Editamos el pasado a través de la memoria

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Viajar en el tiempo es posible gracias a la memoria, a través de los recuerdos nos describimos una y otra vez, logrando definir quienes somos en cada recuento. Estas imágenes mentales que nos describen a través del tiempo son un tema tan complejo y extravagante que ha sido retomado por muchos representantes del arte de todos los tiempos.  Pero, ¿qué es la memoria?

La palabra memoria viene del latín memorĭa, formada a partir del adjetivo memor (el que recuerda), y el sufijo -ia, usado para crear sustantivos abstractos, y que también dio origen al verbo memorare (recordar, almacenar en la mente).

La memoria es la función cerebral que gracias a las conexiones sinápticas entre las neuronas nos permite conservar nuestra historia por medio de recuerdos. Nuestro cerebro contiene unos cien mil millones de neuronas y cien billones de interconexiones entre esas neuronas, ¡algo realmente increíble! Por su parte, los recuerdos son imágenes mentales del pasado que se almacenan en la memoria, o sea, hechos subjetivos que nos explican.

Para lograr almacenar los recuerdos en la memoria, la primera fase que realiza el cerebro es la de codificar toda la información que percibe; luego la almacena creando un registro permanente para cada dato recibido; y finalmente, cuando buscamos en nuestra mente algún pasaje de nuestra historia personal, la recupera.  ¡Así de sencillo!

Existen también los recuerdos falsos, o sea, aquellos eventos que nunca sucedieron o en su defecto la distorsión de un hecho que sí sucedió.  Entonces, como seres humanos, somos resultado de la subjetividad y la percepción, el proceso de almacenamiento de los recuerdos no es meramente un proceso de almacenamiento de información, en tanto que, es totalmente subjetivo. Todo tiene que ver con la percepción, los recuerdos son un recuento de alguna situación, o sea, nuestra propia versión de los hechos.

Recordar es volver a vivir, y en cada memoria revivimos de una forma distinta, pues cada que buscamos en nuestra mente algún suceso o experiencia, encontramos detalles que no habíamos considerado, es decir, tenemos nueva información. Por lo tanto, reconstruimos nuestro pensamiento y le damos una interpretación distinta al mismo recuerdo en cada ocasión. Así, nos autodeterminamos y se va forjando nuestra personalidad.

De modo que, los recuerdos son una sustancia viva en nuestra mente, dinámica y cambiante que nos permite viajar en el tiempo sin condiciones, experimentar en repetidas ocasiones una emoción y convertirse en dueños de nuestro estado de ánimo.

Nuestros recuerdos son algo tan místico que han intrigado a la humanidad entera por décadas. Muchos artistas a través del tiempo han abordado este tópico relacionando tiempo y memoria de una manera bastante interesante a través de pinturas, poemas, películas, canciones, etc. Uno de los exponentes más importantes del surrealismo, el pintor  Salvador Dalí, fue uno de ellos, y a través de su obra La persistencia de la memoria, se encargó de reflejar la inconsistencia del tiempo cuando se trata de los recuerdos.

La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.
La persistencia de la memoria, Salvador Dalí.
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Según el artista, en su mundo onírico, el tiempo lineal que avanza continuamente no tiene ninguna importancia y nuestro pasado está grabado en nuestro recuerdo.  En el cuadro, Dalí se refirió a los relojes blandos como un símbolo de las cuatro dimensiones del continuo espacio-tiempo de la teoría de la relatividad, la cual, demostró que  “cada cuerpo tiene su propio tiempo, mismo que depende de su movimiento y de su estado energético, entonces, el paso del tiempo es relativo”.

Palabras Pintadas, Mario Benedetti.

 Por otro lado, el uruguayo Mario Benedetti, dedicó uno de sus poemas para hablar del recuerdo. A través de algunas líneas en su poema Palabras pintadas, el autor hace referencia a la importancia que tienen éstos en nuestro ser, llamándolos “los ladrillos del pasado” o “pedazos de vida”.

La memoria es ese punto de partida que nos cambia o reafirma, según lo decidamos nosotros mismos. Es posible modificar nuestros recuerdos de forma consciente o inconsciente, todo depende de las circunstancias de ese momento, de nuestro estado de ánimo y de nuestra capacidad de análisis.

Además, al recordar le imprimimos a nuestro pasado nuestra naturaleza humana; es decir, nuestras experiencias, miedos, traumas, expectativas, etc. De cualquier forma, seguimos siendo humanos, seres totalmente subjetivos en constante definición. Como afirma el escritor Jorge Luis Borges, “somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”.

Finalmente, en la película Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, dirigida por Michel Gondry se nos plantea de una manera extraordinaria la posibilidad de editar e incluso eliminar de nuestra mente los recuerdos que nosotros mismos hemos elegido, es decir, borrar para siempre de nuestra memoria una parte de nuestra vida.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. http://www.lamegaonline.com
Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. www.lamegaonline.com

Es posible observar en la historia lo evidente que resulta la ausencia de dicha información en la mente de los protagonistas, pues determina su vida, dándoles un nuevo enfoque o perspectiva, convirtiéndolos en víctimas de sí mismos, pues al no recordar sus historias, tienden a volver al mismo lugar.

De modo que, si no existiera la memoria, probablemente, estaríamos condenados a repetir nuestros errores, una y otra vez sin la posibilidad de aprender ni regenerarnos. Seríamos siempre los mismos, pues no encontraríamos referentes en el pasado, es más, no tendríamos pasado. Y ¿qué sentido tendría experimentar? Como afirmaba Aristóteles, “gracias a la memoria se da en los hombres lo que se llama experiencia”.

A través de los recuerdos, cada situación vivida, toda clase de sucesos felices o dolorosos, nos definen para siempre. Ahora que sabes más sobre el poder de tu mente, ¿te gustaría viajar al pasado para editar lo que fuiste? Si queremos cambiar, es imprescindible hacernos responsables de nuestra historia. Al final somos un montón de piezas del pasado, el resultado de una magia extraña llamada: memoria.

 

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