El poder de la información

Por Mauricio Rodríguez

La información es poder si se usa con rapidez y eficacia.”
Katherine Neville

La información debe transformarse emergentemente en un instrumento social, pues en el pasado era una herramienta en manos de los poderosos. Pero lamentablemente hoy es libre y la rechazamos, lo hacemos cada vez que no investigamos, cada vez que la utilizamos en exceso para divertirnos y no para informarnos.

Prueba de ello es que hoy en día es necesario preguntar ¿qué sabemos de nuestro país, de nuestro estado o de nuestra ciudad? Me atrevo a afirmar que muchas de las personas no saben siquiera el nombre de los personajes que dieron patria a nuestra nación, la razón por la cual su estado se llama de tal manera o cómo está conformado, que cultura predominaba en su región o que costumbres permean aun hoy en día, esa realidad es la que nos aqueja, nos estremece y nos hace cuestionarnos la manera en la que vivimos.

Pero esa realidad es la que nadie observa, parecemos estar más cercanos e informados pero tal vez es el momento en el que paradójicamente con respecto a la conexión global estamos más desarticulados y desinformados, cada vez hablamos menos y escribimos más, el hecho es que no está mal escribir, no está mal expresarse en lo que hoy llamamos redes sociales; lo que está mal es no trascender más allá del activismo en un área en donde gritamos y nadie escucha, salvo aquello que les conviene. Por lo cual la sociedad como ente colectivo no existe más, ¡se cae a pedazos! Es por eso que cuando se requiere, esta colectividad sale a las calles a expresar lo que otros gestaron, lo que otros sí atienden, parece que realmente el exceso de información causa ceguera temporal en las personas, en donde se atiende con más fervor una propuesta a favor de lo ya perdido que es la comunidad.

Sin embargo nadie parece interesado en proponer soluciones para su localidad, más bien simplemente se critica lo desconocido, lo que es minoritario. Hoy en día parece peligroso pensar diferente al resto o peor aún, actuar diferente y no es que no lo fuera antes sino que ahora el odio, la frustración y los oídos sordos de los encargados en atender tales cuestiones que se tornan en polémicas graves, permanecen de esa manera. Por lo tanto la sociedad debe tender a exigir pero también a colaborar informándose y actuando con sus mandatarios para resolver los problemas que aluden a la generalidad.

Lo anterior corresponde claramente a la ignorancia voluntaria de las necesidades, y de los mecanismos que la sociedad tiene para actuar en un marco legal de exigencia, como lo es la ley de participación ciudadana. De tal manera que hoy el mundo parece ser dirigido por nuestra ignorancia o lo que sería según la percepción de Giovanni Sartori en su libro Homo Videns, por un exceso de información que no empodera a la sociedad para tener una opinión libre, más bien la aglutina en un estado estático que genera la inatención de lo realmente importante, generando así la discrepancia hoy determinada por el sin rumbo de nuestro actuar. Ese sin rumbo es la centralización de la voluntad en las tecnologías de la información, que han provocado sin duda un progreso total pero también un sesgo en la manera por la cual el ser humano abstraía la opinión y la simbolizaba para entender el estado de las cosas.

No sólo eso ha traído de consecuencia las nuevas formas de comunicarnos, otra aún más importante es la híper-individualización, pues cuando hablamos de problemas lo hacemos sin salir de nuestras casas, lo hacemos a través de una computadora, sesgando la manera por la cual deberíamos aglutinarnos para resolver los problemas comunitarios, nos aferramos a la esperanza de que alguien más nos rescatará, y por lo tanto, perdemos el poder que nos pertenece y simplemente existe esporádicamente en las elecciones, o peor aún, también lo negamos pervirtiendo aún más los supuestos valores democráticos de nuestra nación. Pues si utilizáramos la información y volteáramos a la historia simplemente de esa manera reaccionaríamos, pues hubo gente que luchó por lo que hoy existe, pero simplemente rechazamos esa opción de hacer efectivo nuestro poder por la comodidad de nuestros sillones o la comodidad de nuestras vidas, designando la culpa a un tercero sin vernos al espejo ningún día.

Finalmente enajenamos nuestra capacidad de actuar por el exceso de ruido, de luz y de atomización social que la información y su tecnología nos ha traído, pero que más allá de culpar a un ente abstracto hemos decidido que tal cosa nos dirija, un día Nietzsche mató a Dios, hoy lo resucitamos y lo nombramos información, a su sombra vivimos pero la pregunta es: ¿Cómo lo asesinaremos y que forma tomará de nuevo?


Imagen: http://cdn.educa.net/img_destacados/l/Uf1780-Investigacion-Y-Recogida-De-Informacion-De-Mercados-Online.jpg

Comentarios

Comentarios