El extravagante caso de Mr. Ferdinand

Por Noé Gabriel Portes Gil Bermeo

Todo el lugar estaba consumido por una nieve cautivadora y una lluvia agradable, de lo cual, Mr. Ferdinand, se sentía orgulloso mientras bebía de su café hogareño, pues Stralsund, su ciudad natal, se torna en un ambiente magnífico de una blancura acogedora, donde cada calle, residencia, puente, incluso la majestuosa iglesia de San Nicolás y el Ayuntamiento, desbordan una belleza inigualable y bastante prudente para quien la contemple. Esta maravillosa ciudad al noroeste de Alemania constituye un gran orgullo para Mr. Ferdinand, quien, al vivir toda su vida en este increíble empíreo, jamás había contemplado, en toda su horrida y cruel figura, la imperfección de la naturaleza.

The Crooked Forest es uno de los lugares turísticos más recomendados y visitados de toda la cautivadora Polonia. Dentro, en el municipio de Nowe Czarnowo, se encuentran un grupo de pinos encorvados, los cuales se plantaron en la década de los años 30, y se diferencian notablemente del resto que están rectos; este es un fenómeno natural muy atractivo y fascinante para las personas, ¡así que no dudes en visitar este lugar alucinante con tu familia y amigos, pues pasarán una experiencia inolvidable!”… Esto era lo que redactaba aquel folleto que Mr. Ferdinand había encontrado en su correspondencia y que ahora leía acomodado en su sofá de terciopelo, situado a un costado de la ventana con vista hacia Fährstraße, con café en mano. Le parecía extraño y hechizante aquel folleto que no tenía una sola imagen de esos pinos, pero esto no fue inconveniente, sino motivo para despertar la curiosidad en él e ir a investigar tal fenómeno. A Ferdinand le encantaban los paisajes, y le fascinaba encontrar nuevos y encantadores lugares a los cuales fotografiar para así vender las fotos al periódico de su localidad, y esta era una gran oportunidad para hacerlo e incrementar su colección de imágenes cautivadoras, de las que Stralsund ocupaba gran parte de ellas, y de las que él se encargaba de encuadrar para después colgarlas en su despacho.

Sin ningún impedimento y con la esperanza de encontrar un nuevo lugar del cual sentirse orgulloso de su Alemania, Mr. Ferdinand empacó todo el material y utensilios necesarios para poder viajar lo más pronto posible hacia Polonia (en Nowe Czarnowo siendo más preciso) y así fotografiar aquel fenómeno extraño y atrayente del que hablaba el folleto.

Tan pronto llegó que no le importó la soledad y lo despoblado que se encontraba ese día Nowe Czarnowo, por lo que se introdujo veloz e impaciente en aquel bosque. Como era época de invierno, todo el lugar se encontraba en una niebla espesa, y a Mr. Ferdinand esto le parecía una oportunidad pertinente para su empresa, pues los climas como tal le resultaban exquisitos y sugestivos para una buena composición fotográfica.

Después de un rato de vagabundear dentro del bosque, Mr. Ferdinand pudo esclarecer a lo lejos unos pinos inusuales, de los que pudo observar cierta semejanza a lo que describía aquel folleto, así que con cámara en mano y trípode en otra se acercó lentamente hacia aquellos pinos, pues la adrenalina que lo había impulsado para ir a la carrera hacia tal fenómeno se convirtió en un extraño sentimiento de miedo; era como si un niño se hubiese ganado un billete y fuera, de la emoción, a comprar su dulce preferido, pero cuando observó que en la esquina había un señor extraño con aquel dulce en mano ofreciéndoselo, tal emoción se convertiría en el mismo sentimiento que a Mr. Ferdinand lo invadía cuando dilucidó aquellas siluetas de pinos encorvadas de una manera muy extraña y singular.

Cuando por fin se encontró enfrente de aquellos pinos, un terror, angustia y desconcierto consumió a aquel visitante, quien soltó la cámara y el trípode, y retrocedió con ojos saltones y asombrados, pues lo que veía delante de sí no era normal, no era algo que él hubiese imaginado, era algo aterrador y horriblemente retorcido, pues la naturaleza, tan perfecta como él la creía, también tenía errores e imperfecciones que horrorizan a quien lo contempla, y por más que le intentaba dar respuesta a aquel fenómeno, no encontraba alguna lógica o raciocinio que lo explicara. Mientras retrocedía del escalofrío que aquel paisaje le transmitía, tropezó con una rama pero sin así perder de vista a aquellas siluetas que comenzaban a aumentar de tamaño, haciendo creer a Mr. Ferdinand que eran criaturas encorvadas, enormes, delgadas, imponentes y, hasta cierto punto, humanas. Desde sus raíces comenzaban a brotar manos y piernas que se retorcían de una manera horrible y alucinante. Mr. Ferdinand no podía creer aquel paisaje que se cernía deambulatorio enfrente de él, y por un momento pensó estar soñando, que todas aquellas imágenes pesadillezcas no eran más que un producto de su mente, y esto pudo haberle traído cierto sosiego, hasta que sintió en sus tobillos cómo una de aquellas ramas secas y delgadas se retorcía alrededor de ellos. Inmediatamente se zafó del agarre, pero esto no hizo más que aclararle que todo ello era la realidad, y todo ello sucedía.

Habían pasado 2 semanas cuando en las noticias se dio a conocer el trágico caso de Mr. Ferdinand, del quien se tenía como desaparecido por el editor de periódicos de su localidad, quien decía que no se había ido a presentar al trabajo. Se halló el cuerpo en el municipio de Nowe Czarnowo, en Polonia, dentro del turístico bosque “Crooked Forest”, enterrado alrededor de aquellos pinos encorvados, y literalmente así lo encontraron, pues su fisionomía era la misma que los pinos, sólo que cada brazo, pierna, cuello, incluido el torso, se encontraban espantosamente torcidos y enrollados. No se supo si esto había sido obra de algún asesino, pues el caso en sí daba mucho en qué pensar. Increíblemente nadie hubiese podido hallar el cuerpo de Mr. Ferdinand si no hubiese sido por un grupo de niños que se encontraba jugando entre los pinos a ser piratas, y uno de ellos, para mala suerte de él, comenzó a cavar al costado de uno de los pinos teniendo como motivo “encontrar el tesoro escondido”, aunque fue a Mr. Ferdinand quien él encontró.

Al cabo de una semana de hallar el cuerpo de Mr. Ferdinand, se pudo encontrar una cámara que, al parecer, le pertenecía al señor. En ella se descubrió el último rollo de película que utilizó Ferdinand; al revelar las fotos, los investigadores no quisieron decir más a la prensa acerca del caso, pero cuando se les preguntaba sobre ellas, muchos de los periodistas podían percibir el horror y la angustia que reflejaban los rostros de los investigadores. El caso quedó cerrado.


Imagen: http://www.thisiscolossal.com/2015/11/crooked-forest-poland/

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