El día que enterraron a “El Quijote”

Por Aarón Rojas

 

El otro día mientras asistía a una premiación en Ciudad Universitaria, tuve la oportunidad de conocer al Dr. Enrique Ruelas Barajas, hijo del difunto Enrique Ruelas, quien fue el fundador del ahora Festival Internacional Cervantino, celebrado anualmente en la ciudad de Guanajuato, México. Hablamos sobre una de las cosas más raras y extraordinarias que uno puede imaginarse, él nos contó sobre el día que se enterró a “El Quijote”. Es una primicia tan simple como cómica, o lo sería completamente si no hubiese ocurrido en realidad.

En el evento antes mencionado, se nos contó la vida de Enrique Ruelas y cómo fue que surgió el “Cervantino”, ambos estrechamente ligados por el ideal de ver en México la grandeza de los clásicos del español. Todo comenzó, como seguramente han de saberlo, con la representación de los entremeses cervantinos. Para ello, se mandaron a adecuar las calles y plazas de la ciudad colonial, que sería el escenario para este propósito.

Finalmente, la Plazuela de San Roque, donde se celebrara por vez primera los entremeses que darían vida a un magno festival multicultural, también sería el escenario propicio para la erección de un pequeño monumento a manera de busto, en donde se honraría la memoria y obra de Enrique Ruelas, con una pequeña particularidad, pues al ser él uno de los fundadores de un evento que enalteciera la imagen del más famoso hidalgo de la mancha, se pondría en la cúspide del monumento al caballero de la triste figura.

Esto se pensó originalmente como una ofrenda simbólica, muy bien pensada por cierto, que juntaba la obra de un gran hombre con el legado cultural que había dejado para México y el mundo. Sin embargo, esto cambiaría de sentido cuando se dieran cuenta de un hecho que daría lugar a un gran evento, con igual carga en simbología y peso en el discurso histórico y cultural.

Un día de verano hermoso, como sólo sabe tenerlos Guanajuato, se encontraba caminando por aquella precisa plazuela donde se erigiera el busto quijotesco, uno de los hombres que participó en la creación de tan peculiar busto. Y al ser este un lugar ampliamente visitado, no faltó quien se atreviera a dar un tour por los lugares más emblemáticos de Guanajuato, dentro de los que destacaba esta plazuela, pero no por ser uno de los principales escenarios del “Cervantino” de boca de un guía turístico saldría el decir que allí, donde estaba el monolito emblemático, se encontraba ni más ni menos que la “Tumba del Quijote”.

Esto por supuesto que impactó al hombre y su esposa, que sabían perfectamente lo que significaba y representaba aquel lugar tan particular. Por supuesto que no faltó quien ingenuamente, saliera presto a tomarse fotos en la supuesta tumba sin tener la menor idea del error en que se encontraba. Este hombre primero se aterró con la idea de saber que tantas personas pudiesen ser embaucadas por un charlatán; o peor aún, que tanta gente fuera por la vida sin saber lo más elemental de la cultura hispana, que veía su más insigne representación en la historia de este “Hidalgo de la Mancha”.

¿Cuántas cosas no estaban mal en esto?

En primera, el evidente hecho de que todas esas personas no habían leído esta obra literaria, por consiguiente, no tenían ni el menor ápice de conciencia sobre  lo que estaban haciendo en ese momento, pues “El Quijote” no podría estar enterrado en aquel lugar, primero, porque La Mancha se encuentra muy lejos de Guanajuato, ya que una queda en España y  la otra en México. Pero esto nos lleva a lo más grave y simpático de todo este asunto, pues dicho personaje no podía estar enterrado en aquel lugar por la simple y llana razón de que éste es un personaje ficticio, sacado del ingenio y pluma de Cervantes.

Luego del trauma existencial que tuvo la pareja de académicos guanajuatenses, vino, como es natural en las personas de letras, la inspiración. Corrieron prestos a comunicar lo sucedido a Enrique Ruelas hijo y luego de que él también pasara por un lapsus traumático, llegó a un acuerdo muy ingenioso que pondría fin a las falsas acusaciones antes mencionadas, pero también se pondría en marcha otro proyecto de alta envergadura.

A propósito del 400º aniversario del nacimiento de Miguel de Cervantes se mandó a hacer en España la edición príncipe del “ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha”, entonces el comité guanajuatense para hacer realidad la mentira del guía y no romper la ilusión de tan vasto grupo de turistas embaucados, mandaron a imprimir la “Edición Guanajuato” de la obra referida.

La primera hoja se mandó a imprimir dos veces, una para el libro y otra para la ceremonia a realizar. Se convocó entonces a miembros de la academia mexicana e internacional, y justo en el mismo lugar donde tiempo atrás se levantara un busto para recordar la memoria de un hombre de letras, éste se transformaría en el escenario de una de las cosas más raras jamás contadas.

Con pompa y boato se enterró en Guanajuato, en la Plazuela de San Roque, donde se representaron por primera vez los entremeses cervantinos al más ilustre hidalgo, de esos que llevan “Adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, quedó entonces sepultado para la posteridad, Don quijote de La Mancha.

Así que ya saben, cuando vayan a Guanajuato pueden ir, con toda certeza, a visitar el lugar donde fue enterrado “El Quijote”, enterrado en México, que como historiador me encuentro en la obligación de recordarle a todo el que lea esto, fue en su momento bautizado como la Nueva España.   


Imagen: http://i.huffpost.com/gen/4751286/images/o-QUIJOTE-facebook.jpg 

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