Dudas, errores y decisiones

Por Brandon Ramírez

El éxito es ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.

Winston Churchill

 

En el momento en que me encuentro dentro de mi formación académica, en la espera de algunas semanas para mi examen profesional, ha venido a mi mente un tema que en particular me preocupaba mucho hace unos años, justo antes de iniciar la universidad: qué estudiar.

Probablemente, en el último año de preparatoria, mi mayor preocupación era decidirme por alguna licenciatura, con el temor natural de no tomar una decisión adecuada. Las exposiciones, donde se muestra la oferta académica de las universidades, me sirvió de muy poco para optar por alguna opción. Los folletos, de los cuales aún conservo muchos, no reducían mi preocupación ni parecía aclarar el problema.

La orientación y consejos de mi familia se centraban en cuánto podía ganar si me dedicaba a tal o cual cosa. Para mí, quizá por la juventud e inexperiencia en muchos sentidos de la vida, el tema del dinero era de las últimas cosas que consideraba dentro de mi baraja de posibles elecciones.

Al final me decidí por lo que más me interesaba, aquello de lo que podía pasar leyendo horas, a lo que le dedicaba más pensamientos hasta en mi tiempo de ocio y cuyo mercado laboral me parecía más atractivo y emocionante.

Cuando tenía mi decisión tomada, realicé todos los trámites y aprobé las pruebas de ingreso, le comuniqué a mi familia la carrera que había elegido, quienes lo tomaron con cierta incredulidad y con aun más dudas de las que yo tenía, salvo mi padre, quien siempre me hizo saber que respaldaba cualquier decisión que tomara, y así ha sido.

Ya dentro de las clases, y conociendo a los compañeros de mi generación, me di cuenta que había muchos que estaban en nuestra licenciatura porque sus padres no los dejaron optar por otra que hubieran preferido; cine, periodismo, física, fotografía o filosofía. La mayoría de las razones giraban al tema del futuro, del tipo: ¿cómo permitirles estudiar algo en que ellos preveían un fracaso laboral?

Con forme avanzamos en los semestres, conocía mejor a muchos compañeros, consolidaba amistades con otros; me di cuenta que las dudas con que muchos entramos seguían ahí, principalmente en quienes estudiaban nuestra carrera por presión de su familia, a diferencia de quienes a leguas se veía que se apasionaban y disfrutaban de lo que en verdad les gustaba.

Al día de hoy, que todos hemos terminado nuestros semestres, en retrospectiva, yo me siento realmente contento con la decisión que tomé. Semestre a semestre me di cuenta de que había elegido la carrera correcta para mí. He podido trabajar con algunos profesores, de quienes he aprendido mucho más allá de lo académico, en un sentido profesional, y mi única duda es qué programa de posgrado elegir.

Por otra parte, algunos amigos a día de hoy siguen con un sentimiento de arrepentimiento por no haber podido estudiar lo que ellos querían, por optar por algo que ni en 4 años de estar estudiando logran disfrutar al 100%, y que a través de sus trabajos han descubierto que eso que los apasionaba años atrás lo sigue haciendo, planteándose incluso estudiar esa segunda carrera.

Si alguno de esos amigos o compañeros lee estás líneas, o lo hace alguien que está en ese umbral de la educación universitaria y no saben qué carrera elegir, mi consejo, con el riesgo de ser emitido desde la obvia inexperiencia de la juventud, es no renunciar a lo que más te apasione porque a la larga eso hace el camino mucho más disfrutable y enriquecedor.

Si hay presiones de las que no te puedes librar y te orillan a un camino alejado del que tú quisieras, siempre habrá actividades extracurriculares que puedas llevar acabo para mantener por lo menos un pie en donde quisieras estar, y tratar de retornar a él cuando te sea posible.

Si las dudas propias son las que te alejan de hacer lo que más quieres, o el miedo a fallar te paraliza y te lleva por otro camino, mi consejo es que no temas equivocarte, ¡arriésgate! Cuando eres joven estás en la etapa formativa y lo más normal es que tengamos un millar de errores en todos los ámbitos de nuestra vida, pero la mayoría de ellos no son catastróficos.

El error y el fracaso son parte de la vida de los humanos. Si todos tomáramos siempre las mejores decisiones, seguramente nuestro mundo sería un lugar perfecto… pero no es el caso. Un error es una señal de que hemos pasado por alto algo, y una posibilidad para aprender de ello y replantearnos las veces que consideremos necesarias lo que hacemos, sin caer en la obstinación.

Si tomamos una vuelta incorrecta siempre se está en tiempo de rectificar el camino. Y de igual modo nunca es tarde para decidirse a iniciar lo que nos gusta. En el caso de la escuela, siempre se está a tiempo de cambiar de carrera, si donde estamos no nos sentimos cómodos y no vislumbramos un futuro agradable en el mediano y largo plazo. En el trabajo, conformarse con lo que se tiene siempre es una opción, pero dejar de hacer algo que no nos gusta y decidirnos a arriesgarnos por emprender en algo que nos apasiona más, es otra opción, siempre presente.

 


Fotografía de Santiago Ramírez Martínez.

Instagram: @santiago_ramz

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