cuerpo. En un extremo, ninguna parte del cuerpo de la mujer es visible, además de sus ojos. Esta práctica ha existido en varias formas alrededor de varias civilizaciones y culturas, tales como la antigua Mesopotamia, el antiguo Egipto, el Imperio Bizantino, sistemas Judea-Cristianos y las sociedades musulmanas.

El velo no sólo juega un papel de importancia en la religión del Islam; en el cristianismo, una de las interpretaciones del velo en la mujer convertida en esposa significa demostrar estar bajo la autoridad de su esposo y en sumisión a Dios. Actualmente, sigue en el judeo-cristianismo, formando parte del ritual del matrimonio y la profesión religiosa.

Por otro lado, el velo en el Islam tiene su origen en los versículos del Corán, los cuales muestran claramente la finalidad original del velo y nos introducen al papel de la mirada: sustraer de las miradas de los hombres a las mujeres del profeta en particular, y a las mujeres creyentes en general, sepáralas del resto del mundo por medio de una cortina “hijab”. En efecto, una de las denominaciones más comunes al velo es el hijab, el cual tiene como significado la propia mirada, pues deriva de la raíz del verbo “bagada”, “sustraer a la mirada”.

Una interpretación moderna de los versos anteriormente citados en torno al velo, señala que la mujer únicamente debe vestirse dignamente para evitar ser humillada. Sin embargo, el vestido digno no debería significar cubrir todo el cuerpo. Pero una vez más, es aquí donde entra la interpretación de cada uno de los creyentes, de acuerdo a su contexto histórico y socio-cultural.

El Islam no niega la sexualidad en términos que nosotros asociados con religiones como el judeo-cristianismo, el Islam juega con la libido, supervisando la sexualidad femenina, al contrario, el Corán por ejemplo, describe al paraíso como “un lugar lleno de placer y orgasmo permanente”, esto es una acertada parábola de las obsesiones sexuales de una sociedad compuesta por varones, en la que la mujer es considerada principalmente, como un ser dotado de sexo y como objeto de placer” (Erdmute 1995).

Generalmente, se tiene la tentación de comprender el hijab como un elemento convencional de la ropa, que funciona únicamente en el nivel del orden simbólico, es decir, como un significante de un significado que se constituye a través de su relación diferencial con otros significantes, en particular, de otros artículos de prendas desvestir. No obstante, la idea de que la mujer es desterrada de la sexualidad es una idea contraria al Islam, al contrario de lo que se cree en occidente, la mujer tiene un puesto privilegiado respecto a la sexualidad.

Debemos entender que en el uso del velo no existe sólo una postura respecto al hijab, en muchos casos, se trata de un asunto de elección y convicción, en otros, una obligación religiosa indisputable y símbolo de una profundidad de la convicción religiosa. Así mismo, la experiencia de usar el velo tiene un significado político y simbólico para cada una de las ramificaciones del Islam en el ámbito secular.

La retórica actual de algunos gobiernos y posturas políticas en occidente sobre la certeza de la liberación de la mujer al quitar el velo, es llevada por una serie de estereotipos e ideas erróneas sobre el papel del velo, lo cual evidencia la falta de comprensión, no del velo, sino de una cosmovisión totalmente distinta al eurocentrismo del que somos herederos.


Imagen: http://gossipinsideyourcloset.blogspot.mx/2013/12/moda-bajo-la-mirada-del-velo-ficcion-o.html

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