El inicio de una confusión

Por Alberto Ugarte

Hace exactamente 24 años, Francis Fukuyama uno de los más grandes académicos del liberalismo Americano aseveraba que las democracias occidentales inundarían la política international. Con un optimismo apabullante Fukuyama escribía en el Fin de la historia y el último hombre cómo el fin de la guerra fría provocaría la expansión ideológica del liberalismo político y económico a todas las regiones del mundo. Irónicamente, esta interesante pieza académica era alagada dentro de RAND Corporation uno de los “Think Tanks” más prominentes de la élite estadounidense, mismo lugar donde el día de hoy los grandes gurús de la democracia y la seguridad internacional le temen a la inestabilidad intelectual y emocional del próximo comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo. Es evidente que este optimismo acerca del universalismo de la democracia liberal como eje de orden político y desarrollo económico ha perdido su poder discursivo en los últimos años; hoy el sueño americano de expandir y proteger la libertad democrática mundial se fragmenta y sucumbe desde el interior ante los efectos económicos y culturales de un proceso de globalización que fue auspiciado por las élites políticas de Londres y Washington hace apenas 70 años. Al exterior, el país más poderoso del mundo, ese que controla el mar, el aire y la tierra, ese que construyó el sistema económico liberal y propagó la carta de Naciones Unidas, parece ser que hoy se acerca más al autoritarismo, el proteccionismo y el cinismo unilateral de un personaje que por arte de magia tiene la receta para resolver todo aquel conflicto humanitario y de seguridad internacional que amenace los intereses de la supremacía blanca estadounidense.

Carente de legitimad internacional después de la “guerra contra el terror” que emprendió el ex presidente George W. Bush, la retórica hegemónica sobre democracia, derechos humanos y libertad firmó su sentencia el pasado 8 de noviembre de 2016. El héroe de la segunda guerra mundial, aquel que triunfó en contra del nazismo, hoy se muestra al mundo como un país con instituciones liberales y democráticas pero sociológicamente emocional y racista. Independientemente de cualquier juicio de valor sobre el papel de EE.UU en el escenario internacional, el futuro líder de la Casa Blanca ya sacude la forma en la que el subliminal orden internacional de la post guerra intentó definir el itinerario de la democracia, el liberalismo y la paz mundial. Ante los recientes sucesos en EE.UU y el Reino Unido parece ser que la teoría Kantiana sobre la paz perpetua entre democracias se encuentra sobre la cuerda floja, asimismo lo que John M. Owen reafirmó con empeño en How Liberalism Produces Democratic Peace sobre la paz democrática y la permanente tolerancia en los gobiernos democráticos parecer haber pasado a segundo plano en el sistema internacional del siglo XXI.

En un intento por generar un debate intelectual coherente fuera de las tan polémicas redes sociales y medios masivos de comunicación, resulta más interesante dejar de encontrar culpables de lo que ya mediáticamente se conoce como el colapso de occidente y el eurocentrismo e intentar reformular, o tal vez retomar, aquellas preguntas que se han olvidado o bien se quieren seguir olvidando. Bajo dicha premisa resulta importante intentar observar la imagen completa de lo que realmente está pasando con las totémicas democracias occidentales, tal vez sea necesario entender que Brexit, el fenómeno Trump y el retorno de la extrema derecha en Francia, Hungría y Turquía tienen un común denominador, el cual cuenta con un gran poder de movilización ideológica centrado en valores que realzan la búsqueda  de un camino fácil ante cualquier problema político y social. Valores como el racismo, la intolerancia y la segregación social son el atajo perfecto para aquellos líderes carismáticos que venden ideas a un bajo costo. No es interés de este artículo seguir encontrando culpables o analizando cuantitativamente el porqué de la elección presidencial y “no” a la Unión Europea. Pero siempre es necesaria un breve explicación detrás de la causalidad de los eventos y movimientos antes mencionados. Es por esto que el análisis de Jason Brennan en su artículo en Foreign Policy, es sin duda una pieza relevante para entender el porqué de dichos acontecimientos y así emprender un debate constructivo acerca del futuro de la democracia, el capitalismo y el sistema de Estados-naciones en el que hemos vivido los últimos cuatro siglos. Brennan en escasas 10 palabras subraya la razón del resultado. De acuerdo a su análisis, los votantes de Trump hicieron lo que les resultaba más fácil, más rápido y más conveniente. Usando la misma metodología podemos analizar lo que sucedió en junio en el Reino Unido y lo que seguramente sucederá en lugares como Francia y Hungría donde la construcción de muros, vallas e ideas anti-migrantes son el estandarte favorito de regímenes neo populistas carentes de ideas coherentes y llenos de superioridad racial.

Paradójicamente, de la misma forma en que EE.UU, el Reino Unido y otras potencias modernas propagaron las construcciones de puentes “civilizatorios”, “modernos” y “liberales”; hoy éstas mismas construyen muros para protegerse de la competencia laboral, el cosmopolitismo y el liberalismo per se. Es evidente que el término “populismo” es instrumentalizado por gobiernos, políticos y académicos para construir o formular relaciones binarias entre lo correcto e incorrecto. Pero lo que resulta importante enfatizar es que el “populismo” en su versión más demagógica tiene consecuencias directas en la forma en la que vemos y entendemos el mundo. Lo que queda relativamente claro es que la política tradicional de las democracias más “desarrolladas” del mundo se está enfrentando a una crisis de legitimidad sistemática la cual abre camino a versiones más obscuras de lo que entendemos hoy por democracia. En otras palabras, el voto por Trump y por Brexit son monedas de castigo a las élites británicas y americanas que no pudieron entender que dentro de una democracia representativa  “the will of the People” puede resultar en el final del sistema liberal que intentaron construir dentro y fuera de dichas sociedades.

En este sentido sería fructífero recordar lo que Hans Joachim Morgenthau le advirtió a los creadores de aquel nuevo orden mundial. En 1946 en su libro El hombre científico versus poder político Morgenthau le enfatizaba al gobierno estadounidense que había derrotado el fascismo únicamente en el campo de batalla, pero que en realidad  la esencia de aquel movimiento seguía latente dentro de la política doméstica de muchas naciones. Es evidente que después de medio siglo, más de un analista o académico ha dejado sin responder aquellas preguntas que Morgenthau plasmó dentro del Departamento de Estado de los EE.UU. Pero al fin y al cabo, hoy el poder de dicha rama gubernamental está en manos de algo muy parecido al hombre científico del que Morgenthau tanto advirtió. Es justamente por esto, que la disciplina de relaciones internacionales debe de alejarse del papel de detective, ese papel que solo aplica después de los lujos protocolarios diplomáticos y las interminables reuniones multilaterales. Tal vez es momento de empezar a formularnos las preguntas correctas y dejar de contestar quién o cuáles son los culpables de nuestros problemas.


Referencias: 

Molloy, Sean. “Truth, Power, Theory: Hans Morgenthau’s Formulation Of Realism.” Diplomacy & Statecraft 15.1 (2004): 1-34. Academic Search Complete. Web. 12 Nov. 2016.

Herwitz, Daniel. “Francis Fukuyama And The End Of History.” South African Journal Of Philosophy 19.3 (2000): 222. Academic Search Complete. Web. 12 Nov. 2016.

Owen, John M. “How Liberalism Produces Democratic Peace.” International Security 19.2 (1994): 87. Academic Search Complete. Web. 12 Nov. 2016.


Imagen: https://www.buzzfeed.com/matthewtucker/in-pictures-world-reacts-to-the-us-election?utm_term=.staQ5owPp#.mg1dwKp5a

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