Distopías

Por Brandon Ramírez en colaboración con Sofía Ramírez

 

Una de las cosas presentes en la película Inside Out, es una reflexión sobre el estigma que tienen algunas de nuestras emociones, como la tristeza. En cuanto vemos a una persona llorar, de inmediato queremos animarlo, decirle frases típicas del tipo: no llores, todo estará bien, ánimo, y un largo etcétera. Lo mismo ocurre con otras emociones o visiones del mundo. Cuando alguien habla sobre cómo las cosas podrían ir mal, le tachamos de pesimista, asumiendo ello como algo negativo, en oposición al optimismo con el que, se supone, todos debemos vivir.

Está igualmente trillada la perspectiva de que el mundo no es ni blanco ni negro, sino una casi infinita gama de grises que cada quien matiza según su perspectiva, y en donde la referencia de ambos extremos no deja de ser necesaria. No apreciaríamos las bondades de la luz sin haber vivido la incertidumbre de la oscuridad; ni la calidez de la compañía sin haber experimentado la -muchas veces- fría soledad.

Estamos acostumbrados a que casi todas las historias que vemos en películas o que leemos en novelas tengan finales felices; frecuentemente podemos aventurarnos a saber el final de una película romántica una vez que nos presentan la historia (los protagonistas después de una serie de obstáculos terminan juntos), sabemos que el final de cada película de acción o serie policíaca conlleva la detención del antagonista en turno, y es así con muchos tipos de narrativas, aunque por supuesto, existen muchas excepciones, que sin embargo son eso, excepciones.

Y muchas veces tendemos a ver la realidad con los mismos lentes. El año pasado cuando Donald Trump hizo pública su aspiración a la Presidencia de Estados Unidos, la inmensa mayoría de analistas no dudaron en aseverar que su candidatura no sobreviviría más allá del enero de este año ¿cómo alguien con su discurso podría crecer electoralmente? (guardando las diferencias, y sabiendo que es una situación totalmente diferente, algo similar se pensaba de otros personajes como Hitler, y por eso mismo los países europeos lo dejaron crecer hasta que aquello derivó en una guerra). Sin embargo, estamos en marzo, las elecciones primarias de los partidos estadunidenses están en marcha y Trump es, de los republicanos, quien encabeza el número de delgados hasta el momento.

Muchas veces en la historia negarnos a ver que no todo saldrá bien (o al menos como esperamos) e ignorar aquellas voces “pesimistas” que buscan posicionar advertencias; o simplemente negarnos a ver la realidad (como el descontento ciudadano en muchos países del mundo que, al no sentirse representados por sus políticos, buscan alternativas en figuras con un discurso “antisistema/populista”, como Trump) nos lleva a tropezar con la misma piedra, por más grande y obvia que ésta sea.

En la literatura, el tema está muy presente en los mundos distópicos que algunos autores nos sugieren, en oposición a las utopías. Quizá las más representativas podríamos etiquetarlas con tres temas principales: la tecnología, invasiones y sistemas sociales controlados. En el primer grupo, es muy recurrente en la literatura (y en el cine) la idea de las maquinas dominando al hombre. Desde la revolución industrial, a mediados del siglo XVIII en algunos países europeos, los hombres comenzaron a sentirse desplazados por las maquinarias, y conforme éstas han ido desarrollándose, y la idea de la inteligencia artificial fue siendo una realidad, de la mano de sistemas computarizados, la posibilidad de robots aniquilando o subordinando a la humanidad comenzaron a surgir (habrá quien diga que de hecho nuestra dependencia a tecnologías como los teléfonos inteligentes de hoy día, dan muestra de que estamos andando en dicho camino).

Por otro lado, la posibilidad de contactar con vida inteligente fuera de nuestro planeta, dieron paso a que historias como la de “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells, que podría advertirnos que, en nuestra búsqueda por conquistar y conocer otros planetas, podríamos ser víctima de esas mismas aspiraciones por otra especie extraterrestre. De igual forma, aquí podrían encajar aquellas historias populares de apocalipsis zombies, ya sea como resultado de algún virus que se escapó de un laboratorio en manos de algún gobierno, o bien por la mutación natural de los mismos, como una defensa del planeta ante la plaga que representa nuestra especie para el resto del mundo. La serie The Walking Dead es un ejemplo del mismo.

Por último, tenemos aquellas historias donde el control social se establece para eliminar todos los problemas de la humanidad, organizando a los habitantes de esos mundos, eliminando los crímenes basados en una organización de corte dictatorial, asignando un papel específico a cada grupo de personas, buscando reprimir inmediatamente cualquier brote en su contra. Esto puede observarse claramente en Fahrenheit 451, o en las historias de The Hunger Games, y las sagas del mismo tipo.

Dejar que las máquinas nos controlen, la manipulación de algunos virus (es común leer la idea de que muchas de las epidemias de nuestro tiempo fueron creadas en laboratorios), o el apoyar discursos que algunos definen como “antipolíticos”, en búsqueda de reivindicaciones económicas, políticas y sociales a partir de la intolerancia a las diferencias y la pérdida de libertades, puede hacer de esas distopías algo no tan imposible.

Es cierto que todos estos ejemplos en la literatura se encuentran dentro del género de la ficción, y parten de premisas quizá irrealizables en nuestro mundo, pero no dejan de ser narraciones simbólicas que denuncian un posible destino para nosotros, de seguir por el camino que vamos, sin pararnos a pensar en ese lado de la gama de grises, más cercana al negro, que acompaña nuestro camino hacia nuestra idea del desarrollo o un mundo mejor. Ver el posible lado malo de la realidad no es sólo para amargarse y vivir con una visión negativa del mundo; muchas veces, esas percepciones pueden ayudarnos a corregir el camino, o prevenir posibles desastres, y nunca está de más prestarles atención. Si no se subestimaran esas posibles consecuencias, nuestra historia pudo haber sido distinta.


Imagen: http://etherealpages.blogspot.mx/2012/12/dystopia-fictional-society-built-in.html

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