El mal de México: ¿la corrupción?

Por Daniela Hernández 

 

De acuerdo con el Barómetro Global de la Corrupción 2013 de la ONG Transparencia Internacional, 88% de los mexicanos pensamos que la corrupción es un problema frecuente o muy frecuente.

Aristóteles decía que la corrupción de los gobernantes existe cuando estos “se reparten entre sí la fortuna pública contra toda justicia; conservan para sí solos la totalidad o, por lo menos, la mayor parte de los bienes sociales; mantienen siempre el poder en las mismas manos y ponen la riqueza por encima de todo lo demás” (Moral a Nicómaco).

Si se preguntaban porqué entre las múltiples definiciones para corrupción escogí la de Aristóteles, fue por las siguientes razones: la considero la más cercana al ámbito político, y también, demuestra que la corrupción existe desde la antigüedad.

Si bien es cierto que los humanos de todo el mundo podemos corrompernos,  curiosamente son nuestros gobernantes, las personas más allegadas al poder, quienes suelen involucrarse en actos de este tipo.

Y aunque la corrupción siempre resulta un problema, éste es mayor cuando las estadísticas muestran a México como uno de los países más corruptos de todo el mundo. Según el Banco Mundial ocupamos el lugar 127 con una calificación de 39 puntos sobre 100.

Al parecer en México nos pasamos de corruptos, incluso Transparencia Internacional indica que 50% de la población mexicana considera que la corrupción ha aumentado mucho en los últimos dos años. La Casa Blanca, el escándalo OHL, los uniformes de Padrés, Oceonografía, ¿les suenan a casos conocidos?

Todos ocurrieron en los últimos años y son buenos ejemplos para explicar lo difícil que es terminar con un problema estructural en un corto plazo.

Conforme a la investigación “México: Anatomía de la Corrupción” presentada por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), existen costos económicos, políticos y sociales que se derivan de los altos niveles de corrupción en un país:

Entre los económicos destacan una menor inversión, piratería, y por supuesto la disminución del PIB; los políticos están relacionados con la insatisfacción por la democracia, crisis de representación o pérdida de confianza en los gobernantes y me permitiría agregar el nulo respeto por las leyes, es decir, carencia de un Estado de Derecho. De ahí que el 91% de los mexicanos considere a los partidos políticos como la institución más corrupta, seguida de la policía y los servidores públicos, de acuerdo con estadísticas de Transparencia Internacional; finalmente los sociales consisten en la falta de bienestar para las familias así como en los altos niveles de violencia. 

Sin embargo, también es importante notar que en los últimos años el acceso a la información ha permitido que casos como los antes mencionados sean expuestos a la luz pública, y por tanto se haya abierto un debate en torno a los mecanismos y medidas para combatir la corrupción en México.

De ahí nació el camino hacia el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), proclamado hace más de un año, y del que apenas unas semanas atrás fueron debatidas las leyes secundarias, entre las que se encontraba la coloquialmente conocida como “Ley3de3”, donde se detallan las responsabilidades administrativas por parte de los funcionarios públicos.

El objetivo formal del sistema es “coordinar las acciones y políticas en los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal), en la prevención, detección y sanción de actos de corrupción, así como la fiscalización y control de recursos públicos”. En resumen combatir el mal uso de los recursos públicos a nivel federal, estatal y municipal.

En el funcionamiento del sistema están involucrados la Secretaría de la Función Pública (SFP), la Fiscalía Anticorrupción, la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos (INAI), así como el Consejo de la Judicatura Federal y el nuevo Comité de Participación Ciudadana.

No obstante ¿El SNA es la solución a uno de los principales problemas del país? ¿Cuánto tiempo se necesitará para comenzar a ver resultados?

Sin quitarle méritos a su conformación, creo que el Sistema Nacional Anticorrupción todavía está en pañales. En primera instancia, sigue siendo un paquete de leyes y actualmente ya hay muchas de ellas que no se respetan; en segundo lugar, el proceso de conformación apenas está por comenzar y habrá que ver cómo funciona, así como si ocurren controversias tales como las derivadas de las leyes secundarias; en tercera instancia, y debido a que su finalidad es abarcar todos los niveles de gobierno, se deben considerar las reglas para cada estado, y eso seguramente llevará tiempo. Y en último lugar, pero no menos relevante, habrá que considerar cuáles son las prioridades del próximo presidente del país, es decir, si esté le dará continuidad al proyecto o preferirá establecer nuevas medidas.

Definitivamente pasarán muchos años hasta poder ver resultados,  aún así se debe celebrar la creación de un plan nacional de tal envergadura. México necesitaba de un proyecto así para mejorar su crecimiento económico y ganar ventaja competitiva en el mercado internacional. Además de su éxito o fracaso dependerá el camino hacia la consolidación de una cultura de la legalidad y mayores niveles de confianza hacia las instituciones.

El camino se vislumbra complejo, pero no todos los días se crean proyectos integrales para luchar contra uno de los mayores males de México: la corrupción.


Imagen: http://vertienteglobal.com/?p=37994

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