El eslabón perdido

Por Ana Elvira Quiñones

 “Esta es mi casa -dijo-, música no te faltará antes del desayuno.”

Andrés Caicedo, ¡Que viva la música!

 

Nombrado por muchos como el “Kurt Cobain” o “Ian Curtis” de la literatura, por otros más como el “Jim Morrison” colombiano, y de manera más acertada quizá, nombrado por el periodista chileno “Alberto Fuguet”: el eslabón perdido del Boom Latinoamericano. Cinéfilo, melómano, contemporáneo de Jack Kerouac; sea cual sea el nombramiento que le den, es un hecho que a casi cuarenta años de su prematura muerte, Andrés Caicedo siga causando revuelto en el mundo de las letras, p ues en los últimos años ha adquirido mayor reconocimiento en el resto de Latinoamérica, y en su país es considerado no menos importante que una estrella de rock entre los adolescentes que han tenido la oportunidad de leerlo.

Y para comprender los apelativos que se le han dado a este escritor caleño cabe mencionar que, de la misma forma en que los músicos Cobain y Curtis decidieron terminar con su corta vida, lo hizo Caicedo a los veinticinco años de edad, luego de recibir por parte de una editorial argentina el primer ejemplar editado de su única novela completa: ¡Que viva la música!

En esta obra el escritor nos muestra, de una manera desolada, la realidad socioeconómica de Colombia, a través de su protagonista, una adolescente de clase acomodada que vive por y para la música. La novela comienza en los barrios burgueses de Cali con constantes referencias a música rock, como los Rolling Stones, Cream y Eric Clapton; y termina en los barrios sórdidos de la ciudad, musicalizada con la salsa de Bobby Cruz y Richie Ray.

Y aunque en esta novela se lee: “Tú, no te detengas ante ningún reto. Y no pases a formar parte de ningún gremio. Que nunca te puedan definir ni encasillar.”, podemos definir de manera más apropiada la obra de Caicedo como parte del Boom Latinoamericano. Movimiento literario entre 1960 y 1970 característico por el apogeo de la narrativa hispanoamericana. No obstante, si nos ubicamos en la línea temporal, en esas décadas Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Vargas Llosa (por mencionar algunos pertenecientes a dicho movimiento) ya eran escritores consagrados; lo que hace importante a Caicedo y que se le considere como parte del Boom (además del hecho de que la producción de su obra se ubican en esos años), es que a pesar de contar con una edad tan corta hizo que el concepto de “Literatura” pareciera accesible para todos a nivel local, en su ciudad natal Cali.

Además de la ya mencionada novela, este escritor colombiano dejó otras tres inconclusas: Noche sin fortuna, La estatua del soldadito de plomo, La vida de José Vicente Díaz López; así como un sinnúmero de relatos y poemas entre los que se encuentran Infección, en este relato se muestra la vida que aprecia a su alrededor desde un punto de vista un tanto devastador, y resulta sorprendente que lo haya hecho con tan sólo 15 años de edad.

Pero el legado literario de Caicedo no se conforma sólo con novelas inconclusas, relatos y poemas, sino que además de ello, el escritor se aventuró al mundo del teatro y el cine, escribiendo varios guiones entre los que podemos mencionar Angelita y Miguel Ángel, el cual intento llevar (sin éxito) al cine con apoyo del director Carlos Mayolo. De igual manera, fue crítico cinematográfico en varias revistas locales, y junto con algunos amigos, fundó el cineclub de Cali en el que se transmitían películas que él mismo seleccionaba.

 “No podría decir exactamente por qué en la obra de Andrés la fascinación por el horror. Puedo hablar de la fascinación por el horror que siento yo después de leer a Andrés. Primero que todo, es como una fascinación por la maldad, antes que por el horror, y por una pasión que es más grande inclusive que el amor o que cualquier otra pasión, que es la pasión por el miedo -según Stevenson, la más grande de las pasiones- y es esa cosa de sentir uno que se pierde, de sentir que de pronto las cosas no funcionan como uno piensa, que poco a poco uno se puede ir deslizando y perderse de una realidad.”

 Óscar Campo

Los intereses literarios de Caicedo se inclinaban hacia lo gótico de Poe y Lovecraft, en la medida en que se identificaba con los personajes que se veían aprisionados por un monstruo o un ser sobrenatural. Y de la misma manera en que grandes eran sus miedos, también lo eran sus sueños. Pues años después de fundar el cineclub, se encaminó rumbo a Estados Unidos con el intento de venderle guiones, traducidos al inglés por su hermana, al director de cine Roger Corman. Intento, que una vez más, resultó infructuoso.

Toda la obra de Andrés Caicedo es una mirada a su ciudad, a su gente; le da voz a las injusticias y a lo marginal a través de personajes que te hacen adentrarte en su persona, un adolescente confundido (como lo hemos estado todos alguna vez) que con sus palabras te susurra comprensión, palabras que atraviesan en lo profundo de tu ser y te hacen saber que nada está perdido, pues al fundirte en alguna de sus lecturas tienes la certeza de que siempre puedes encontrar a un compañero.

“Me da miedo atroz pensar en que se está debilitando mi interés por todo. No resisto la soledad, busco compañía y no resisto la compañía.”

De no haber sido porque consideraba que vivir más de 25 años era una insensatez, sin duda el legado habría sido mayor, y de igual manera el reconocimiento internacional de su obra. Pero como eso no fue posible, podemos por lo tanto disfrutar de las letras que nos brindó, y honrarlo y recordarlo como eterno adolescente.

 


 

Imagen de: http://www.cinepata.com/articulos/concurso-libro-andres-caicedo/

Información tomada del documental sobre la vida y obra de Andrés Caicedo Unos Pocos Buenos Amigos realizado por Luis Ospina.

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