El amor explicado por neurocientíficos

Por Fernando López Armenta

Febrero aún no había llegado cuando los escaparates de diferentes comercios ya estaban repletos de globos rojos, frases de amor y por supuesto, alguna ocurrente imagen de cupido (con sus flechas de corazón y toda la cosa). Lo cierto es que, después de la monumental tamaliza del día de la Candelaria, el día del amor y la amistad es probablemente la fecha más celebrada durante el segundo mes de cada año. En los preparativos nunca pueden faltar los pequeños detalles para los amigos, las tarjetas de felicitación y, en muchas ocasiones, el tortuoso ritual del intercambio de regalos en la oficina y/o escuela. Debido a que todas estas inefables muestras de afecto son insuficientes para regocijarnos del inconmensurable amor que llevamos dentro (sarcasmo), en esta ocasión puedes llevarte hasta la comodidad de tu computadora/teléfono/tablet un nutrido compendio de datos interesantes sobre cómo los neurocientíficos explican el divino milagro del amor.

Lo primero que debes saber al respecto es que las neurociencias estudian, entre muchas otras cosas, la base bioquímica de fenómenos mentales subjetivos como las emociones, el aprendizaje o la atención, por mencionar algunos. El más maravilloso y siempre triunfante de los sentimientos, el amor (sarcasmo otra vez), no ha quedado excluido y desde hace algunos años un montón de científicos alrededor del mundo se han recluido en modernos laboratorios para intentar averiguar que pasa en nuestros cerebros cuando finalmente conocemos a esa persona con la que hicimos match en Tinder y que, sorprendentemente, resultó ser igual de atractiva que en sus fotos de Instagram.

La cosa empieza mal. Durante el inicio del proceso de enamoramiento en el cerebro se activan las mismas áreas que son estimuladas durante el consumo de diferentes sustancias como el alcohol, la nicotina y otras drogas psicoactivas. En palabras llanas, se podría decir que la experiencia de estar enamorado puede ser comparada con la experiencia de estar bajo la influencia de alguna droga. En este punto será necesario señalar que algunas sustancias químicas (neurotransmisores) son los responsables de generar todo este desorden bioquímico en el cerebro enamorado.

La dopamina es uno de los principales neurotransmisores involucrados en las conductas motivadas, es decir, todo aquello que realizamos con el objetivo de obtener alguna recompensa que, a su vez, genera en nosotros una sensación de placer.  En esta etapa, la novedad de conocer a alguien hace que la dopamina activa en el cerebro incremente su concentración y esta molécula es la responsable directa de que incremente la frecuencia cardíaca y la presión arterial. El torrencial de dopamina que inunda tu cerebro va a conseguir también que las funciones racionales se inhiban en alguna medida, fallará tu capacidad de evaluar de forma lógica algunas situaciones y juzgarás erróneamente algunos acontecimientos, de un momento a otro te parecerá que la persona frente a ti carece de defectos, encontrarás que tiene un gusto exquisito, modales inmaculados, una cultura refinada y una belleza física que no superaría ni Dios. Vamos, que la etapa de enamoramiento es algo así como un estado de intoxicación: tu cuerpo funcionará diferente, tu mente funcionará diferente y seguramente tus finanzas seguirán este mismo triste destino.

¿Qué pasará después de probar la peligrosa droga del amor por primera vez? Nada fuera de lo esperado. Tendrás las mismas consecuencias que experimentarías después de haber consumido alguna droga psicoactiva. Tan pronto te despidas de tu bien amado, la dopamina en tu cerebro disminuirá; experimentarás ansiedad, sentirás que algo te hace falta y encaminarás tu conducta a la búsqueda de un nuevo encuentro, sentirás una especia de extraña desesperación por verle, escribirle y escucharle, las neurociencias han descubierto que durante el enamoramiento se desarrolla, literalmente, una dependencia química que explica la necesidad insaciable de estar cerca de la persona en cuestión. La cosa se pone aún más interesante porque los circuitos neuronales que controlan la liberación de dopamina no funcionan de la misma forma en hombres y en mujeres (inserte aquí su comentario anti-patriarcal). Para los hombres, la apariencia física es la principal variable que genera un incremento de la acción de este neurotransmisor, mientras que en las mujeres están involucrados otros sentidos como el tacto y el olfato.

Ahora viene la hora sad: el enamoramiento, desde la perspectiva neurobiológica, siempre tiene un fatídico e irremediable desenlace. Con el paso del tiempo, la dopamina deja de hacer el mismo efecto en nuestro cerebro y paulatinamente vuelve a su funcionamiento normal (al de antes de la tormenta dopaminérgica). Recobramos el juicio, comenzamos a notar imperfecciones y de repente dejamos de sentir mariposas en el estómago. Esto se debe a que el cerebro deja de responder de la misma forma porque se trata de un estímulo que ya conoce. Pero no todo está perdido. Existe otro neurotransmisor que puede llegar al rescate de tu feliz historia de amor (o no). La oxitocina es una molécula que también actúa en el cerebro y cuyo efecto está relacionado con la experiencia del apego. A diferencia de la dopamina, la oxitocina no genera euforia, sino un deseo de permanecer con una persona en una relación más estable y de mayor duración. Si la etapa del enamoramiento ha tenido éxito, existe la posibilidad de que este neurotransmisor cobre protagonismo cuando el huracán del enamoramiento haya pasado.


Imagen: http://www.psychondesk.it/tag/love/

 

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