El gran niño británico

Por Aarón Rojas

Al cumplirse el primer centenario del nacimiento del magnífico Roald Dahl, es imposible dejar de lado la trascendencia y legado que han tomado sus obras, así como el ambiente que rodea a cada una de ellas en lo particular.

Es imposible ver en él únicamente a un escritor de cuentos para niños, o simplemente a un lesionado de guerra que sólo un día se sentó a escribir resultado de una lesión, hablar pues de este personaje es adentrarse en un mundo sin igual y siempre lleno de cosas nuevas.

Él es un ejemplo claro de lo que supone el nunca rendirse y siempre ver un lado mejor a todas las vicisitudes que encontramos en el camino, todo esto se refleja en su obra, amplia y diversa, donde podemos ver picardía, humor pero siempre impera de entre todo la posibilidad de una buena salida a la más terrible dificultad. Muchos podrán decir que esto es en gran medida al tipo de escritura que decidió tomar, y ver en los más jóvenes una forma de expresar sus saberes.

Lo cierto es que, sea uno niño o no, siempre se puede encontrar algo enriquecedor en lo escrito por Dahl, si se es niño puedes encontrar lo oculto detrás de los cuentos clásicos, como una Blancanieves lideresa de bandidos o ayudar a un gigante pequeño a repartir sueños en las noches londinenses, para los no tan jóvenes es posible admirar la siempre astuta solución de un zorro que quiere volver a su vida de bandido o darse cuenta de lo peligros que puede ser un regalo si no se cuida del modo adecuado.

Ha sido tanta la trascendencia de este notable británico, como tantos, que muchas de sus obras han sido adoptadas por el séptimo arte, pudiendo ver en acción a una Matilda ávida de conocimientos o la vida de James en su melocotón con sus amigos tan peculiares.

Muestra invaluable de gran conocimiento de los placeres inalcanzables del ser humano, supo hacer que muchos, dese muy jóvenes, viésemos en sus libros una fuente de ideas que alimentaban nuestra imaginación.

Como gran viajero que era, supo llevarnos a lugares tan variados y con personajes tan diversos que no podemos quejarnos ni pedir variedad alguna, fuimos con él a una fina cata de vinos y también a su Gales de la infancia, nos presentó a brujas y cretinos pero supo compensarlo con una amistad novedosa entre una jirafa, un pelícano y un mono.

Conocimos los riegos de cenar tarde de la mano de los mimpins (gremlins) y nos curamos con La maravillosa medicina de Jorge.

Sin duda no dejó lugar que no se viera tocado por su imaginación veraz, dejando siempre una estela de conformidad que daba además para poder imaginar algo más que lo escrito, nunca nos quedamos saciados al leer lo salido de su ingenio, siempre tenemos ganas de saber más, de vivir otro tipo de aventuras.

Yo por ejemplo, crecí queriendo ser como el gran Danny al tiempo que me imaginaba entrando en la imponente fábrica de chocolate como lo hiciera Charly.

Siempre con ganas de viajar en ese elevador de cristal que surcaba los cielos o incluso volar solo como lo hiciera el propio Dahl en su juventud, buscando siempre nuevas a venturas en los africanos de la segunda Guerra Mundial.

Inspiración para personas como J.K. Rowling, quien lo tomaría como ejemplo e impulso, al decirle que los libros de niños “no se vendían” o al director Wes Anderson, quien se iría a vivir a la antigua casa del escritor Galés como forma de inspiración para su película basada en una de sus obras.

Pero no todo ha sido miel infantil, pues en su gran abanico de posibilidades, Roald Dahl colaboró con el mismo Alfred Hitchcock, pues en sus primeras obras, dedicadas a público un tanto más grande, vería el maestro del cine de horror una oportunidad prístina, imposible de ignorar.

Pero este no podría ser sin su entrañable amigo y compañero de aventuras Quentin Blake, pues sería él quien nos crearía una primera imagen de las brujas sin dedos y sin cabello, de que hace un dedo un dedo magino en funciones o incluso de saber cómo se ven los sueños en enfrascados.

Si bien, no convivieron desde el principio, una vez que se encontraron y empezaron a trabajar juntos, nunca se dejarían hasta la muerte de Dahl en 1990.

Es sin duda un trabajo encomiable y que no tiene parangón, ambos lograron cautivar la imaginación de aquellos que, como yo, crecimos teniendo en nuestro imaginario pero al mismo tiempo visualizando los grandes lugares y personajes que forman parte de este universo.

Quisiera terminar con un comentario respecto al cómo contribuyó la obra de este gran británico a la conformación del niño contemporáneo, pues mucho de lo que se ve en su obra, incluso ya formalmente infantil, es de lejos tierna y sutil.

Por eso es claro que a raíz de él, el niño, pero también el joven contemporáneo pudo entender de forma diferente su modo de desenvolvimiento, logrando así uno más realista y visionario, pero sin dejar de lado el juego y la imaginación propia de la edad.

Por esto y más, en vísperas de la celebración del natalicio de esta personalidad encomiable no queda más que decir ¡muchas gracias!


Imagen: http://1.bp.blogspot.com/-tMSAAY7KEY0/Vh5JFgXfxnI/AAAAAAAAFQA/OcYSKvKsY20/s1600/LIBROS%2BROALD%2BDAHL.jpg

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