El poder de cambiar

Por Arturo Castañeda Fernández

Estamos a unos días de que se celebren las elecciones federales y locales en nuestro país, en las cuales se renovarán varios y distintos cargos de elección popular.

El proceso electoral comenzó desde el mes de octubre del año anterior, y con ello, en las pre-campañas y campañas, la propaganda, las promesas y los incentivos han comenzado a ser parte de la vida diaria; y lo seguirá siendo, cuando menos hasta la veda electoral, es decir hasta tres días antes de la elección.

Conforme se acerca el 1 de julio el ambiente comienza a sentirse más tenso. Es común que escuchemos más peleas, descalificaciones, ataques y reclamos, que soluciones, propuestas y cosas positivas. Mas que una contienda propositiva, parece una guerra entre intereses. Hecho que refleja lo grave que es la desunión y la lucha entre mexicanos. Algo está fallando dentro de la composición social de nuestra nación. No sólo se trata de preferencias políticas, hay algo de raíz que afecta en nuestra cohesión como país, y que tiene su origen en la falta de identidad, en la desigualdad, en la indiferencia, en la indolencia, en la mentalidad y, sobre todo, en el fanatismo.

Es común que veamos en estos tiempos como muchos fanáticos defienden por encima de todo (muchas veces cayendo en la irracionalidad, en la justificación o en lo absurdo), al candidato de su preferencia (sea de cualquier color o incluso sin partido) como si se tratara de alguien iluminado, de alguien perfecto que sólo tiene ventajas, virtudes y ningún defecto.

Mas aún si sumamos a los medios de comunicación que tienen preferencias por algún color. Estos medios, en lugar de informarnos objetiva, puntual y adecuadamente, buscan desinformarnos, dividirnos y manipularnos. Desafortunadamente, en varias ocasiones lo hacen, satanizando a algún candidato y martirizando a otro. Emplean a la sociedad como mero instrumento para favorecer que unos u otros lleguen al poder. Dañan nuestra conciencia, nuestra objetividad y facultad de raciocinio. Todo se convierte en un círculo vicioso que se repite cada tres y seis años.

El pueblo es utilizado y comprado con promesas, despensas, dinero y otras dádivas que se otorgan antes, durante y después de los procesos electorales. El sistema se aprovecha de las necesidades, de la ignorancia, de la esperanza y de la de la población. El ideal de democracia es empleado como sinónimo de acarreo, de compra, de amenaza, de aprovechamiento, en lugar de entenderse como el artículo 3 constitucional lo establece:

“…considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Tan sólo basta ver que últimamente, en la mayoría de las ocasiones, el éxito de las propuestas de los candidatos no radica en el mejoramiento, el avance o el progreso en la educación, en la ciencia, en la tecnología, en la salud o en otros rubros, sino en la entrega de cosas o dinero. Cada candidato trata de dar más que el otro, de entregar más cosas que su adversario sin pensar en la importancia del mejoramiento físico, mental, emocional, espiritual y social de cada mexicano.

Asimismo, es común que gente del medio artístico, deportistas y otras personas famosas, sean utilizadas para atraer votos dentro de las contiendas electorales. Y con ello no doy por hecho de que aquellos no tengan la capacidad para hacer un buen papel dentro del gobierno, pero es claro que son empleados no para favorecer la inclusión de la sociedad, sino para lograr la mayor cantidad de apoyo posible, independientemente de la preparación de cada candidato. Hemos sido testigos, en distintas ocasiones, cómo se emplean a estos personajes para ganar, y una vez alcanzado ese objetivo, se relegan, obligándolos a obedecer órdenes de quienes los impusieron.

Desde luego, también hay que decirlo, parte de la sociedad ha tenido culpa en todo ello por vender su voto, por permitir abusos, por dejarse manipular por los medios de comunicación y por no razonar su decisión electoral. La sociedad ha soportado, pero también ha sido cómplice de varias prácticas indebidas. Así que en sus manos está cambiar lo que el sistema ha establecido hasta ahora.

Necesitamos elevar la calidad del gobierno elevando nuestra calidad como ciudadanos, pues debemos recordar que el gobierno y el pueblo forman parte de un ente llamado Estado. El mejoramiento de uno traerá consigo el desarrollo del otro.

Dejemos de pensar que la solución está en algún color o en algún hombre. No deleguemos más nuestras responsabilidades. Tengamos disciplina para afrontar los obstáculos y vencer los problemas. Seamos críticos, creativos y conscientes de lo que vemos y escuchamos. Cumplamos nuestros deberes y después de ello exijamos nuestros derechos.

Recordemos algo: no importa quienes triunfen en las elecciones, no importa quién de los cuatro candidatos sea el próximo presidente, si nosotros no cambiamos como mexicanos, nunca progresaremos.

Nosotros, los mexicanos, tenemos el poder…


Imagen: http://desdeelring.com/Content/feed/1505919132/FuerzaMexico-DesdeElRing.jpg

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