¿Dónde está la izquierda?

Por Uriel Carrillo Altamirano

Cada vez es más común ver coaliciones electorales entre diferentes partidos en las elecciones. El fin: obtener la mayor cantidad de votos para ganar. Pero, ¿qué pasa cuando estas alianzas rompen con el sentido común de las ideologías primarias?

Durante mucho tiempo se consideraron sólo dos posiciones políticas: la derecha y la izquierda. Dos perspectivas, no siempre antagónicas, de realizar las cosas. Es decir, quienes están a favor de la apertura del mercado global, el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo o en contra.

Sin embargo, desde el siglo XX la inclusión de una tercera perspectiva en el espectro ideológico partidista se ha hecho presente: el centro. La posibilidad de estar definido, parcialmente, entre la izquierda y la derecha ha sido tema de debate. Mientras algunos consideran que esta posición no existe porque cada individuo siempre tiene mayores tendencias hacia alguna ideología; otros plantean que es tan válida como las otras dos o que sólo es un momento al que cada ser humano se enfrenta, en determinadas situaciones.

Lo cierto es que, ahora, el espectro ideológico partidista se ha expandido. Hoy no sólo contamos con estas tres posturas. Existe la extrema derecha e izquierda (radicales), la centro-derecha y centro-izquierda. Pero, ¿esto significa más opciones para que los ciudadanos se sientan identificados y representados?

En teoría sí. En un sistema y régimen democrático, la pluralidad de ideas, así como la expresión de ellas, es la base para crear divergencias y convergencias que lleven a un país a tomar las mejores decisiones. En este sentido, la diversidad de opciones (presentadas como partidos políticos) permiten que los ciudadanos puedan elegir a quien quieran.

En la vida real esto se vuelve complejo. Si bien las premisas de la pluralidad de ideas y la la capacidad de elección son bases innegables para la democracia, los intereses de cada partido, candidatos y organizaciones también forman parte de la vida política.

Esto representa, al menos, tres puntos: el primero es una fragmentación de la sociedad en grupos más pequeños, los cuales pueden contraponerse por conseguir sus intereses (véase hasta sus últimas consecuencias); el segundo tiene que ver con la redistribución del poder entre los nuevos (y viejos) partidos, es decir, cómo cada uno lucha por conseguir el voto de los ciudadanos, el cual se traduce en dinero y poder (al menos hasta las siguientes elecciones); finalmente, un tercer punto se dirige a analizar cómo se desdibujan las fronteras ideológicas entre una y otra.

Por cierto, ésta última ha sido fuente de discusiones académicas y políticas sobre la conservación de posiciones. Bien señala Noberto Bobbio que el espectro ideológico se ha convertido en un círculo en el que todas las posiciones caben, desde la extrema derecha hasta la izquierda radical. De acuerdo con este autor, concebir a las posturas políticas como parte de una figura redonda, permite considerar la posibilidad de que un individuo cambie a la postura más cercana (los extremos) o, al menos, comparta comportamientos muy parecidos.

Cabe añadir que las posiciones políticas no están de forma pura en la vida real, que ninguna persona es totalmente de derecha o de izquierda. Simplemente tienen orientaciones más marcadas hacia un lado que del otro. Siempre hay una escala de grises. Por ejemplo: alguien puede estar de acuerdo con la pena de muerte, pero en contra del aborto y/o a favor de la vida animal. Claro está que, cada vez más, se debe luchar por ser más coherentes con la manera de pensar y actuar, ética le dicen.

México de mis amores

De esta manera, en México hay ejemplos de todo lo que se mencionó anteriormente:

  1. Los senadores, diputados y candidatos saltan de partido en partido porque sus intereses (políticos y personales) y compromisos están con el pueblo mexicano, no con una estructura.
  2. Cada vez hay más partidos que buscan representar las preocupaciones de las personas, incluso los candidatos independientes son la nueva forma conseguir un lugar como servidor público.
  3. Aunque las coaliciones electorales ya existían entre partidos afines, ante una crisis de representatividad, las barreras ideológicas se borran y se forman agrupaciones políticas que buscan ganar las elecciones.
  4. Se propone la creación de gobiernos de coalición para gobernar. En sí, es una estructura que ya operaba en la política mexicana. Ahora se busca hacerla visible y legal, es decir, regularla.

Hasta aquí un breve recuento que ejemplifica algunas áreas de la política mexicana. Sin embargo, centrarse de manera superficial en estos puntos es una visión, un tanto reductiva para explicar la realidad. Además, lo que debería estar más en debate es ¿cómo resolvemos las crisis de representatividad y legitimidad en los gobiernos? ¿cuál es el papel de  los ciudadanos ante este contexto? ¿las candidaturas independientes, más partidos y las coaliciones solucionan el problema o contribuyen?

La reflexión sobre lo anterior es responsabilidad de cada uno y, al mismo tiempo, de toda la ciudadanía organizada. Esa que debe preocuparse por los temas fundamentales para desarrollar un proyecto de nación que se torne incluyente para la mayoría.


Imagen: http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/05/20/pan-y-prd-llaman-a-crear-frente-amplio-rumbo-a-2018

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