El nihilismo cervantino

Por Dante Noguez

 

El hombre observa la tierra, y esta respira como un gran pulmón; cada que exhala, vida encantadora pulula de todos sus poros y emerge hacia el sol, pero cuando inhala, un quejido de ruptura pasa a través de la multitud, y los cadáveres azotan la tierra como granizos. 
Peter Wessel Zapffe.

El ínclito libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, del tan alabado escritor hispano Miguel de Cervantes, siendo interpretado nihilistamente, nos expone un discurso que retrata el absurdo de la ideología y la subjetivación, entendiendo ideología como el conjunto de ideas y representaciones imaginarias que dominan el espíritu de un individuo o grupo social, y subjetivación como proceso mediante el cual nos constituimos como sujetos, es decir, nos constituimos psicológica e ideológicamente.

Hacia el final de su vida, el divertido protagonista don Quijote manifestó un odio y aborrecimiento tanto a los caballeros andantes como a las historias de los mismos, cuando estas, durante gran parte de su vida, fueron el eje central en torno al cual giraban sus ideas y acciones. La andante caballería, sus principios y mandamientos constituyeron la ideología quijotina, la representación imaginaria con la que don Quijote se relacionaba con la realidad.

Sólo a través de los libros de caballerías era que don Quijote encontraba y entendía la realidad del mundo; aunque también cabe mencionar que sus manifestaciones eran materiales, es decir, su interpretación de la realidad no se quedaba en mera interpretación, sino que la manifestaba a través de sus actos: enderezaba tuertos, desfacía agravios, amparaba doncellas, vencía batallas, asombraba gigantes, etcétera. La ideología, como vemos, o el conjunto de ideas que la constituyen, existe en los actos. El accionar del sujeto es un efecto que tiene como causa la ideología. Don Quijote, si seguimos esta interpretación, no sería sujeto ni actuaría si no tuviera como quid a la andante caballería. Esto evidentemente se manifestó cuando, al darse cuenta de que su ideología era una locura y por lo tanto la dejó, cayó muerto. La destitución subjetiva le costó la vida, pues ¿qué habría de hacer de su vida si no desfacer agravios y enderezar tuertos?

Para ilustrar mejor lo que se quiere demostrar, ayudémonos de un caso análogo: toda persona católica sigue ciertas normas morales que le llevarán al cielo (ama, perdona, no se deja dominar por la lujuria), va a la iglesia los domingos, lee la Biblia, da las gracias a Dios antes de comer y dormir, se dedica a algo que no atenta contra sus principios (porque no se dedicará a la prostitución si es fiel a los mismos), etcétera, etcétera. Dios le dice al católico quién es y por qué está aquí; le da su origen, su causa, su razón de ser, sus cualidades, su carácter, sus aspiraciones, en fin: su identidad. Todo su accionar gira en torno a esa razón/motivo, sin el cual su vida no tiene sentido y su accionar se ve casi absolutamente limitado.

El discurso entonces nos dice que la vida del humano no tiene sentido sin ideología; el sujeto no existe sin la referida: sin el bien, sin la justicia, sin el arte, sin Dios, sin la andante caballería, sin todo el conjunto de preceptos ideológicos que dominan a los sujetos, ¿qué nos queda? Michelstaedter responde esto con lo que don Quijote evidenció: nos queda la muerte. El filósofo italiano manifestó en su Persuasión y retórica que al sujeto destituido de ideología no le queda otra cosa que el suicidio (y él mismo lo corroboró también al suicidarse después de haberle enviado dicho libro, que fue su tesis, a su profesor). Tras el suicidio, dice Michelstaedter que al muerto no lo extrañará Dios ni su familia, como tampoco el bien quedará disminuido ni la justicia del mundo se verá afectada porque todo aquello es sólo eso: una idea, una representación que el sujeto ostenta y mediante la cual interpreta la realidad del mundo. La ideología, el quid, la esencia, el espíritu o la razón de ser morirán siempre que el sujeto que las posee muera también.

Entonces… ¿habrá manifestado Cervantes una filosofía nihilista al darle muerte a su protagonista tras la destitución subjetiva que tuvo? ¿Habrá entre nosotros alguien que, consciente de esto, se atreva a ser un nihilista? ¿Se podrá vivir sin ser sujeto o —como dice Michelstaedter— el único efecto que dicha causa tiene es la muerte? ¿Se atreve alguien a dejar atrás los cuentos de hadas, los imaginarios sociales, las interpretaciones y representaciones ideológicas, y la negación de su propia condición? ¿Aceptaremos algún día que constantemente estamos haciendo demandas espirituales que la realidad no puede satisfacer? ¿Que somos un animal trágico que busca significado en un mundo que no lo tiene?


Imagen: http://complemento-agente.blogspot.mx/2016/04/mi-tiza-por-cervantes-y-3-el-quijote.html

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