¿El regreso de la tecnocracia a México?

Por Aarón Rojas

Ya desde hace días se esperaba lo que en México conocemos como el “destape”. Ritual que casi cumple los 80 años y que consiste básicamente en que el jefe del ejecutivo mexicano o el presidente del partido destapa al predilecto para la candidatura presidencial mexicana por parte del partido oficialista.

Podrá haber muchos que quieran el puesto, pero solo el destapado es quien va a quedar, pues cuenta con la gracia y apoyo de todo el partido, quienes lo encumbran y reconocen como su líder.

La noticia subió de nivel una vez que se comenzaban a perfilar los personajes que querían representar al viejo y podrido partido en la carrera por la “grande”.

Luego de los temblores que acaecieron en suelo mexicano, la popularidad y aceptación del gobierno, y por tanto del partido, subieron como la espuma.

Siendo natural entonces que varios buscaran ser los abanderados ahora que era fácil. Sin embargo, el presidente ya había tomado una decisión, que cambiaría por completo el panorama.

Sin embargo, sorprendió la descripción cuando al que se decidió abanderar fue un hombre que tenía dos cosas. La primera es que no milita en el partido, solo trabaja para el gobierno federal, (cabe destacar que lo ha hecho también en gobiernos de oposición) y la segunda es que el señor goza de una amplia aceptación y trabajo inmaculado luego de 20 años de trabajar en el sector gubernamental, lo cual es algo de destacarse hoy en día.

Uno de los puntos que más llama la atención es que hayan postulado a un personaje que académicamente es muy destacado, cosa que poco se había visto en la política mexicana a excepción del expresidente Calderón. Pero por mucho este hombre, que se ha reusado a afiliarse, sobrepasa lo previamente establecido.

Todo ello, aunado a la creciente popularidad de un personaje que al que no tienen con que pegarle y que el partido por el que ha decidido ser abanderado ha estado en constante crecimiento de aceptación, nos hace pensar que podría ser el próximo primer mandatario mexicano.

Así pues, de confirmarse lo anterior nuevamente pasarían 2 cosas. La primera es que la izquierda perdería por cuarta vez consecutiva con el mismo candidato que ha postulado desde hace 18 años, lo que causaría un gran alivio a aquellos que respetamos y amamos a México. La segunda es un poco más complicada de explicar y de entender; lo primero es que, aunque seguía el mismo partido en el Poder el candidato sería quien daría una vuelta de 180°, al ser un experto en finanzas y quien ha propuesto caminar a lado de los mexicanos y hacer de México una potencia.

Entonces no se estaría votando por un partido, por primera vez en más de 50 años, sino por una persona. Que ha demostrado obrar con virtud y honradez. Que ha obrado por escoger un partido solo por ser conveniente políticamente.

Lo que llevaría a algo que, igualmente, no se ha visto en México desde hace por lo menos 40 años. La presencia de expertos o tecnócratas al frente del Estado mexicano. Esto en medio de una crisis social, política y económica sin precedentes en el país latino.

En México ha habido dos etapas donde han gobernado los tecnócratas, ambas han sido en momentos de un fuerte crecimiento económico, mismo que ha permitido hacer de dicho país el más importante de la América Latina y uno de los 20 más importantes en el mundo.

La primera vez que hubo un gobierno donde predominó la tecnocracia fue en la maravillosa “Era Porfiriana”, donde se dio a conocer al mundo un país que era algo más que solo folklore exótico, sino uno que avanzaba a pasos agigantados, progreso que fue interrumpido por la desastrosa revolución.

Luego de calmados los ánimos y calmados los ánimos rebeldes revolucionarios, en pleno auge de la segunda guerra mundial, México se vio beneficiado por el llamado “Milagro mexicano”. Una vez que la guerra se acabó y con ello los borbotones de dinero, se tuvo que administrar las reservas que se tenían, fue este momento el segundo donde los tecnócratas ocuparon las sillas gubernamentales.

Así entonces, la tecnocracia ha tenido buenos frutos en el México moderno y actual, por lo tanto, no sería del todo descabellado el pensar que quien ocupe la “Silla del Águila” buscaría hacerse de un gabinete a la altura de su proyecto. Pues ha prometido elevar a México a lo más alto y para esa tarea necesitaría de las personas más capacitadas en los puestos estratégicos más importantes.

No se debe perder de vista que a pesar de ser uno de los mejores candidatos que ha habido en México en muchos años, el partido que lo postula es uno de los que se ha encargado de hundirá a México en las peores desgracias de todo tipo.

Y para lograr hacer efectiva su promesa de sacar a México del atolladero en que se encuentra deberá enfrentarse a una Institución enquistada en dicho País, que le estorbará al momento de querer atacar la corrupción y desinfectar dicha Nación.

Esa será una de las labores más importantes a las que deberá enfrentarse si gana la presidencia, pero aunado a eso, sin duda es una opción de verdadero cambio en la situación que se enfrenta en este momento México.


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