Doctor Ego

Por Teolinca Velázquez

Entrar a la Maestría era un sueño hecho realidad. El primer día de clases parecía ser perfecto, la imaginación volaba y me sentía tan cerca de la obra de aquellos ídolos como el Che, Fidel, Martí; pronto el sueño habría de convertirse en una pesadilla…

La clase intelectual está pervertida; la pervierten los delirios de grandeza, la ambición y la codicia. Alejada del mundo real, tiene la ilusión de poder cambiar el mundo desde aquel Monte Olimpo al que llama humildemente “cubículos” en donde se reúne en trascendentes juntas para decidir el futuro de la humanidad o la creación de un nuevo concepto.

Soberbios, déspotas y ególatras, los Doctores miran al mundo por encima del hombro. Cuando hablan en voz alta, pareciera que tienen un orgasmo con sólo escuchar su voz y las bellezas que dicen, aunque sólo ellos se entiendan. Su posgrado les ha brindado no sólo autoestima sino la divinidad, el pase directo al cielo, la beatificación segura, un halo de luz irradia de sus increíbles cabezas.

No son leales ni entre ellos mismos; dispuestos a sacarse los ojos con tal de tener un poco de reconocimiento. Critican destructivamente la obra de sus colegas con tal de sentirse un poco mejor consigo mismos: autoconvencerse ante el espejo que no hay nadie en este mundo más bello ni más inteligente que ellos, que nadie está mejor calificado para tomar el siguiente puesto en el escalafón del conocimiento.

Con los jóvenes alumnos son despiadados con el pretexto de formar maestrantes preparados para la competitividad del mercado intelectual, sin embargo el desprecio y el desinterés se huele a la distancia; es evidente que la construcción del conocimiento pasa a segundo plano: hay muchas otras cosas por hacer en pro de la ciencia, en pro de sí mismos.

El abuso psicológico en el aula es ya algo muy normal, pues estos Doctores se han encargado de hacerlo un elemento clave para el Doctorado Starter Pack: Un iPhone, un libro de los clásicos (de la materia que impartan), un café y un inventario de comentarios pasivo- agresivos para hacer la vida de un alumno miserable. Han olvidado que cuando entran al salón de clases no son Doctores, son Profesores y su ejemplo es más importante que la lista de libros con que se abanican cada día.

Han olvidado que el Profesor es ejemplo y que su actitud, en pro de la ciencia,  sólo implica que otros sigan sus pasos. Implica que entre los mismos alumnos se comporten como los Doctores entre ellos: soberbios, déspotas y ególatras; implica que el alumno, frustrado por tantas piedras en el camino, repita lo que aprende en clase: a herir, hacer la vida de sus compañeros miserable.


Imagen: https://contactohoy.com.mx/el-doctorado-un-sueno-casi-inalcanzable-para-los-indocumentados/

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