Diferencias generacionales

Por Brandon Ramírez

 

Hace unos días nos encontrábamos haciendo limpieza profunda en casa, actividad en la que mis sobrinos quisieron ayudar, y me percaté de algo en lo que no había pensado con anterioridad: nuestra generación tiene –de cierta forma– una posición privilegiada.

Entre algunas de las cajas que revisamos para saber de qué podíamos deshacernos y lo que aún valía la pena guardar, encontramos varias cosas que hacía años no veía y que mis sobrinos no podían ni siquiera imaginar que existían. Por ejemplo, un walkman (aquel reproductor de casetes que se utilizaba hasta los años 90) junto a la colección de casetes de mis padres, que incluían algunos de Topo Gigio y demás infantiles que escuchábamos mi hermano y yo; algunos reproductores de VHS y una serie de películas en dicho formato con su respectivo aparato –cuyo nombre nunca supe con certeza– que servía para rebobinar las películas a una velocidad mayor que el reproductor mismo; también encontramos una serie de películas en formato betamax con su respectivo reproductor; una grabadora de audio en casete; un par de tornamesas con muchísimos discos de vinilo que pertenecen a mi padre, y muchas otras cosas.

A mí me trajeron muchos recuerdos de mi niñez, pues vinieron a mi mente todos esos momentos en que disfrutaba poner mis películas en VHS dentro del reproductor, pulsar el botón de rebobinar al terminar de verla y después guardarla en su caja. También recuerdo cómo jugaba –a pesar de que a mis padres les molestaba– con los casetes y un lápiz o pluma moviendo de un lado a otro la cinta que invariablemente terminaba saliéndose; o cómo disfrutaba grabar algunas canciones en nuestro viejo estéreo dentro de esos mismos casetes, aunque muchas veces me fallaba la sincronía al oprimir el botón “rec” y “play”, por lo que perdía el inicio de las mismas; también recordé que siempre me pareció una incógnita cómo se podía reproducir música en una tornamesa con los discos de vinil (duda que se extendía a los casetes y que me siguió con los discos compactos).

La reacción de mis sobrinos fue más bien de extrañeza, pues en sus casas nunca habían visto nada de eso. Pensaban que los casetes eran un simple juguete, que los discos de vinil eran algo así como un tipo de frisbee, y los reproductores de betamax y VHS no eran para ellos más relevantes que las cajas en las que se encontraban guardadas.

A mi mente vino otro recuerdo mucho más reciente: un día que jugaba videojuegos en mi sala con uno de mis sobrinos, quien quería manejarlo como si estuviera jugando en un celular o una Tablet, es decir, quería desplazarse con sus dedos sobre la televisión a través del menú y en el juego mismo. Supongo que eso se debe a que en sus pocos años de vida ha crecido ya inmerso en un mundo con predominio de la tecnología digital, lleno de “pantallas touch” (término que no escuchaba hace años ya que ahora parece darse por sentado que podemos interactuar con las pantallas directamente con nuestros dedos), interconectado y con una inmediatez y “facilidad” en casi todo lo que le rodea.

Su primera reacción cuando se encuentra con una pantalla y un juego es querer interactuar con ella directamente con sus dedos; mi primera reacción es buscar el control tanto de la consola como de la televisión. En el otro extremo, el estereotipo es que a las personas mayores les es totalmente ajeno lo más reciente de la tecnología y constantemente necesitan pedirle a los más jóvenes de casa que les ayuden a utilizar todo aquello que es digital: las computadoras, los teléfonos celulares y hasta navegar en los menús de su televisión o conectarle todos los dispositivos que le acompañan.

Nosotros, hablando de la generación en la que crecí y la que antecede, crecimos aún dentro del mundo analógico, nos tocó directamente crecer con la aparición y desarrollo del mundo digital, por lo que nos sentimos cómodos y orientados en ambos.

Sabemos qué son, y más aún utilizar los formatos betamax, VHS, DVD, Bluray y los servicios como Netflix. Sabemos que las televisiones antes no contaban siquiera con controles remotos, así como utilizar las Smart TV; conocemos (o algunos al menos saben que existen) las conexiones coaxiales del tipo RCA (esos típicos cables amarillo para el video y rojo-blanco para el audio) y disfrutamos la simpleza que ahora representa el HDMI; nos podemos maravillar de la ventaja que representa la música digital que nos permite llevar miles de canciones en el bolsillo, a diferencia de los pocos tracks que cabían en los casetes y CD’s; estamos acostumbrados a buscar un documento en la pila de folders almacenados en casa y del mismo modo a buscar documentos en las carpetas de nuestras computadoras; dominamos quizá, los celulares clásicos que sólo sirven para hacer llamadas y la versión más reciente de Android, IOS, Blackberry o Windows Phone.

En fin, nuestra generación vivió y formó parte directamente del cambio de un mundo analógico a uno digital y con actualizaciones cada tercer día. Disfrutamos el origen de la mayoría de la tecnología actual, que muchos de los más jóvenes desconocen, y consideramos natural lo que algunas personas mayores consideran ajeno y fuera de su área de confort.

¿Eso es algo bueno? Pues es lo que es, cada uno lo valorará como quiera. Quizá para algunos sea más ventajoso haber crecido en el mundo actual; para otros los viejos tiempos siempre serán mejores que los actuales en todo sentido. Yo me siento agradecido con el tiempo que me tocó vivir, apreciando el antes y después, incluyendo los medios de comunicación escritos –que antes se restringían al periódico, revistas y libros– y los existentes hoy, como este espacio.

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