El positivismo en tiempo político

Por Jimena Cerón

 

En la actualidad, José Vasconcelos es una de las personas mayormente reconocidas si de educación y cultura mexicana hablamos: el porqué, el positivismo, la razón y no estar de acuerdo. El positivismo, filosofía que pretende tener un valor universal a través de la experiencia comprobada, es el único medio de conocimiento. En México después de ser representada y puesta en marcha esta doctrina por quienes querían derrocar a los llamados jacobinos y religiosos, hasta el momento en que una generación de intelectuales denominada el “Ateneo de la Juventud”, comenzó a luchar por una nueva forma de sentir la vida.

El positivismo fue traído a México para resolver una serie de problemas sociales y políticos, y no solamente para ser discutido políticamente. Durante treinta años los positivistas colaboraron en la obra política de Porfirio Díaz, convirtiendo al país en un México estancado, sí con una creciente industrialización pero con un estancamiento intelectual que sólo era prudente si de perseverar el bienestar económico de este grupo se tretaba. De una era de lucha, de transformaciones, de ideales, se pasaba a una era de conformismos, de mediocridades y retrocesos, según Leopoldo Zea.

Con una doctrina filosófica puesta a merced de un grupo político, las complicaciones y diferencias sociales se veían más puntualizadas, pues hacía ver que de forma casi sagrada estaban obligados todos los demás adeptos a ser sometidos y explotados. Si bien, no se puede culpar abiertamente (y sería irresponsable hacerlo) a una doctrina filosófica meramente teórica o práctica, lo que en 1987 parecía ser una propuesta a solución de varios rezagos sociales, fomentado por un grupo de políticos autodenominados “científicos” entre ellos Gabino Barreda quien trajo a México la filosofía de Augusto Comte, años después el Ateneo de la Juventud la visualiza como el meollo de los problemas en su presente más arraigados. “No hay orden sin progreso, ni progreso sin orden” tesis general de Comte que fue adaptada a la circunstancia mexicana revolucionaria, y justo ahí es donde cabe la contradicción a la idea revolucionaria de una libertad sin límites pues Comte la contrapuso con una libertad ordenada así mismo con la idea de igualdad al pretender establecer una jerarquía social.

Justo Sierra y Melchor Ocampo, son parte de los grandes transformadores sociales de aquella época. Se trataba de una nueva era, en la cual el orden político venía a sustituir al orden teológico y al desorden metafísico. Algo hay que agradecer de esta cuestión mexicana, durante el mandato de Benito Juárez se separó a la educación básica de la educación religiosa, por tanto, se instruyó una nueva educación que a la larga orilló a un estancamiento, el positivismo, pero que estuvo centrada en mostrar a los mexicanos la necesidad de emanciparse de una religión que en vez de servir a los intereses de la sociedad en general, servía a los intereses de un grupo en particular. El clero – decían – no debe tener más poder que el espiritual; su misión es la de dirigir y salvar las armas, pero no intervenir como fuerza material en la vida cívica, en el orden material.

La clase burguesa, a la cual bautizó Justo Sierra, dio a bien la paz y el orden del Porfiriato, implementada la ideología desde la educación básica, se construyó una ideología que en vez de ser impuesta a través de represión y opresión, se enseñó de manera paulatina hasta que se convirtió en un pensar “aceptado”, previo claro a la llamada Revolución Mexicana. Fue un intento de la planificación de los pensamientos de todos los mexicanos.

Hablando de libertad, ésta estaba dada, pero con una premisa, podías ser jacobino, católico o lo que te pareciera mejor pero no podías alterar el orden material haciendo uso de alguna de ellas, para eso solo era libre de actuar el positivismo. El pensar en erradicar las grandes riquezas o mejor dicho las desigualdades en torno a las diferencias sociales de la época era una especie de atentado contra el país pues como sustentaba Barreda, esto era una especie de atentado contra el Gobierno que había construido, o mejor dicho, reconstruido el país tras la Independencia de México.

Si bien es necesario entender que existe una diferencia entre individuos o bien entre clases sociales, es necesario puntualizar que las relaciones humanas no tienen que ver con la acumulación de riquezas si hacer diferencias o denotaciones en importancia de neceser. Es por eso que la sociología hace una diferencia con la biología para la explicación de las cuestiones orgánicas de los cambios sociales.

El Ateneo de la Juventud, conformado por Antonio Caso, Max Henríquez Ureña, Genaro Fernández McGregor, Isidro Fabela, Rubén Valenti, entre otros; fueron quienes se dispusieron a crear una conciencia hacia la educación, la transformación y el verdadero progreso, se dieron a través de la innovación en la construcción de las reformas sociales, mismas que hoy en día se llevan a cabo a través de nuestro presidente Enrique Peña Nieto, por eso es que el no conjugar con lo que algunos piensan como verdadero y única opción hace siempre la diferencia.

“Diferir es ser. Quien no respeta las diferencias, pretende unificar todas las esencias, niega el ser, sobre todo el ser personal.” (Antonio Caso)


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