El mensaje

Por Brandon Ramírez

 

Cuando somos pequeños y asistimos a los cursos de preprimaria, una actividad muy recurrente es el aprender y recitar canciones. Mis sobrinos pequeños, por ejemplo, suelen repetir canciones sobre el sol, la luna, las estaciones del año, o sobre nuestra bandera nacional; yo recuerdo que a su edad también aprendí la versión cantada del abecedario en español e inglés, y muchas más de las típicas que muchos aún recordamos años después, como Pin Pon o algunas de Cri Cri.

Ello no es casualidad, ya que es más fácil memorizar un texto si éste está asociado a una melodía, que si simplemente lo leemos. Apuesto que la inmensa mayoría de nosotros aún recuerda casi íntegras muchas de las canciones que aprendimos de pequeños, incluso muchas que escuchaban nuestros padres, o bien nosotros mismos hace años, y que difícilmente podremos repetir una cita literal, aunque sea de nuestro libro favorito. Puede que recordemos la idea, pero nunca el texto literal, mientras que con las canciones pasa lo contrario, siendo capaces de repetirlas, aunque no comprendamos la idea que transmiten.

En este sentido, crecemos rodeados de canciones y música. Parte de la identidad nacional de cada país incluye un himno; el aliente a los equipos deportivos incluyen canciones, las porras para dar ánimo a alguien suelen ser melódicas, al igual que las proclamas de las manifestaciones, cada año entonamos el “feliz cumpleaños” a distintas personas, y más evidentemente, día a día escuchamos canciones de nuestros grupos o cantantes favoritos.

De generación en generación, se popularizan distintos géneros y estilos musicales. Recuerdo a mi papá decir en más de una ocasión que nunca se imaginó que la música “grupera”, pudiera ser tan popular, arguyendo que “en sus tiempos” era un género más bien marginal. Recuerdo que en una nota que leí al principio de año, señalaban que en Spotify México, los artistas más escuchados fueron Major Lazer, Julión Álvarez, Banda Ms y la Arrolladora Banda el Limón, que sin duda forman ya parte de la cultura pop de nuestro país.

También recuerdo, por las mismas fechas, leer que, en otros países como España, el género más escuchado es el reggaeton. Tanto la música electrónica como este género, suelen en general, estar pensados para ser bailados más que cantados, aunque ambas recurren en general a distintas estrategias para ello. Los géneros de electrónica suelen estar asociados con un tempo que tiende a ir in crescendo, estimulándonos al movimiento (también es un género muy utilizado para hacer ejercicio por esa misma razón); mientras que el reggaetón apuesta más a una base rítmica asimétrica, que promueve su típico baile.

Sin embargo, algo que atrae más críticas a uno que a otro son el contenido lírico de muchas de sus canciones: mientras en lo electrónico se trata como algo secundario, dando más importancia al sonido en sí, en el reggaeton suele apelarse a la sexualidad. Evidentemente hay excepciones en ambos géneros, y exponentes contracorriente que buscan reivindicarlos, pero esa suele ser la idea popular enraizada como estigma y crítica al mismo, como ha pasado con todos los géneros que suelen ser señalados como vicios de los jóvenes, como antes lo fueron la delincuencia con el rap o lo antirreligioso e inmoral del rock y sus subgéneros; o bien, los propios narcorridos dentro de la música regional mexicana.

Este tipo de reggaeton suele ser señalado como un factor dañino para los jóvenes y niños, dado ese componente sexual y que muchas veces contraviene toda la lucha del feminismo de las últimas décadas. Sin embargo, al igual que ocurre con aquellos señalamientos a la industria de los videojuegos que hacen a sus usuarios más violentes, cabe la duda de si no es más bien que corresponden a gustos ya establecidos en nuestras sociedades, siendo más bien un reflejo que un origen tanto de un tipo de sexualidad como de violencia en cada caso. Suele haber más violencia en las películas que en los videojuegos, y no se señalan con la misma vehemencia, y ya antes de que se inventara la primera consola, la violencia ha sido un problema de nuestra especie, basta revisar un libro de historia.

No hay música buena ni mala, sólo música. Todo aquello que suele ser un éxito mundial lo es tanto por sus estrategias de marketing, como por recurrir a fórmulas de éxito ya comprobadas y porque se corresponden e identifican con un buen número de personas (que se cuentan por millones). El reggaeton no es per se algo reprobable, su base rítmica le hace naturalmente atractivo y pegajoso, como buena parte de la música dentro de la cultura pop, aunque bien es cierto que su contenido lírico (ese de la exaltación a la sexualidad y prácticas machistas) podría ser distinto y mantener su éxito. En este sentido, Aldo Narejos creó la canción que encabeza este texto, un tanto como crítica y otro tanto como parodia a este tipo de música, utilizando a tres clásicos de las letras hispánica y sus obras más representativas, reivindícalos de paso, como exponentes de la literatura clásica.


 

 

Comentarios

Comentarios