El problema del control cultural

Por Brandon Ramírez

 

Se está volviendo habitual (o al menos es más notorio mediáticamente por el contexto mundial) que prácticamente cada semana hay un acto terrorista en Europa o medio oriente asociado a extremismo religioso. En este punto vincularlos así, aunque puedan ser razones más políticas o culturales, es casi inevitables.

En el fondo, todo intento de imponer un sistema de creencias a personas a quienes les resultan prácticas ajenas, puede considerarse una forma de control cultural. Hace algunos siglos eran otras religiones las que cometían asesinatos o destrucción de distintas formas de cultura (prohibiendo o quemando libros, por ejemplo) en nombre un conjunto de ideas a las que se aferraban como una guía de vida.

Incluso, en nuestro continente, en los años de la conquista europea, se vivió este tipo de dominación, buscando cambiar las creencias de quienes aquí vivían por otras “verdaderas” o que resultaban más convenientes para sus intereses. Evidentemente, de uno y otro lado, los otros eran vistos como salvajes carentes de un entendimiento certero del mundo que les rodeaba.

Sobre esta idea del control cultural, y la imposición de un sistema de creencias y de vida a otros, hay muchos trabajos. A la mente me viene la obra “Pensar nuestra cultura”, de Guillermo Bonfil, del que no está de más reproducir algunas de sus ideas:

Partiendo de la idea de que los procesos de dominación e imposición cultural han estado presentes en buena parte de la historia de la humanidad, Bonfil propone un esquema de análisis basado en el estudio de patrones específicos de comportamiento, determinando cuál es su naturaleza, tomando como enfoque lo que acontece desde la perspectiva del sector social que es dominado.

Una de las categorías de análisis que propone y utiliza es la de los elementos culturales. De forma muy resumida, nos dice que son los recursos que un grupo social utiliza para efectuar las acciones que dan sentido a su vida cotidiana. Identifica cinco clases de estos elementos, las cuales son: materiales, de organización, de conocimiento, simbólicos y emotivos. Los materiales son los recursos naturales o artificiales que la sociedad encuentra asequibles; los de organización tienen que ver con las relaciones sociales sistematizadas que generan algún tipo de participación. Los elementos de conocimiento se refieren a las experiencias y vivencias, así como la capacidad de innovación y creativas en general; los simbólicos tienen que ver con códigos de comunicación y lenguajes simbólicos en general (por ejemplo, los rituales, tradiciones y ceremonias que diversas sociedades tenemos). Por último, los emotivos son el conjunto de valores, sentimientos, motivaciones, etcétera, que comparte el “todo” social.

Bonfil hace además una precisión constante que me parece pertinente retomar, y es que en lo referido al control cultural, no se habla de individuos aislados, ni pueden entenderse desde una perspectiva individual, ya que son procesos sociales, y como tales, deben entenderse en plural, siempre considerando el factor social: el nosotros y nuestro sobre el yo y mío. En última instancia, todo miembro de una sociedad ha pasado por un proceso de socialización que lo da ese sentido de pertenencia, y es más o menos compartido por quienes le rodean, si bien puede haber variaciones en sociedades multiculturales, como lo son cada vez más la mayor parte de países y regiones.

Para Bonfil, este proceso de dominación cultural puede desembocar en distintos tipos de formaciones sociales, ya sea que una se imponga y tienda a eliminar la mayor parte de la otra, que una adopte “las nuevas” formas de vida, pero adaptándolas a sus tradiciones, como sería el uso de armas que les eran desconocidas para sus propios propósitos, o las nuevas herramientas o alimentos. Todo ello con una amplia gama de matices

La imposición cultural actualmente es más sutil que antes, aunque con mayor alcance dentro de la globalización. Resulta difícil pensar que a través de las armas pueda lograrse, como ocurrió en nuestros países, o en muchos otros, en el apogeo de los imperios europeos y orientales. Indudablemente tendemos a un mundo cada vez más “unificado”, bajo las ideas asociadas a los derechos humanos y todo lo que ello implica (si bien no deja de ser una visión cultural que ha logrado cada vez más imponerse como hegemónica), pero al ser esta un resultado específico de una cultura, no resulta extraño que existan sociedades que las rechacen y busquen mantener la suya propia.

Es algo que supongo que ninguno de nosotros, contemporáneos, veremos realizarse plenamente, pero creo que, a la larga, gracias al mundo cada vez más globalizado, la existencia de una sólo cultura (con expresiones marginales contraculturales y reivindicativas propias) será una realidad, y mezclara elementos de aquellas que hoy día parecen rechazarse mutuamente. Por el tamaña de la población actual, y la capacidad de destrucción de las armas existentes en el mundo, es difícil pensar que alguna se imponga por las armas a las otras, y más bien seguirá construyéndose gracias a las redes de interconexión actuales, que se dan principalmente en medios que, como este, son posibles gracias a internet.


Imagen: http://definicion.mx/wp-content/uploads/2013/08/Cultura.png

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