¿Egresados y desempleados?

Por Jimena Figueroa Gómez

 

Terminamos la universidad y después, ¿Qué será de nosotros?

En el tercer semestre de preparatoria mi profesor de química comenzó a hablarnos de nuestro futuro, cuando ya fuéramos profesionistas, y  siempre  llegaba a la misma y aterradora conclusión: él estaba formando desempleados.

La verdad, en un primer momento no le tome mucha importancia a su comentario; sin embargo a casi un año de salir de la prepa, no he podido evitar retomarlo.

¿Realmente se nos está formando para terminar desempleados?

Hoy en día las máquinas y la tecnología están sustituyendo a la mano de obra humana con suma rapidez, provocando que el mercado laboral sea cada vez más pequeño. Y como consecuencia, las empresas requieran de sus empleados más habilidades y capacidades. Haciendo cada vez más difícil el conseguir un trabajo.

En el mundo actual hay cerca de 199,4 millones de desempleados y aunque suena como una cifra tolerable, tiene grandes repercusiones en la economía global. 199,4 millones de personas que no tienen un ingreso fijo y que por lo tanto no tienen acceso a prestaciones y servicios de un trabajador promedio. Los cuales 290 mil son jóvenes recién egresados.

Vamos, que después de haber pasado entre 4 y 5 años en una universidad preparándonos para estar suficientemente “capacitados” para ejercer como profesionales, el mercado laboral nos da una bofetada demostrándonos que, de hecho, aún nos falta mucho por aprender y muchísimas aptitudes que cumplir.

Pero, ¿Qué es lo que realmente espera el mercado laboral de nosotros?

Bueno, según el foro económico mundial, hay principalmente 10 competencias o megahabilidades que se buscan, o buscarán,  en los empleados para el año 2020 (para el que no falta mucho), son: la resolución de problemas complejos, tener un pensamiento crítico, ser creativo y tener un buen manejo de personas y la coordinación con los demás. Además es necesario contar con inteligencia emocional, juicio y la capacidad de tomar decisiones aún en momentos de tensión, se busca que de parte de los empleados haya una orientación de servicio y capacidad de negociación, claro sin olvidarnos de la flexibilidad cognitiva.

Eso quiere decir que se busca no un empleado bien formado académicamente, sino aquel que sea capaz de ser un líder sin interponer los sentimientos y el estrés, además de innovar y crear soluciones. Hoy en día las empresas buscan, ya no a aquella persona capaz de realizar una tarea perfectamente y solo dedicarse a eso; sino a aquella persona que sea capaz de realizar diversas tareas de forma casi impecable  y así poderse ahorrar unos cuantos trabajadores en el proceso.

Sin embargo es muy importante aclarar que aunque tengamos todas esta características, eso no nos garantiza (de ninguna manera) el tener un trabajo en esta sociedad donde las oportunidades de obtener un buen empleo son cada vez más escasas, y  todo el mundo se sumerge en una competencia desenfrenada los unos con los otros en cuanto surge una nueva oportunidad

¿Pero quién puede culparnos si llevamos la mayor parte de nuestra vida académica y personal compitiendo?

Competimos por quién saca las mejores calificaciones en los exámenes, quién viste mejor o cuenta con las mejores cualidades físicas, quién es más capaz y casi nos abalanzamos los unos contra los otros en cuanto surge una nueva oportunidad.

Competimos aún cuando no hay razones para competir, y además nos olvidamos que no por el hecho de que impidamos que alguien consiga mejores oportunidades que nosotros eso debería, de algún forma, garantizar que nosotros obtendremos esas oportunidades. Y esto se aplica en especial al campo laboral.

Y aunque esto tiene sus ventajas como que, gracias a esa competencia, somos capaces de explotar en su totalidad nuestras habilidades y no nos quedarnos en el “conformismo”. Sin embargo no debemos de olvidar que en un futuro, no tan lejano, nosotros llegaremos ser los jefes y líderes de grandes corporaciones y como tales podremos, de cierta forma, cambiar la situación que hoy en día nos aqueja.

Como jóvenes, hasta este momento, podemos hacer de nuestro futuro lo que queramos por que el camino aún no está completamente marcado, podemos emprender y crear nuevas soluciones que nunca antes han sido planteadas.

En esta sociedad de constante cambio de tendencias y modas, una mente brillante que este dispuesta a innovar y crear nuevas soluciones nunca pasa desapercibida y a pesar de que el camino definitivamente no será fácil y  el riesgo será muchísimo mayor las recompensas también lo son.

Emprender es complicado, pero ¿Qué haces si las reglas del juego no te gustan? Simple las cambias. Miles de jóvenes, y no tan jóvenes, lo han intentado logrando un éxito arrasador. Un ejemplo, que además de ser una mujer joven mexicana busca no ser tan dañina al medio ambiente, es el caso de la empresa “Pithatia” que crea esmaltes de uñas completamente ecológicos o la empresa “Lolkina” quien apoya a mujeres artesanas de Yucatán haciendo que, mediante sus productos,  logra que lo mexicano sea, de nuevo, una moda.

 

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