El subcomandante Galeano: entre la realidad y el olvido

Por Erick Alberto Rodríguez

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”

Salvador Allende

La primera vez que vi al subcomandante Marcos fue en el mes de abril del 2006. Nos hizo una visita en el CCH-Naucalpan. Realmente fue impactante tenerlo a unos metros de mí, se sentó en una mesa justo en la explanada principal. Sus palabras hicieron eco en todos nosotros. Vitoreamos sus ideas y las hicimos nuestras. Ese día acudió para convocarnos para manifestarnos en contra del  gobierno en turno, el cual estaba por concluir. El discurso del sub Marcos fue demasiado extenso. No obstante, hubo cosas que hice mías: “Desde abajo es donde se cambian las cosas y es desde abajo donde se hace la historia”.

Poco después trate de seguirle la pista a aquel insurgente que naciera el 1 de enero de 1994; no tarde en darme cuenta que Marcos es, fue y será un  viajero en el tiempo. Aparece cuando encuentra las condiciones aptas para renacer. Para estar en el centro de las cámaras. ¿Ha sido trascendental su papel en la historia de México? Creo que las respuestas generarían opiniones encontradas. Sin embargo, hay una cosa que puedo asegurar al respecto: para conocer al subcomandante Marcos/Galeano (o como quiera llamarse) es necesario conocerlo en su territorio. No basta con leer las notas de enlace zapatista, o leer los artículos  que publican los diferentes medios acerca de sus acciones. Es imprescindible ir a los altos de Chiapas a buscarlo. Como cualquier otra especie, tienes que observarlo en su ambiente para terminar de comprenderlo. ¿Por qué? Creo que la respuesta está en observar y entender lo que Marcos y compañía han logrado hacer en las comunidades zapatistas: la educación en las escuelitas zapatistas, la organización de los indígenas, la forma de vida en general de la comunidad, la oportunidad de elegir que hacer y qué no hacer en su territorio, etc. Esto, considero, es el verdadero aporte de Marcos a nuestra historia: la oportunidad de conocer y vivir una realidad distinta a la nuestra.

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Foto 1. “Construye mundos diferentes donde quepan muchos mundos” mural de la escuela primaria rebelde autónoma zapatista en Oventic, Chiapas.

Hace unos días me volví a topar con este mítico personaje. Esta vez fue en   Oventic Chiapas, donde se realizó un homenaje al escritor Luis Villoro Toranzo y al maestro Galeano. Existe una falsa creencia de que el subcomandante Marcos tomó el nombre de Galeano debido al escritor uruguayo recientemente fallecido. El verdadero origen de su nuevo nombre es en honor a la muerte de uno de los profesores de las escuelas zapatistas, quien fue asesinado el año pasado.

Este homenaje estuvo acompañado por el escritor Juan Villoro, hijo de Luis Villoro Toranzo. Para sorpresa de todos, Marcos hizo un regalo póstumo a la familia de Villoro Toranzo, les narró como “Don Luis” acudió con él para enlistarse en el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El mismo Don Luis Villoro le pidió a Marcos que guardara esa anécdota para después de su muerte. Para muchos quizás sea inconcebible que Luis Villoro, Premio Nacional de Ciencias y Artes y catedrático emérito de la UNAM haya sido en vida un integrante del EZLN. No obstante, cuando se tiene una vida entregada a la defensa de las diferentes  culturas en México no se puede vivir de otra forma que no sea viviendo bajo los ideales de las comunidades zapatistas. El subcomandante Galeano reconoció la ayuda de Don Luis y su visión crítica que proporcionó al movimiento internamente, en las bases teóricas y organizativas del mismo.

Juan Villoro, hijo del filósofo, compartió una anécdota especial que vivió con su padre en su infancia: recordó que solía jugar a “las carreritas con su papá” y que Don Luis siempre lo dejaba ganar. Juan a los cinco años ganaba todas las carreras: “Naturalmente yo pensaba que era absolutamente veloz, invencible, nunca me iba alcanzar mi padre. Tiempo después entendería que él me dejaba ganar. Si ustedes me preguntaran ¿qué puede definir una familia? ¿Qué imagen capta esta moral? Seria precisamente esa, todos corren y gana el más pequeño, gana el más frágil, gana el más débil y me parece que esa es la principal enseñanza que nos ha traído el zapatismo. Vamos a caminar, vamos a correr para que llegue primero no el más poderoso, no el más rico, no el más fuerte, no el que tenga más armas, va a llegar primero el más pequeño…”

Seguramente el subcomandante Galeano ya no volverá a ser aquel insurgente que avivó las ideas revolucionarias en 1994. Sin embargo, su legado sigue vivo allá en los altos de Chiapas. Esperando a todo aquel que quiera conocer una realidad diferente a la que se vive en gran parte del país. Una realidad que nos permita creer que se pueden hacer mejor las cosas.

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