Educación y jóvenes: enemigos del autoritarismo

Por Alberto Ugarte

En el contexto latinoamericano poco se sabe del ascenso del autoritarismo húngaro. Durante los exhaustivos esfuerzos por entender lo que paso en la elección de los Estados Unidos, el nombre de Viktor Orbán fue mencionado en solo algunos medios de habla hispana. No obstante, las políticas racistas, autoritarias y xenofóbicas del actual régimen húngaro tambalean a una Unión Europea frágil y vulnerable ante lo que parece ser un nuevo orden iliberal. Hace justamente 26 años, Hungría miraba con anhelo el retorno de la democracia y las ideas liberales provenientes de países vecinos. En 2004 dicho anhelo democrático se consolidó con la entrada a la Unión Europea, hasta este punto Hungría parecía que se movía a formar parte del proyecto supranacional más importante en la historia. Lamentablemente este temporal estado social y político se transformó rápidamente en un sistema político excluyente, racista y con un miedo constante a la diversidad cultural y social. La figura de Viktor Orbán se ha apropiado del sistema legislativo, judicial y empresarial del país. De la mano de su partido político, la corrupción y otros temas negativos parecen estar maquillados por una lucha en contra de refugiados y otras minorías. Bajo la misma retórica el gobierno húngaro ataca las instituciones democráticas domésticas y extranjeras. Desde 2015 organizaciones no gubernamentales, centros de investigación y medios de comunicación han sido señalados como los principales responsables de todos los problemas que aquejan a la sociedad húngara. Es evidente que dicha retórica ha sido utilizada por el único partido que controla casi todas las ramas de gobierno. Desde principios de la década pasada, Fidesz, partido político de índole conservadora lleva las riendas de la política económica y exterior húngara. Esto provocó que la postura de Hungría en temas como migración y cooperación económica se enfocara en la represión de minorías y en el proteccionismo.

Todo lo antes mencionado provocó que Hungría pasara de ser un país democrático y libre a una cuasi dictadura guiada por la represión, la censura y el constante ataque a los derechos humanos de refugiados y otros grupos sociales. Desde principios de abril el Primer Ministro redactó una ley que suprime el derecho a la libre cátedra. El ataque a la libertad de enseñanza no es sorpresa, desde hace algunos meses la antagónica lucha en contra del liberalismo político se enfocó en obstruir y desprestigiar a académicos y miembros de organizaciones civiles a fin de eliminar la difusión de ideologías ajenas al régimen. Estos intentos culminaron la semana pasada cuando el parlamento aprobó la ley que tiene como principal objetivo limitar el funcionamiento de universidades extranjeras y nacionales.  Aunque los medios locales y otros actores políticos desmientan las intenciones reales de la ley, ésta ataca de manera directa a una universidad en particular: Central European University (CEU). Desde 1991 CEU ha formado parte esencial de la formación de jóvenes húngaros y de otras 160 nacionalidades. Una universidad global, que forma parte del top 50 de universidad en el mundo es considerada por los seguidores del actual régimen como una amenaza a la soberanía húngara. Ilógico, triste y poco increíble estos son los argumentos que rodean a los nuevos jefes del autoritarismo húngaro. Poco se habla de la persecución de académicos en el mundo, el caso de Turquía, por ejemplo, ha sido olvidado a pesar que sucedió hace algunos meses. Aunque periódicos globales han realizado notas importantes, ambos casos son poco mencionados en América Latina. Más allá del tema político la censura académica es un tema que afecta a los jóvenes de todo el mundo. La represión intelectual y la persecución de intelectuales es un tema fundamental para defender un mundo libre, multicultural y democrático. El resurgimiento de la extrema derecha en el mundo es tema complejo pero el ataque a CEU demuestra que los jóvenes son agentes de cambio; ese cambio que no simpatiza con el nacionalismo extremo ni las dictaduras, ese cambio que todos los países, incluyendo México, necesitan para que nosotros los jóvenes tengamos un futuro abierto, seguro y libre.  La construcción de regímenes autoritarios comienza atacando a los jóvenes y sus ideas. Karl Popper y otros jóvenes en 1940 lo experimentaron en carne propia. Así como Popper argumenta, las sociedades abiertas son el enemigo perfecto de la política totalitaria y personal de muchos dictadores en la historia del mundo. Es por eso que el ataque a CEU y todas las universidades del mundo debe de ser tomando con seriedad y cautela en tiempos donde el populismo y el autoritarismo creen tener la solución a todos los problemas en nuestro mundo.   

Inspiradas por la libertad de expresión, la democracia y la transparencia, el domingo 9 de Abril 70,000 personas salieron a las calles de Budapest para defender no solo a CEU sino también a la libertad de expresión y el regreso de la democracia húngara. A esas 70,000 personas se les sumaron cartas de solidaridad y apoyo de más de 50 universidades como Princeton, Harvard, Oxford y Yale. Académicos, políticos y activistas de todo el mundo, como el ex – Secretario de Naciones Unidas Kofi Annan y el premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, se solidarizaron con CEU y con todos los jóvenes del mundo para detener el poder del autoritarismo en un país que históricamente experimentó el nazismo y sus consecuencias. Hasta el momento dichos esfuerzos no han representado cambio alguno en la postura del gobierno húngaro, no obstante la comunidad intelectual en Budapest mantiene la esperanza de poder defender la libre cátedra y todos sus beneficios. Los remedios legales a nivel de la Unión Europea aun no se agotan, al parecer la lucha continúa y CEU se mantiene segura que su lugar es en Budapest.    


Imagen: http://www.curara.ru/2017/04/why-istandwithceu.html

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