El fútbol y su relevancia social

Por Brandon Ramírez

“¿En qué se parece el fútbol a Dios? 

En la devoción que le tienen muchos creyentes 

y en la desconfianza que le tienen 

muchos intelectuales”¹.

Eduardo Galeano

La idea de que el fútbol sólo enajena a las personas y ocupa su tiempo, esmero, recursos y atención de las cosas “realmente” importantes, es muy común no sólo hoy día, sino desde que comenzó a consagrarse como uno de los deportes más populares del mundo.

Ya lo dijo Eduardo Galeano en el prólogo a su libro “Su majestad, el fútbol”, cuando se refiere a las críticas sobre la conglomeración social que festejaba el “campeonato mundial de clubes” del Peñarol, equipo de su país:

“Yo también hubiera preferido una manifestación tan multitudinaria y estridente por la tierra que los cañeros reclamaron en vano contra la política económica que el imperialismo nos impuso. Pero la victoria de Peñarol no era culpable de las derrotas de la izquierda; ojalá la izquierda fuera también capaz de ganar 4 a 2 cuando, faltando pocos minutos para el fin, todo parece perdido²”

Es cierto que todo fanatismo es malo, pero igual de cierto es que toda pasión es válida, y el futbol/fútbol/soccer es el deporte más popular del mundo. Su organización internacional, la FIFA (tan sonada por la corrupción en sus mecanismos de asignación de sedes para organizar sus campeonatos mundiales), agrupa a 209 países, 16 más que las Naciones Unidas, por cierto.

Al ser tan popular, es difícil no encontrar al menos una persona, en cada familia, que sea aficionado de un equipo. Y eso se transmite culturalmente a muchos de nosotros cuando somos pequeños. Se nos lleva al estadio o se hace tradición no perderse los partidos de dicha oncena semana a semana. Hacemos propias sus batallas particulares, como las rivalidades del tipo Chivas-América. Aprendemos las porras, vamos siendo involucrados en esas dinámicas clásicas de sumarse a las victorias con el “ganamos”, y marcar distancias con las derrotas y el “perdieron” cuando se nos pregunta el marcador del último juego. Y aprendemos la máxima de que, cuando el resultado no acompaña, fue culpa del árbitro.

En lo personal, considero que la popularidad de este deporte radica en su simpleza: sólo se necesita algo que pueda ser pateado y personas que quieran jugarlo. En las escuelas de nuestro país, como en muchos otros, es común ver a los niños tanto en sus recesos escolares, como en los parques y espacios recreativos, improvisar canchas de futbol con sus mochilas haciendo de porterías, y pateando un balón o pelota, en el mejor de los casos, o una botella vacía o bolas de papel, cuando no los tienen. Hasta un niño puede aprender a jugarlo solo, pateando su pelota contra una pared.

Todos somos futbolistas en potencia, y las historias de jugadores que iniciaron sus carreras jugando en canchas de tierras, y proviniendo de familias con escasos recursos económicos, dan muestra de que cualquiera podría llegar a triunfar. No se necesita ser particularmente alto, como en el basquetbol (aunque hay figuras con estaturas que rondan el promedio de nuestro país en dicho deporte), ni de equipamiento costoso para aprenderlo, como el baseball, el tenis, o el golf. Por eso son recurrentes los anuncios comerciales donde, en un partido cualquiera entre amigos, ellos se van personificando como futbolistas consagrados como Messi, Cristiano Ronaldo, o el Chicharito; o bien, estos llegan y comparten cancha con ellos como si fueran uno más del equipo.

Cuando una actividad social es de tal popularidad, agrupa y apasiona a tanta gente de todos los niveles socioeconómicos, suele generar rechazo por algunos que se sienten ajenos a ello. Lo mismo aplica para el fútbol que para las telenovelas, la música de banda o reguetón, los cantantes de música pop como Justin Bieber, agrupaciones como CD9 o One Direction, la devoción religiosa o la afinidad con algún partido político. Todo lo popular lo es porque gusta a la mayoría, y en algunos casos estaremos dentro de ella y en otros dentro de la minoría que no lo comparte.

Sin embargo, lejos de marcar distancias debemos tratar de comprender por qué son tan populares y no desdeñarlos, puesto que son parte de la cultura a la que pertenecemos. Cuando estamos del lado de la mayoría solemos criticar a la minoría y tacharla de calificativos negativos sin fin. Cuando estamos en la minoría, solemos sentirnos en una postura de superioridad de cualquier tipo, por ver lo que la mayoría no: que eso que les gusta tiene “n” cantidad de consecuencias negativas como las ya referidas, que distraen la atención de lo “realmente importante”, que son un producto comercial hecho para que consumas y gastes tu dinero, que hay cosas mejores y es incomprensible que aun así prefieras eso de tan mala calidad y un largo etcétera.

Pero si el futbol es tan popular, si los grupos juveniles de música pop tienen tantos seguidores en todo el mundo, si las telenovelas tienen tanta audiencia, es porque son un reflejo de los gustos de la mayoría dentro sociedad en la que vivimos. Podremos entrar en el debate del huevo o la gallina: les gusta eso porque en verdad encuentran algo atractivo en ello, o porque es lo que se les ofrece y a lo que tienen acceso. Difícil saberlo, pero debe haber algo de ambos.

Comprender a nuestra sociedad implica, tanto si está en la mayoría como en la minoría, pensar sobre el porqué algunas actividades atraen más que otras, como es el caso del futbol. Así podemos entender, un poco mejor, nuestro entorno y el lugar donde estamos parados en el mundo, antes de querer cambiarlo.


¹Galeano, Eduardo; “El fútbol a sol y sombra”; México: Siglo xxi editores; 1995,  p. 36.

²Galeano, Eduardo; “Su majestad, el fútbol”;  México: Siglo xxi editores; 1968, p. 6.


Obras citadas:

  • Galeano, Eduardo; “El fútbol a sol y sombra”; México: Siglo xxi editores; 1995.
  • Galeano, Eduardo; “Su majestad, el fútbol”;  México: Siglo xxi editores; 1968.

Imagen: http://100x100fan.mx/wp-content/uploads/2015/01/06-estadio-jalisco.jpg

 

Comentarios

Comentarios