El caso de Kitty Genovese y el perverso “efecto observador”

Por Omar Sánchez

Esta es una de esas historias que se aparecieron por primera vez en la nota roja de la prensa de cualquier urbe, pero con el tiempo pasaron a ser parte de los anales de la psicología social. Esta es, en resumen, una historia increíble pero cierta.

Resulta que en 1967, Kitty Genovese de casi 30 años volvía por la madrugada a su casa en New York, sí, New York; ciudad reconocida por propios y ajenos como una de las urbanizadas y cosmopolitas de Estados Unidos.

Alrededor de las 3 de la madrugada, Kitty aparcó cerca de su departamento en Queens y caminó hacia la puerta que la vería entrar por última vez.

Antes de poder entrar, un sujeto corrió hacia ella y la atacó con un arma punzocortante.

Hasta aquí, todo es una tragedia conocida, una tragedia que no debería pasar más en ningún país y a ninguna persona, pero una historia conocida después de todo.

Entonces, ¿qué llevó a este caso a convertirse en uno de las agresiones más famosas del siglo pasado y a su vez en el fundamento de lo que hoy la psicología social conoce como uno de los efectos más extraños alguna vez reportados?

Pues bien, al hacer la investigación, la policía reportó que al menos 12 vecinos (hay quien reportó más de 30), de departamentos aledaños observaron el desarrollo del ataque, sin que ninguno hubiese realizado una acción concreta para detenerlo.

Como notas importantes, se sabe que no todos observaron todo el ataque (algunos sólo el inicio o el final), también se sabe que pudieron haber sido más observadores, pero lo que de verdad destaca es que hubo quien tenía absoluto conocimiento de lo que sucedía en tiempo real y no se hizo algo para detenerlo.

Todos observaron, sólo un vecino llamó a la policía… una vez pasada la agresión.

¿Qué sucedió en la mente de esa gente que impidió hacer algo al respecto?

Para responder esta pregunta, los psicólogos sociales plantearon una posible explicación propensa a ser principio generalizado: Cuando hay mucha gente observando una situación de peligro a terceros, la posibilidad de que uno en particular ayude, es menor. Es posible que cada uno piense “tarde o temprano, alguien más ayudará” y esto precisamente es el “Síndrome Genovese”.

 “Estamos hablando de hace varias décadas en New York”, dicen los optimistas.

¿Será una cuestión de época?

Para aquellos que pueden pensar que la época es el factor determinante y que en la actualidad esas cosas no suceden, se rescata el caso de Lesandro Guzmán, adolescente que recién fue atacado por más de diez sujetos, ¿lugar?… sí, New York, …El ataque fue grabado por cámaras de una tienda de vigilancia y por un celular, cuyo dueño no hizo más que grabar la agresión.

Sin ánimo de hacer más gráfico el lamentable ataque a Lesandro, es necesario exponer que casi cincuenta años después, el hecho se repite, prácticamente como un deja vu de lo que sucedió con la señorita Genovese. 

El mundo de las cámaras y dispositivos electrónicos que llevamos como asistentes personales, redes sociales, historias en tiempo real y la facilidad de conectar con prácticamente cualquier persona del orbe, no parece ser suficiente cuando de ayudar a alguien cuya vida pende de un hilo se trata.

¿Cuántas tragedias similares han pasado a lo largo de la historia de la sociedad actual?, ¿cuántas más están pasando ahora mismo?, ¿cuántas seguirán sucediendo?, ¿cuál es nuestra responsabilidad como individuos en ellas?; para empezar: ¿Se puede hablar de una responsabilidad individual en lo colectivo?

Ante tal panorama y ante eventos tan trágicos pero reales como los anteriores, deberíamos hacer una pausa en el ritmo de vida que actualmente llevamos y hacer un esfuerzo por renovar nuestra capacidad de receptividad ante lo que sucede en nuestro entorno y por ende, lo que le sucede a los terceros en dicho entorno.

Entrar en terreno de los “debería” en sociedad, nos lleva también a invadir el terreno de “lo bueno y lo malo”, pues quizá haya quien opine que al intervenir en un evento de esa naturaleza es ponerse en riesgo a sí mismo.

Más allá de los dilemas que plantea la moral vigente, la propuesta es renovar votos de responsabilidad desde lo individual para la sociedad de la que somos parte; es pues, realizar un análisis personal acerca de la posible perversión y consecuencias que tiene nuestro observar y hacer… y principalmente nuestro observar sin hacer.

¿Qué te deja a ti el caso de Kitty Genovese?

¿Has estado en la situación de observar una injusticia y quedarte pasmado?, ¿cuál fue tu experiencia?

¿Crees que como individuos es nuestra responsabilidad detener un acto agresivo a terceros?


Imagen: https://www.01net.com/actualites/votre-patron-espionne-t-il-vos-flux-ssl-faites-le-test-612328.html

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