El dilema de 2018: ¿Izquierdas unidas o paso libre al conservadurismo?

Por Ángel Arce

 

Con el periodo electoral de 2017 a la vuelta de la esquina, sobre todo los comicios del Estado de México como ante sala de la gran elección de 2018, el ajedrez político y como lo están jugando las diferentes fuerzas políticas del país, proyecta aún más incertidumbre a los mexicanos -que hoy en día debido a los casos innegables de corrupción, tráfico de influencias e influyentísimo que por décadas ha operado en el sistema político mexicano al amparo del poder y de los recursos públicos- pero a su vez certeza de una característica que dominará la escena política al momento de elegir al sucesor del priísta Enrique Peña Nieto, la tremenda polarización y atomización del voto, un fenómeno social y político que ya hemos estado presenciando en el mundo con no muy buenos resultados, el fortalecimiento del populismo y el conservadurismo extremo.

En este entorno y bajo las condiciones que actualmente dominan la escena pública mexicana como lo es la corrupción, la violencia, la impunidad, la desigualdad y la violación sistemática de los derechos humanos, las izquierdas y movimientos progresistas en México, siguen replicando una lucha de poder y egocentrismo que ha sido replicado una y otra vez desde las diferencias que Marx y Bakunin tuvieron durante la Primera Internacional en 1864, la acusación eterna y mutua que ha involucrado a socialistas, anarquistas, comunistas y socialdemócratas; ¿quién tiene el mejor programa, ideas y el verdadero proyecto de izquierdas para transformar la realidad? Si bien la historia nos ha ensañado que los extremos se tocan con ejemplos tangibles como el de la URSS y el régimen NAZI, en México aún las fuerzas políticas de izquierdas – salvo en la Ciudad de México con buenos resultados hasta el actual gobierno de Miguel Ángel Mancera- no ha tenido la oportunidad de acceder al poder para demostrar que en la pluralidad se puede construir en beneficio de los ciudadanos. Hoy el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) protagonizan una batalla por la hegemonía electoral y partidista de las izquierdas mexicanas, olvidando por completo, en su discurso y acciones, que la política debe ser utilizada como herramienta de transformación de la realidad, en beneficio de la felicidad de los demás a partir de los preceptos de justicia, libertad, equidad e igualdad.

Con resultados desastrosos después de casi 4 décadas de políticas técnicamente definidas como Neoliberales que en la práctica han profundizado la desigualdad, la injustica, la violencia y la corrupción con números tan  espeluznantes como lo son los 53.3 millones de personas que viven en pobreza, o que 1% de la población posee 43% de la riqueza total del país sin dejar de mencionar en materia de derechos humanos con cifras como la muerte de 150 mil mexicanos además de 280 mil desplazados por la violencia generada a partir de la Guerra contra el Narcotráfico y la militarización del país, otros seis años más de gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI) o Partido Acción Nacional (PAN) no son de ninguna manera una opción viable.

Ante estas condiciones, las izquierdas mexicanas y movimientos progresistas tanto partidistas como de la sociedad civil, deben no dejar de lado sus perspectivas y posiciones, sino al contrario, debatirlas, discutirlas y construir a partir de la pluralidad- como ya lo hicieron una vez formando el PRD- para en conjunto construir una verdadera opción de transformación que se sustente en un programa viable e implementable que paso a paso modifique las condiciones de vida da la ciudadanía a partir de causas históricas como lo son la justicia social, la soberanía alimentaria, la equidad de género, el desarrollo sustentable y el fortalecimiento de las libertades civiles y derechos humanos para todos en igualdad. Grandes avances democráticos, sociales, económicos y políticos como el matrimonio igualitario, la interrupción legal del embarazo y el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, los programas sociales en beneficio de los grupos vulnerables, la educación y el empleo, además de propuestas que hoy ganan terreno en el debate público nacional como la regulación de la marihuana y otras drogas como uno de los ejes para combatir el narcotráfico y la violencia en el país, fueron construidas e impulsadas en conjunto en la capital de la República Mexicana, no en pequeños grupos divididos y confrontados entre sí mismos. Ni las características moralistas, pragmáticas y conservadoras del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador y su simbionte MORENA, ni la falta de implementación de las propuestas programáticas a través de una agenda definida que recupere la legitimidad ante la ciudadanía por parte del PRD, hoy en día suman a la transformación de una de las etapas históricas más difíciles de México.

Con la aparición de movimientos sociales y organizaciones civiles cargadas hacia la izquierda y el progresismo como Ahora de Emilio Álvarez Icaza, la decisión de miles, tal vez millones de mexicanos de cambiar el rumbo del país hacia un mejor futuro hartos de la política de cúpulas e intereses personales, dan cuenta de la importante coyuntura a la que estamos adentrándonos, si la pluralidad y diversidad de ideas que pueden confluir en un nuevo gran proyecto para la nación representadas por PRD, MORENA, Movimiento Ciudadano, El Partido del Trabajo y Ahora, entre otros se concentran en continuar la división y atomización del espectro social, libertario y democrático, entonces las izquierdas y fuerzas progresistas habrán fallado en su máxime, tal y como ha pasado en otras latitudes acentuando el posicionamiento de las derechas y su proyecto inhumano, consumista y conservador. Podemos cambiar la historia del país, o al contrario, ser los culpables de una etapa aún más oscura para México faltando a una de las principales directrices de cualquier activista, progresista y humanista, la defensa del bienestar colectivo por medio de la libertad, la equidad y la igualdad que el quehacer político ostenta como herramienta.

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