El guardián interestelar

Por Jimena Cerón

En algún lejano rincón probablemente en otra galaxia circulaba un día mientras mi cuerpo, una vez más, para comenzar a amar la hora de la siesta, decidió arrojar mi espíritu al aire y quedarse reposado en el viejo sofá de aquel cuarto de universidad que vio de mi mis peores y mejores momentos, no creo que fueran más de las 5 de la mañana – pero que estoy diciendo, ni siquiera sé si la temporalidad en el espacio exterior es la misma que en nuestro planeta – cuando una luz esplendorosa rodeaba mis pies, naranja un naranja extremadamente hermoso,  un naranja que no había visto nunca más que aquella vez en el campo sur de Venus donde las Cattleya Aurantiaca curaron todas mis heridas espirituales al ser aceptada en la transición de los mundos rasgaron mis ojos dejándome ciega.

Un asombroso color naranja fue cubriendo mis pies hasta llegar a las pantorrillas, observaba fijamente mientras no podía dejar de sentir un exquisito placer al sentir cómo me cubría de polvos y tintes, hasta que de pronto noté que no estaba siendo cubierta sino por el contrario devorada, devorada por un extraordinario hoyo naranja que suspiraba mientras invadía mi cuerpo, cuando llegó a la parte del abdomen se detuvo y de pronto me jaló hasta el fondo, intenté contar mientras luchaba por abrir mis ojos; uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete.

¡Siete! – gritó una voz a lo lejos- y entonces pude abrir los ojos, intente observar quién era quien había gritado y entonces comencé a escuchar susurros, susurros que me decían que me acercara, que lo hiciera con calma y lo más importante, que no tuviera miedo; caminé, caminé mucho pero nunca me sentí cansada, los susurros en mi mente me mantenían de pie, entonces comprendí, esto es la esperanza.  

¡Esperanza!, es correcto lo has entendido, siéntate deja ver tu vientre – dijo nuevamente una voz – esta vez, en un intento desesperado por tener una respuesta más clara, por darle claridad a lo que estaba viviendo comencé a correr, corrí tanto que comencé a flotar y entonces, algo tomó mi mano. No era una mano dulce mucho menos suave ni siquiera era una mano que pudiera ser descrita perteneciente a un humano, era por el contrario, enorme, gruesa, áspera, brusca, intenté zafarme y entonces comencé a sangrar. Recordé mi visita a Venus y de cómo la luna me había pedido que llevara a la tierra a un precioso ser que necesitaba ser conocido entre humanos. Aquella ocasión cuando yo había llegado un tanto extrañada de la forma por la manera en que me había quedado dormida para instantes después verme desesperada al no poder ver absolutamente nada para posteriormente pasar a la sala del tiempo donde me fue entregado un guardián, recuerdo que no llevaba zapatos y esa seríaa nuestra primer misión, a cambio de que yo obtuviera unos, tenía que enseñar a caminar al hijo de Plutón.

  • Hola, mi nombre es Plutón –  me dijo la voz, soltó mi brazo y sentí como un frío viento recorría mi cuerpo hasta que me recostaba sobre el bello jardín de Orquídeas, continuo – hace algunos años, poco más de cinco, te fue otorgada la misión de cuidar a mi hijo, la razón era sencilla, yo dejaría de ser llamado planeta y alguien tendría que velar por esos sueños, te elegí a ti porque siempre te vi aferrada a lo que aprendes a amar. Pero hoy después de varias cosas que te han ocurrido en la Tierra di cuenta de que era necesario explicarte que seguía después de eso, y ahora estás aquí. El ser humano al que diste vida, es tu hijo, es mi creación pero yo no soy su padre solo su maestro, es un guardián interestelar dedicado a velar por la paz de más de unas galaxia, las cuales tu no puedes conocer, él lo hará en su determinado momento y tu serás su guía, le enseñarás a escribir y a crear, así como lo has enseñado a andar, a cambio, no hace falta decirlo, él te dará una vida plena y feliz mientras esté contigo o tú con él. Ahora ve que se hace tarde, no olvides que la esperanza es la clave, antes, deja acariciar tu vientre deja que le de las gracias por engendrar el mayor de mis logros que se que será también el mayor de los tuyos, no temas, despierta.

En ese momento abrí los ojos, yo brillaba en tonos naranjas pero ya no me encontraba cubierta, comencé a caminar de regreso a no sé dónde, el lugar donde imagino había llegado, atravesé bosques y mares de repente me vi subiendo una escalinata donde a lo lejos yacía mi cuerpo, tranquilo sereno, abrazado por un ser que acompañaba mi sueño, un ser encantador que al momento en que me vi de nuevo en cuerpo y espíritu, me beso la frente y dijo: – Buen día mamá, ¿podemos ir hoy al espacio?


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