El discurso político y la literatura

Por Mónica Vargas

“Si quieres que hable durante una hora estoy listo hoy;
si quieres que hable durante unos minutos necesitaré unas semanas para prepararme”
Mark Twain

El discurso político es quizá uno de los más difíciles de elaborar, pues pretende no sólo persuadir la mentalidad de la población, sino también su comportamiento inmediato.

Hay diversos momentos en que un político utiliza este recurso, probablemente los más conocidos y criticados son el discurso de campaña y toma de protesta, pues tienen una fuerte influencia sobre un sector poblacional específico y su estructura es más compleja. Por ello es que vamos a centrarnos en el estudio de su construcción e impacto, al mismo tiempo sus orígenes y la evolución que ha tenido para así responder a la pregunta ¿es el discurso político un género literario?

El discurso está originalmente sustentado en la didáctica literaria de la oratoria que la RAE define en su segunda acepción como el arte de hablar con elocuencia. Ciertamente no todos los discursos (como cualquier otro texto) se pueden considerar literatura, pues debieran analizarse individualmente a fin de detallar las características estéticas que lo definieran como tal. Pero sí podemos hacer una generalización a través su observación.

De acuerdo a la cuarta acepción de la RAE, la literatura es el conjunto de las obras que versan sobre una determinada materia: sea literatura médica, jurídica, política. Es en es este momento cuando caemos en el entendido de que sí hay literatura política, ahora bien, un discurso político es una práctica política dentro de los tipos de texto argumentativos que se pueden procesar de manera oral. Sus características versan en la finalidad de conseguir un determinado comportamiento o pensamiento en los oyentes; el lenguaje es formal y técnico pero amoldado a los conocimientos previos de los oyentes; su estructura es estratégica y argumentativa y se puntualiza el uso de metáforas, enumeraciones, citas, refranes y repeticiones para acrecentar el interés y lograr un mejor entendimiento; veamos algunos ejemplos:

Luis Donaldo Colosio: discurso de campaña 1994

Yo veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla.

En la primera oración vemos el uso de metáfora, mientras que en la segunda la repetición: licencias literarias.

José Vasconcelos: toma de protesta como rector de la UNAM 1882

Yo no vengo a trabajar por la universidad, sino a pedirle a la universidad que trabaje por el pueblo.

Nuevamente, el uso de la metáfora en la oración y un texto muy poético en general, al que incluso podemos encontrar ritmo para su entonación. Lenguaje simple, entendible, repetitivo y conmovedor.

Manuel Gómez Morín: campaña de elecciones federales 1946

Son dos aspectos, dos vertientes de una misma cuestión, el amor a México, el verdadero patriotismo no puede quedarse en lo meramente emotivo y sentimental, en el grito entusiasta de Viva México, en la nostalgia de “México lindo y querido”, en el júbilo de las fiestas patrias, en el gusto o en el tumulto y en el ondear de banderas en el Ángel de la Independencia. No es suficiente.

El mismo canon de repetición pero también encontramos la enumeración, el citado de frases y canciones populares, así como un final tajante que transmite sentido y emotividad al resto del texto. Los discursos políticos tienen un enorme valor histórico, pues contienen la esencia de la política nacional y al mismo tiempo de los hechos sociales de cada entidad, Y es que no todas las palabras de los discursos, mítines y conferencias políticas se las lleva el viento de la historia; algunas continúan en nuestra memoria porque crearon huella en contextos singulares y conservan el sentido años después. Sin embargo, no siempre el escritor del discurso es el orador; el equipo de mercadotecnia de cualquier figura pública requiere de profesionales y asesores de la comunicación . De hecho en 1920, el senador Warren Harding contrató al periodista Judson C. Welliver para su campaña presidencial bajo el nombre de “secretario literario”.

Los logógrafos eran los historiadores y cronistas griegos, así como autores de discursos jurídicos en la Antigua Grecia; actualmente en algunos países utilizan este término para referirse también a los fabricantes del discurso en cualquier área, o ghostwriter (escritor fantasma). “En México, detrás de cada político, hay un escritor negro; es decir sin notoriedad y absolutamente anónimo. En este país, la cultura pública está apegada a los papeles escritos por seres cuya identidad es un misterio”, dice Hugo José Suárez, del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), experto en Análisis del Discurso.

Los responsables de escribir las comparecencias, ruedas de prensa e intervenciones públicas  en el México de los últimos años quedaron selladas en un artículo del periódico digital Sin embargo.

(…) cuando Vicente Fox asumió la Presidencia de la República. Se llama Rodolfo Jiménez González y es licenciado en Historia por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y maestro en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas. Cursó estudios en “Acción Pública en la Escuela Normal Superior de Cachan en Francia. Sólo dos de los integrantes cuentan con Maestría: uno es justo Jiménez González y el otro, César Augusto Cíntora Ordóñez. El resto tiene licenciatura. Derecho, Economía y Comunicación son las carreras en la currícula de estos escritores. (Flores, R. 2017)

Esto nos demuestra que ser político no implica redactar discursos, sino por el contrario, que muchos comunicólogos han dedicado su servicio a esta labor. Pensadores clásicos como Nicolás Maquiavelo, Rosseau, Platón y Aristóteles también ofrecieron sus conocimientos al arte de escribir, y en concreto escribir política. Pero autores contemporáneos y en un contexto similar al nuestro, también podemos considerar que forman parte de este cometido como Denisse Dreser y Rafael Cabrera. En el mundo de los literatos también existe la polémica política como en el caso de Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Que aunque por supuesto no escribieron para las figuras políticas de su tiempo, aportaron pensamientos y frases trascendentes en la materia.

Lo cierto es que como lo menciono antes, los escritores detrás de las palabras incluso presidenciales, no tienen (por razones publicitarias) el reconocimiento que deberían; pese a las críticas constantes a la figura de política, no es para menospreciar el trabajo de comunicación que hay detrás. En conclusión podemos afirmar los escritores de los discursos políticos son especialistas en la comunicación y tienen los conocimientos retóricos para crear textos con estructura, finalidad y estética que pueden sin problema considerarse literatura. Como en cualquier tema la generalización es muy complicada, pero así mismo necesaria para formular la afirmación que al principio del ensayo se planteó como hipótesis.


Imagen: http://www.elcolumnero.com/criterio-lectores/antidoto-al-discurso-como-arma-de-desesperacion-masiva-por-sergioyepez

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