El peligroso desastre que se avecina

Por Aarón Rojas

En los últimos meses, hemos sido testigos de la poderosa capacidad destructiva de diversos fenómenos naturales e inevitables hecatombes naturales que nos han llegado principalmente desde El Caribe, demostrando una poderosa capacidad destructiva, dejando a grandes y prósperas naciones reducidas a poco más que escombre, con gente hambrienta, necesitada de apoyo, fraternidad y empatía.

Aunque es bien sabido que nos encontramos en temporada de huracanes poco ha hecho el ser humano para prevenir destres, y mejor se ha dedicado a parecer los resultados de su falta de visión y prevención.

Esto, aunado a la poca capacidad de las autoridades en turno y al desinterés generalizado de la sociedad, hace que estos sean terriblemente destructivos, pero sin preocuparse por sentar bases para que esto ocurra año con año.

Se vive pues, en una etapa donde es más práctico sentir lástima o “empatía”, juntar víveres y solucionar los problemas, una vez que han pasado y arrasado con aquello que tanto trabajo nos constó construir. Enarbolamos la bandera de la unión, cuando pudo haber sido mucho más sencillo tomar el camino de la acción y la decisión.

Más vivir en una sociedad donde ha permeado el desinterés ya rindió sus frutos, lo hace cada que se azota un lugar por no actuar antes.

América, y hablando concretamente la América Latina, se caracteriza por este actuar comodino, que facilita el desastre y favorece la desunión, somos pues, incapaces de ver la desgracia. Aun cuando ésta se ve reflejada en nuestros vecinos o países hermanos.

Somos conscientes de lo que ocasionará la falta de medidas preventivas y a pesar de ello, preferimos jugar y ver de qué forma va a golpearnos la desgracia, o si somos capaces de sobrevivir a aquello que no sobrevivieron los demás.

Sin embargo, es necesario recordar que a pesar de  ello, existen desgracias que pueden evitarse, es decir, todas pueden ser evitadas, pero mucho de ello depende de aquellos dirigentes que se encuentren al frente, por ello es necesario saber elegir bien a los susodichos.

Tal vez sea esta la respuesta a muchas de las desgracias que han padecido los pueblos hermanos de América. Su falta de pericia para elegir a aquellas personas que navegan la nave mientras sucede un desastre o quienes la dirigen para evitar el mismo.

En ello entra mucho de lo que mencioné con anterioridad, empezando por la parte en la que somos incapaces de reconocer lo mal que la pasan, pasaron o están pasando los pueblos que eligieron mal, quienes se dejaron engañar por las apariencias y en aras de la visceralidad y el discurso del momento, permitieron que éstos, y no la razón, fueran quienes dirigieran su mano al momento de tachar la boleta electoral. Y en este momento, padecen las consecuencias de su falta de visión a largo plazo.

El ser humano es uno de los animales que poco o nada aprende de sus errores pasados e incluso es capaz de incurrir en ellos en reiteradas ocasiones, como si un dolor no fuese suficiente, quiere tal vez, experimentar si la siguiente pasan cosas diferente o resulta de una manera diferente. Además, no sabe ver en el error ajeno la posibilidad de aquello que pudiese pasarle a éste si continua por el mismo camino, segado por su testarudez, a veces por su odio o rencor, cree que aquellos que intentan aleccionarle no comprenden su deseo y decide continuar solo, hasta terminar en el mismo destino fatal que los demás.

Por poner algunos ejemplos de desastres que pudieron evitarse o que fueron ocasionados por la ceguera que acompaña al odio, podemos mencionar a nuestros hermanos de Cuba, quienes llevan décadas padeciendo el error de una revolución que terminó, como todos los movimientos alimentados de odio, convirtiéndose en un infierno en vida, en errores que terminaros institucionalizándose para dar paso a la represión y falta de los derechos más elementales.

Otro ejemplo bastante actual y muy vigente, es de los hermanos de la República de Venezuela, quienes, cegados por el odio y el resentimiento, decidieron confiar su futuro a un ser que pregonaba soluciones mágicas a problemas reales. Devengando todo en una mayor desigualdad, ahora no es posible ni siquiera protestar, acusan de golpista a la libertad, pues se han convertido en aquello que buscaban eliminar.

Ejemplos como esos hay varios y en toda la América Latina se vive en una constante amenaza de poder terminar de la misma manera  como nuestros hermanos, pues el odio a comenzado a corroer el ya de por sí frágil tejido social, lo que hace llamativas las soluciones que se venden como redentoras y mesiánicas, pero no podemos dejarnos engañar, pues debemos pensar a largo plazo y vernos en el espejo de nuestros hermanos.

Comprendo que a veces es imposible no pensar en una revolución que des-enquiste a aquellos que se han servido de la ciudadanía, pero la solución nunca será el dejarse guiar por el odio. Sino antes, la de vernos como hermanos y dejar el egoísmo a un lado, para dar paso al cambio, si bien necesario y de fondo, nunca guiado por seres mesiánicos y con aras redentoras, pues lo más probable es que terminen convirtiéndose en tiranos.


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