Educación y juventud, semilla de la disidencia

Por Teolinca Velázquez

Existe algo distintivo en la juventud. Salvador Allende decía que “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, sin embargo otra característica fundamental en la juventud revolucionaria ha sido la educación. En la infancia se tiene ese ensueño por la vida que cubre los juegos, se tiene el deseo de heroísmo que se ve reforzado por una educación primaria que se divide entre lo bueno y lo malo, por ejemplo, en México los buenos son los héroes de la patria como Miguel Hidalgo y  Morelos que lucharon contra el ejército realista; Benito Juárez, el Benemérito de las Américas, luchó contra los conservadores y triunfó con las leyes de Reforma. En la historia mundial el pueblo cortó la cabeza a la monarquía en señal de progreso, al grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”. Repetimos desde niños las frases célebres de quienes nos han dicho que son  los libertadores: “El gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”, “La tierra es de quien la trabaja”, “La Patria es primero”.

Este tipo de educación lleva al joven que apenas está abriendo los ojos a la madurez y que se encuentra en la transición de un mundo de ensueño a un mundo real, a saber que la perfección llegará cuando el hombre no se sienta desgarrado, mutilado, disminuido o en peligro (Wilde, El alma del hombre bajo el socialismo, 2010). Wilde propone que el único fin que debe perseguirse es la reconstrucción de la sociedad de tal manera que no sea posible la pobreza, sin embargo el joven entra en un mundo en el que considera normales la miseria, el despojo y la esclavitud; de ese primer golpe con la realidad es que nacen los deseos de cambio social, nace un joven revolucionario.

“La desobediencia, a los ojos de todo aquél que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre. Al fin y al cabo el progreso humano se ha hecho posible a través de la desobediencia” (Wilde, 2010). Aunque el mundo castigue a los agitadores, los libros y la historia testifican en pro de ellos; comienza una lucha entre la teoría y la práctica, entre lo que es y lo que debería ser, siendo las juventudes estudiosas, como las llamaba el Che Guevara, los principales defensores de la libertad del hombre, los que tienen el valor de la rebeldía (Guevara, Obra Revolucionaria, 1967).

Victor Hugo en su novela Los Miserables, describe a un grupo de jóvenes que se reúne regularmente con un objetivo que aparentemente era la educación, pero que en realidad era la elevación del hombre. Amigos de los degradados, anhelan elevar al pueblo, elevar a las clases trabajadoras aunque paradójicamente algunos provengan de familias que pudieron otorgarles una buena educación y acceso a los libros. Entre las calles de Francia, escribe Víctor Hugo, se gestaron grupos estudiantiles de insurrección; cantan en el musical “Rojo: Un mundo apunto de amanecer/ Negro: La noche que al fin termina”, se rebelan por valores como República y Libertad. Hijos de la Revolución Francesa, estos chicos tienen en común una misma religión: el Progreso (Victor Hugo, Les miserables).

El movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en los años sesenta tuvo la peculiaridad de que tuvo su mayor apoyo en niños y jóvenes estudiantes que marchaban por el derecho al voto de sus padres y maestros. Este movimiento concebía el no ser libre como la incapacidad de distinguir entre lo que es beneficioso y perjudicial (Ansbro, Martin Luther King,Jr.: El desarrollo de una mente, 1985), si lo que se buscaba para  la gente afroamericana era la facultad de ser dueños de sí mismos, de poder decidir a través del voto, existía entonces la necesidad moral de protestar. Sin embargo, en una de las etapas del movimiento ocurrió que los estudiantes tenían más valor que los padres y maestros quienes temían perder su trabajo, este acontecimiento da el ejemplo de la diferencia entre un joven estudiante y una persona que ya tiene un trabajo establecido: quien ya ha entrado al mercado laboral puede llegar a ser más pasivo, tiene mucho que perder y probablemente no gane nada en la búsqueda de un cambio social.

No estoy diciendo que nos levantemos en armas ahora mismo; en los dos casos mencionados se buscaba un cambio social que es la libertad del hombre, en el primero de forma bélica y en el segundo por medio de la no violencia pero en ambos fue la educación quien sembró la semilla de la rebelión en los hijos de las ciudades (Guevara, 1967). Siendo entonces la educación la plataforma de los cambios sociales, es importante que no se dejen ciertos elementos que la componen, la permanencia del estudio de las ciencias sociales y las humanidades es uno de ellos, que no deje de ser el estudio lo que compone al ser humano para dejar paso a lo que es económicamente productivo es otro. También es relevante el estudio de quienes son considerados “héroes patrios”, México tiene un problema que lo separa de América Latina: el constante menosprecio de sus héroes patrios, se intenta por ejemplo encontrar características “negativas” a los héroes patrios de tal manera que no se encuentra frecuentemente en México la misma pasión que un venezolano presentaría por Simón Bolívar. Y por último, desde mi perspectiva, el más grave de todos los males, es la forma en cómo se ha ido perdiendo el trabajo en equipo; la nueva tecnología ha provocado que los estudiantes trabajen solos más veces de las que trabajan en equipo, perdiéndose así el sentimiento de fraternidad que caracteriza a un movimiento social, sea violento o no, de tal manera que el joven de hoy al no convivir va perdiendo la noción y el interés por lo que es beneficioso y perjudicial en su sociedad, va dejando de ser libre desde antes de dejar la teoría; el trabajo en equipo es sustancial para el cambio social porque le permite al joven darse cuenta de otras realidades ajenas a la suya y preocuparse por hallar una solución en conjunto más allá de una solución personal. Por eso, ser joven en esta época implica una gran responsabilidad ( Allende, Presente,2010).


 References:

Ansbro, J. J. (1985). Martin Luther King, Jr.: El desarrollo de una mente. México: Publigrafics.

Gossens, S. A., & Roitman, M. (2010). Salvador Allende presente. Madrid: Diario Público.

Guevara, C., & Retamar, R. F. (1967). Obra revolucionaria. México: Ediciones Era.

Hugo, V. (n.d.). Les miserables. New York: Modern library.

Wilde, O., Baeza, R., & Serna, J. G. (2010). El alma del hombre bajo el socialismo y notas periodísticas. Madrid: Diario Público.


Imagen: https://pixabay.com/es/estudiantes-escuela-primaria-aldea-1177716/

 

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