El lado negro de la militancia en las redes sociales

Por Teolinca Velázquez

 

Un ejercicio para los jóvenes que desean adentrarse en el mundo de la política y los movimientos sociales es entrar a las filas de algún partido, asociación, colectivo, etcétera. Si bien se considera una actividad que enriquece la participación política de los jóvenes, la realidad es que una militancia que se basa en el desarrollo colectivo más que en el desarrollo individual puede traer graves consecuencias, entre ellas la intolerancia.

Cuando el desarrollo del militante va a la par con el desarrollo de la organización a la que pertenece, el militante irá adquiriendo madurez política. Conforme vaya aportando a las actividades irá también  desarrollando su capacidad de análisis crítico; hablar con él significa introducirse en un debate interesante sobre las ideas que defiende el grupo al que pertenece. Un personaje honesto y transparente, convencido de lo que dice, aceptará tranquilamente las observaciones que se le hagan y las analizará detenidamente con el fin de introducir otras perspectivas en su pensamiento político.

Sin embargo, cuando lo que importa es el desarrollo de la colectividad y se deja de lado el desarrollo intelectual de sus militantes, tendremos militantes con un problema de identidad, quienes sólo repetirán dogmáticamente las perspectivas de alguien más y no la propia, pues su capacidad crítica no se ha ejercitado, sino, su capacidad de difundir de memoria las conclusiones a las que otras personas han llegado. Son éstos los que, tomándose muy en serio su papel de difusores del dogma, llenarán las redes sociales de comentarios agresivos contra quien no comparta la perspectiva del grupo al que el militante pertenece.

Hablo de un problema de identidad porque cuando el militante, mal preparado, no sea capaz de formular un pensamiento propio a partir de los conocimientos que el grupo le acerque, tendremos a un militante cuya autoestima estará alineada con el grupo, su personalidad insegura desaparecerá con el movimiento grupal de tal manera que nunca podrá desarrollarse como un individuo pensante. Políticamente hablando, un militante así no le sirve al grupo para nada, sólo para hacer bola y agredir psicológica o físicamente a quienes no comparten sus opiniones.

Cuando la madurez política no se ha trabajado, hablar con él o con ella no será un momento agradable porque no se abrirá al debate, solamente repetirá una y otra vez lo que algún otro militante, que tal vez ni conoce, ha dicho. Convencido ciegamente en lo que sus compañeros “de alto nivel” dicen, no se abrirá a la discusión, no porque no quiera, sino porque no sabe cómo; no ha sido preparado para pensar, sino para repetir letanías.

Esto es un problema para la militancia pues por no preparar a sus jóvenes, tendremos una serie de comentarios y publicaciones en redes sociales que, lejos de educar políticamente a los internautas sólo exacerbarán la intolerancia. Comentarios de mofa y de superioridad, recibirán aquellos que se atrevan a debatir esa verdad incuestionable. Un verdadero militante analítico, sabe que los espacios en las redes sociales no son para debatir, sino para compartir.

La violencia verbal, los comentarios pasivo-agresivos, la humillación pública y demás acciones de esa naturaleza, lejos de unificar, repelen. Quienes tengan interés en formar parte de un grupo saldrán huyendo cuando cada vez que expresen un desacuerdo, sean bombardeados con publicaciones, comentarios e indirectas.

Considero necesario que para que la militancia sea efectiva y productiva, se debe inducir al militante a pensar por sí mismo; que el discurso colectivo no funcione como una máscara a la ausencia de pensamiento crítico. El militante vale más que ser un número en la cifra, puede participar de maneras más inteligentes que siendo un matón de ideas contrarias; el militante debe hallar en el grupo una plataforma para emerger, no para descender, y para ello es necesario que en las filas encuentren todo tipo de conocimientos y herramientas que les sirvan para encauzar su inteligencia crítica, de tal manera que obtengamos individuos que aporten a la sociedad, al grupo y a sí mismos. Sólo de esta forma se hallará el desarrollo óptimo, no nada más del militante, sino del movimiento en general.


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