El consumismo y la obsolescencia programada

Por Ana Fernanda Garduño

Los centros comerciales son un lugar curioso de visitar: no sólo por la ilusión que nos causa el pensar de nosotros usando un objeto en particular; sino para ver a la gente en sus ires y venires, las cuales, mezcladas, se asemejan a un montón de insectos abriéndose paso entre sí.
En los centros comerciales siempre hay gente; pero cuando surgen feroces multitudes que arrasan con los productos son en dos ocasiones en particular: Cuando son fines de semana y tiempo de rebajas. Toda esta gente no va por algo en particular, no van por algo que quieran, van a ver si quieren algo.
Esta fiebre de compras es más marcada entre nosotros los jóvenes. Yo misma, muchas veces, voy a los centros comerciales a “bobear”, no por algo que necesite realmente. En esas ocasiones, yo, como lo hacen miles de adolescentes y jóvenes alrededor del mundo, estoy cayendo en un trampa llamada: “Consumismo” y “Obsolescencia programada”.
Los comerciantes y fabricantes están más interesados en la calidad de lo que creemos; aunque, más bien, se interesan en la MALA calidad -¿Por qué?- nos preguntamos. La cuestión es muy simple: Un producto de alta calidad promete una vida larga; por ende, sólo se compraría uno de ellos que te duraría toda la vida. Eso no le conviene a los comerciantes; por lo que se dedican a crear productos de mínima calidad; asegurando que debamos y queramos comprar otro. Apoyándose de la mercadotecnia, los descuentos y ofertas, enganchan al consumidor a comprar un producto que tendrá muy poca vida útil.
Nosotros caemos en esto muchas veces; sea comprando cosas muy baratas repetitivamente, la pérdida económica es mayor a que si compramos una cosa cara y buena que nos durará mucho tiempo.

Pero no solamente es esto necesario para prevenir la obsolescencia programada. Para no caer en esta trampa, debemos tener muy claro nuestro objetivo en el centro comercial; debemos saber qué vamos a comprar, y parar de ir a “bobear”. En los centros comerciales hay muchos productos bellos y llamativos que captan nuestra atención de inmediato al usar colores determinados o imágenes idílicas. Debemos poner atención a nuestro alrededor a la hora de comprar, ir directamente a lo que necesitamos, y saber elegir muy bien qué compramos; revisando de qué material está hecho, cuanto cuesta, e incluso muchas veces, la marca.
Tampoco está mal ir a “bobear”. A pesar de que muchas veces nos pongamos como propósito el adoptar el radical esquema del “Club de la pelea”, hay que aceptarlo: Somos una sociedad que necesita consumir. Sea para no aburrirnos, o para llenar un vacío en nuestras vidas, no podemos negar que el comprar nos hace sentir mejor. La clave para comprar radica en encontrar ese punto medio entre el “Club de la pelea” y “Loca por las compras”. Hay que ser objetivos a la hora de comprar; ser inteligentes, y sobre todo, tratar de no caer en el consumismo extremo, ni en la obsolescencia programada.

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Ana Garduño

Soy una joven de 15 años bastante extraña. Me gusta la música de los noventas, los cómics, los videojuegos, los libros, y sobre todo, escribir. A pesar de mayoritariamente escribo ficción, también me interesan temas sobre mi generación, y las pasadas, su evolución cultural, y el papel que juegan y jugarán en la sociedad