El desastre ecológico en México II: el transporte y los automóviles

Por Ana Garduño

En el primer artículo referente a este tema hablé sobre cómo los productos desechables dañan de una manera inimaginable a la ecología, y también sobre las cantidades de basura que se producen día a día. Hoy, en la segunda parte, hablaremos sobre otro modo de contaminación que es mucho más sutil pero igual de perjudicial: la contaminación producida por el transporte, y concretamente por el uso del automóvil en nuestro país.

Muy pocos de nosotros nos detenemos a pensar los riesgos, no sólo para el ambiente, sino también para la ciudad y la sociedad, y no es hasta que nos topamos con estadísticas que comenzamos a ver todo de manera diferente. El automóvil es complicado, porque a pesar de todas las deventajas y peligros que representa, aún nos sentimos unidos a él, y aún creemos que necesitamos un auto para llevar a cabo nuestras actividades diarias, y que es absolutamente necesario para tener el control sobre nuestro día, cuando es en realidad el auto el que nos está controlando. Sin embargo, hoy no hablaremos sobre la esclavización tecnológica en la que nos tienen nuestros aparatos, sino simplemente sobre el aspecto ambiental.

Hay que admitirlo: el transporte público en nuestro país no es el mejor. Al menos en la Ciudad de México, presenta múltiples problemas relacionados al servicio y a la seguridad, sobre todo para las usuarias del sexo femenino. Es por esto que mucha gente opta en cambio por un automóvil: es útil para transportarse largas distancias, es privado, y es relativamente seguro; sin mencionar que no está sujeto a horarios y cancelaciones, y sí, también es la primera fuente de contaminación en México, según datos de Milenio. En el mismo artículo se explica que la Nom. 042, que se encarga de controlar las emisiones de carbono, tiene cuatro años de retraso, y que actualmente el sector automovilístico es responsable de 90.03% de las emisiones de monóxido de carbono. Esto no sólo ayuda a que el efecto invernadero se incremente, sino que también afecta a la salud de los habitantes de la ciudad, sobre todo al causar enfermedades relacionadas con el corazón, con los pulmones, y con la respiración.

Y es que los automóviles presentan otro problema que hace difícil detener su crecimiento. Dejando de lado el hecho de que la cultura del automóvil está profundamente arraigada en el mexicano promedio, las empresas automotrices dejan mucho dinero; no por nada somos el séptimo lugar a nivel internacional en producción de automóviles; por lo que es natural que se incentive la compra de estos vehículos. El problema con el tránsito, al menos en la Ciudad de México, ha crecido hasta el punto de que un individuo promedio pasa cinco años de su vida atorado en el tráfico. El sistema de transporte público no ha mejorado, muchas partes de la ciudad siguen sin estar conectadas o accesibles a pie o en bicicleta, pero sí se invierte en contruir segundos pisos, pasos a desnivel, y autopistas más rápidas. Mientras que puede sonar lógico que a la hora de contruir más infraestructura para los automóviles, también es verdad que al hacerlo se incentiva el uso de los mismos, causa que las ventas aumenten, y por lo tanto causa que más automóviles circulen en la ciudad. La contrucción de pasos a desnivel y segundos pisos presentan también el problema de que causan que el mejoramiento del transporte público se deje en segundo plano, que se deban eliminar espacios verdes para permitir el paso a la contstrucción (véase el ejemplo del tren inter-urbano México-Toluca o del paso a desnivel en la marquesa),  arrebatándo así a la ciudad de sus pulmones. Por otro lado, la individualidad del automóvil evita que muchos negocios locales pierdan contra grandes super-mercados o centros comerciales, y que la economía de la ciudad se traslade exclusivamente a las zonas más ricas.

Si uno está acostumbrado a usar de manera diaria el automóvil, es difícil aprender a deshacerse de él, pero es suficiente con tratar de utilizar la bicicleta o andar a pie para ir a lugares cercanos, y pedir a las autoridades un mejoramiento del transporte público, usando el automóvil sólo cuando sea absolutamente necesario. Una vez que se comienza a hacer esto, es sorprendete ver que en realidad el auto se necesita muy poco. De nuevo, el futuro de nuestras ciudades, el mantenimiento del medio ambiente, y de la convivencialidad está en nuestras manos, y nosotros somos los únicos que podemos lograr un cambio para bien.


Fuentes:

1.- http://www.milenio.com/region/Autos-primera-fuente-contaminacion-pais-Mexico-enfermedades-humo-ozono_troposferico_0_338966122.html


Imagen: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3e/I-80_Eastshore_Fwy.jpg

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