El desastre ecológico en México I: la industria de los desechables

Por Ana Garduño

Hoy en día, muchos de los que sabemos que solo hay un mundo nos encontramos con diferentes problemáticas –pero sobre todo-  decepciones a la hora de cuidar del ambiente. Sea desde el simple hecho de ver el desinterés de los demás, pasando por testificar las formas por las que el gobierno falla al crear regulaciones que protejan ese bien común que es el ambiente, y llegando hasta evidenciar las pocas alternativas ecológicas que el sistema de consumo nos deja en la vida diaria (obstáculos para usar transporte público o bicicleta, imposibilidad de enontrar mercncías que no generen desechos o hallar vías alternas para la generación de una imagen social que poco tenga que ver con la marca, la tendencia o el estilo). Estas decepciones pueden deprimirnos o enojarnos, o simplemente llevarnos a perder interés en cambiar nuestros hábitos cotidianos. Me ha sucedido varias veces en el pasado, y había perdido en general mi interés y conciencia ecológica a través del YOLO cuando estaba en un mall o en algun bazar, hasta que noté por primera vez un movimiento que en realidad siempre había estado ahí pero nunca había alcanzado a percibir: el Zero Waste Movement, o el Movimiento Cero Residuos.

Este movimientos básicamente consiste en el llevar un estilo de vida en el que la mayoría de los productos de uso diario tengan una segunda vida (ropa de segunda mano, recipientes reciclables, etc), donde nosotros mismos creemos algunos de nuestros productos con el fin de evitar químicos y envases dañinos (ej. shampoo, desodorante, leche de base de plantas) y principalmente el evitar cualquier producto que genere un residuo peligroso para el medio ambiente, con el objetivo de mejorar la propia calidad de vida. También conocido como “minimalismo”; mucha gente en Estados Unidos y Europa ha decidido adoptar este estilo de vida, que aún necesita mucha difusión.

Hasta ahora, ese propóstio de año nuevo ha sido difícil ya que no producir basura es algo mucho más fácil de decir que de hacer, en especial cuando uno tiene que trasladarse a la universidad todos los días y hacer la mayor parte de su vida en un ambiente motorizado, donde el sostén opera bajo el formato take away y condicionado socialmente por etiquetas, modas y tendencias. En mi hogar realmente no encontré muchos problemas durante las vacaciones: si necesitaba comida, iba al mercado a comprarla en recipientes reciclados, y preparaba la mayoría de mis platillos en mi cocina. Sin embargo ahora, terminadas las vacaciones, me he dado cuenta de que absolutamente todo lo que solía comprar para subsistir un día de universidad estaba envuelto en alguna clase de empaque plástico o de papel; y ni siquiera me refiero a los típicos vasos desechables de café, si no a las presentaciones en que te dan las ensaladas, los sándwiches, e incluso el pan en sitios eco-friendly.

Hasta ahora me las he arreglado más o menos bien, pero esta situación me ha llevado a darme cuenta de que, al menos en México no se está atacando de manera directa una de las industrias más contaminantes: la industra de la comida rápida y los desechables. Por supuesto que hemos participado en cumbres internacionales para prevenir el cambio climático, hemos desarrollado panfletos y programas que hablan sobre reciclaje, y en general promovemos alternativas más “ecológicas” redactadas en papel y  a veces presentadas en formatos de lo más ecológicamente agresivos. Baste ver imágenes de gobernante hablando de política ambiental con una manta detrás que dice “Mover a México”.

Me gustaría recalcar que aunque la industria del transporte automotriz y el descuidado sistema de transporte público son otro aspecto que ha influenciado en gran medida en el desastre ecológico en el que se encuentra nuestro país, por ahora no me estaré centrando en ellos y los dejaré para la siguiente entrada. Hoy me importan en concreto los productos desechables. Me impactó mucho que apenas en 1998 (cuando el consumo de plástico no era tan extendido como hoy en día y la densidad de población de nuestro país no era tan grande), el consumo total de plástico fue de 29 kg por habitante, donde sólo se recuperaba 12% del plástico deshechado; y si eso fuera poco, según la SEMARNAT en 2017 la cuenta de basura fue de 300 kg por habitante con una proporción de recuperación más o menos consistente.

Según datos de El Financiero, una de las razones por las que la basura en general no se recicla es por falta de infraestructura y por falta de compromiso por parte de las empresas para implementar programas de reciclaje.

¿Realmente debemos esperar a que las empresas o el gobierno comiencen a cuidar del medio ambiente o existe una alternativa para realizar el compromiso de reducir nuestro consumo de materiales dañinos a título más personal?

Algunos establecimientos usan la estrategia de otorgar descuentos a la gente que lleve sus envases o que lleve sus propias bolsas para guardar sus compras, pero estos no se promueven y sólo se descubren si el propio individuo tiene la resolución de dejar de consumir desechables. La mayoría de los supermercados vende bolsas reciclables, sin embargo la primera opción para los empacadores siempre es poner todo dentro de las bolsas de plástico, a menos que el cliente indique lo contrario. De nuevo, el problema es que mucha gente desconoce cómo puede ayudar, y los establecimientos siguen promoviendo una cultura de los desechables por comodidad. Se tiene un problema gigantesco a la hora de tratar los residuos y separarlos, y hace falta infraestructura que permita aprovechar la basura que generamos, y tratarla de una manera más eficiente. Urge trabajar campañas de comunicación que generen un cambio social en este sentido; formas de publicidad alternativa que generen no solo cambio sino un verdadero status en el consumidor ecológicamente conciente.

Para muchos, el vivir completamente zero waste es prácticamente imposible. No por una razón egoísta o por comodidad, si no porque la misma ciudad y la misma forma de vida que llevamos te exige el comprar ciertos productos empacados (sin mencionar los medicamentos, productos de canasta básica y ropa). El mercado es un sistema que opera bajo sus propios axiomas y en éstos está indirectamenete el generar más residuos como consecuencia de generar más desarrollo por acumulación, sin embargo, todos podemos aportar a la solución de crear un México y un mundo mejor al ser compradores conscientes y centrarnos en lo estrictamente necesario; de tratar de apoyar al comercio local como tiendas de convenencia y mercados, al rechazar la fast-fashion y tratar de comprar ropa buena y duradera o de segunda mano; de detenernos a pensar en qué es lo que realmente necesitamos, y en simplemente negarnos a recibir una bolsa de plástico. Yo lo he vivido; el llevar una forma de vida minimalista causa que nos preocupemos por las cosas que ya tenemos, y que dejemos de comprar por comprar, logrando así un equilibrio no sólo con nosotros mismos, sino también con el medio ambiente.


Fuentes:

1.- http://www.jornada.unam.mx/2013/05/27/eco-g.html

2.- https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/39412/RESIDUOS_SOLIDOS_URBANOS-_ENCARTE.pdf

3.- http://yucatan.com.mx/mexico/medio-ambiente/se-estima-mexico-habitante-genera-300-kilos-basura-al-ano

4.- http://www.elfinanciero.com.mx/empresas/la-basura-en-mexico-negocio-desaprovechado-de-mil-mdd.html

5.- Gaceta Ecológica, ”La situación de los envases de plástico en México”, 2003, SEMARNAT


Imagen: http://i.dailymail.co.uk/i/pix/2013/09/05/article-0-0BDFE30200000578-891_634x400.jpg

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