Dos glosas borgeanas

Por Dante Noguez

En una entrevista [1] que le hicieron a María Kodama, la última esposa de Borges, le preguntaron cuál es su cuento favorito del autor, y ella respondió:

«El más importante, si no puediera salvar más que uno, es Las ruinas circularesEl inmortal también está bien. De El Aleph me gusta la descripción del Aleph, pero el resto del cuento es muy banal, como yo le decía a Borges».

Pero cuántas tristezas le trajo a Georgie un cuento tan genial. Primero se lo dedica a Estela Canto, luego le regala el manuscrito, y al final a ella lo mejor que se le ocurre hacer con él es venderlo. Después, sus intérpretes empiezan con teorías metafísicas delirantes sobre el mismo. Y ahora pasa esto, que Kodama dice que es una banalidad salvo por la descripción del Aleph. Bueno, es que Borges tenía una habilidad extraordinaria para enredarse con las mujeres más desagradables. Silvina Bullrich, cuando Borges le confesaba sus sentimientos, se burlaba da él y le restregaba en cara sus amantes. De Estela ni hablar, era una completa demente que escribió una obra de teatro donde se burlaba de él, y también un libro tras su muerte donde hace lo mismo y le inventa los más disparatados trastornos psicológicos. Cuando Borges le pide matrimonio, Estela le responde que solo lo quiere para satisfacer sus necesidades sexuales. Ni hablar de cuando, en el subterráneo, Borges intentaba huir de Estela mientras ella le gritaba que era un hijo de tantas por cuantas. Pasemos a Elsa Astete, probablemente la más trastornada: practicaba magia negra, lo encerraba para no dejarlo ver a su madre, no le leía ciertas novelas porque estaban traducidas por su madre, se aprovechaba de su ceguera malamente. Una vez, tras ser festejado Borges en Harvard, Elsa se puso tan celosa que lo dejó fuera de casa cuando regresó, a pesar de que nevaba. No por nada Borges aplicó la de salir por cigarros y nunca más volver a casa.

Y llegamos a María Kodama. Borges decía que era lo mejor y lo único que le había pasado en la vida. Pero María Kodama, aunque fue la mejorcita, no tenía muchas luces. Que también se ponía celosa de la fama de Borges, que se desesperaba con su lentitud, que lo castigaba dejando de hablarle. Pero, sobre todo, como digo, el problema está en que no tiene mucho seso. Que las mujeres que más admira son Medea y Lady Macbeth. Que Borges se ponía triste cuando no estaba con ella, pero que era tan poco lista que cuando la veía deseaba que se fuera de una buena vez.

Bueno, y no me extraña que Kodama, esa Yoko Ono sin talento que lleva unos treinta años viviendo de la fama de Borges, dijera que El inmortal «está bien» y que la exquisita erudición de El Aleph sea «una banalidad».

II

El 29 de diciembre de 1962, Bioy Casares registraba estas palabras de Borges en el libro que después publicó:

«La debilidad de la memoria es la mayor desventura para el intelectual. El olvido causa una gran tristeza. Cuando Madre me lee algo que me parece particularmente justo o admirable, le digo que anote al fin del libro la página y las primeras palabras, o el tema, de la cita. Invariablemente Madre me dice: “No hay para qué anotarlo. Ya está anotado”. Así que olvidé lo que más me había impresionado».

Qué raro que Georgie dijera eso. Vamos, que él mismo escribió un cuento para decir que una memoria infinita no puede sino ser una maldición. Hizo lo mismo que Aristóteles, pero llegaron a resultados opuestos: a Aristóteles la vigilia y la actividad cognitiva infinitas le parecen tan fascinantes que se inventa un Dios que precisamente es feliz por tener esas cualidades; pero el Funes de Borges, con esa vigilia infinita producida por su prodigiosa memoria, se vuelve un hombre profundamente miserable. Recordemos otra vez a Tesla, a quien le pasaba algo similar: se le presentaban repentina, involuntaria y vívidamente recuerdos (imágenes), y eso no lo dejaba dormir. También fue una maldición para él, o al menos hasta que lo aprovechó para realizar experimentos mentalmente. Homero está de acuerdo con Borges y habla del vino que hace olvidar todos los males (Odisea IV, 220-221); Virgilio esgrime un verso donde el alma se horroriza al recordar (Eneida II, 12); el cantar de Ninoyolnonotza tiene un verso casi idéntico; y Dante —fiel discípulo— escribe: «Ancor men duol pur ch’i’ me ne rimembri». Shakespeare hace decir a Lady Macduff que es atormentada por la memoria de lo que más quiso, etcétera, etcétera. No sé ustedes, pero yo, que he llegado a guardar memoria involuntaria de alguna página, tengo pesadillas donde la leo una y otra y otra y otra vez.

Por lo demás, su mamá tiene tanta razón como la tuvo Montaigne, que anotaba en las páginas vacías de los libros sus impresiones, pero cuando volvía a esas notas ya le parecían tan ajenas y olvidadas como el libro mismo.


Referencias:

  1. María Kodama entrevistada por Jorge Morla: https://elpais.com/cultura/2018/05/17/actualidad/1526593602_279764.html.

 

Imagen: Mosaico del Büyük Saray Mozaikleri Müzesi, recuperado de: http://istanbul.for91days.com/2013/03/15/the-great-palace-mosaic-museum/.

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