Dialéctica sobre la discriminación

Por Fernando Rocha

El Concurso de Debate Político Juvenil 2017 pregunta: ¿Existen mecanismos eficientes en el país para enfrentar la discriminación?

— El Estado mexicano y gran parte de la humanidad se erigen sobre bases democráticas, y sustancial para la democracia es la igualdad. Esta igualdad se declara en el Artículo I, II y VII de la Declaración de los Derechos Humanos y en el I de la Constitución Política Mexicana.

“En la democracia el gobierno no sólo se construye colectivamente, sino también la realidad. Como decían Berger y Luckman: la realidad se construye socialmente, es un proceso intersubjetivo. Entonces puede suponerse que es en la democracia donde todos los miembros del Estado tienen más derecho a construir y ser partícipes de esa realidad. Empero, la discriminación excluye de esta participación. ¿Cómo la realidad y el gobierno de un país serán adecuados para sus habitantes si éstos no participaron en su elaboración? La población indígena, la población LGBTTTI y las minorías religiosas son, mayormente, los afectados por la discriminación.

“Ahora, ¿en nuestro país los mecanismos existentes contra la discriminación son eficientes? Sí. Uno de los principales es el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, producto de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación de 2003. El CONPARED promueve políticas tendientes al desarrollo cultural y hacia el avance en la inclusión social y garantizar el derecho a la igualdad. También recibe y resuelve quejas por actos discriminatorios cometidos por particulares o autoridades federales. Es decir, es un mecanismo que produce mecanismos coercitivos y formadores de la sociedad.

“¿Pero cómo demuestro la eficiencia? He ahí el progreso de la legislación del matrimonio igualitario, he ahí la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres de 2006, he ahí la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad de 2011, he ahí que las 32 entidades federativas de la República poseen sus propias leyes antidiscriminatorias, he ahí la Norma 025 en Igualdad Laboral y No Discriminación de 2015. La creación de estos mecanismos demuestra la eficiencia de sí mismos, pues ¿de dónde vinieron sino de una sociedad incluyente que desea abrirse a las minorías antaño discriminadas y garantizar su igualdad?

“Recuérdese a Montesquieu y a Rousseau: en una democracia el pueblo hace la ley. ¿Y no es esto la evidencia de que el pueblo no sólo desea sino que también efectúa? Efectúa la inclusión en nuevos mecanismos que garanticen la igualdad a todos. Es por ello que los mecanismos existentes contra la discriminación en nuestro país son eficientes.

— Rousseau, en su Segundo Discurso, definió dos tipos de desigualdad: la natural y la moral. La primera es inevitable por ser producto de la naturaleza y es relativa a cualquier aspecto sensible de los individuos, pero la segunda no es más que producto de la corrupción del humano, porque la desigualdad moral resulta de un consenso. Es decir, que todo acto de discriminación deviene por una convención social, que deviene por su reproducción, o sea, la discriminación existe porque se reproduce. ¿Y cómo se reproduce? Mediante las estructuras sociales. Ya lo decía Bourdieu, como pilar de sus teorías sociológicas, que las bases del espacio social son el habitus, es decir, aquellos acondicionamientos integrados por los individuos que les permiten a ellos seguirlos reproduciendo y así colaborar en la construcción del espacio social.

“¿Y a qué viene esta digresión sociológica? A que la discriminación tiene sus raíces en la implantación de la cosmovisión de los individuos, es decir, sus bases son paralelas a las costumbres. Entonces los mecanismos como el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, incluso como la Constitución Política Mexicana y la Declaración de los Derechos Humanos, son invalidados por las condiciones sociales y, por lo tanto, ineficientes. Latinobarómetro 2015 muestra que sólo 23% de los encuestados considera que en México hay una plena igualdad de oportunidades sin importar el origen, y la Enadis 2010 dice que sólo 52% de los encuestados homosexuales considera que el principal problema que enfrentan en el país es la discriminación.

“Asimismo, estos mecanismos expresos contra la discriminación dependen de los mecanismos tácitos contra la discriminación (como es la calidad de los servicios de las dependencias gubernamentales), ¿porque cómo hemos de erradicar a la discriminación si las acciones para llevarla a cabo son lentas y precarias? Es decir, no basta una buena política pública sino también una eficiente ejecución. La Dirección General de Denuncias e Investigaciones dice que, de abril a junio de este año, las conductas más recurrentes vinculadas con las quejas y denuncias presentadas contra los servidores públicos de la Administración Federal, 52% es relativa al incumplimiento de leyes, reglamentos establecidos.

“Por consiguiente, no existe tal sociedad incluyente y los servicios de las políticas públicas antidiscriminatorias son ineficaces, por lo tanto, los mecanismos contra la discriminación son ineficientes, pues ni brindan los servicios requeridos para sí mismos y son más coercitivos que formadores. Y para erradicar la discriminación han de recrearse y no de maniatarse las condiciones sociales. Ya Freud en El malestar en la cultura escribió lo pernicioso que es sujetar las pulsiones de los individuos. La discriminación no debe añejarse amparada de su aparente resolución”.

— Si no existe una sociedad plenamente incluyente, sí existe una sociedad en transición hacia la inclusión, objetivo principal del CONAPRED. La Enadis 2005 muestra que el 94.7% de los homosexuales encuestados consideraba que el principal problema que enfrentaba era la discriminación, y la Enadis 2010 dice que el 52% de los encuestados homosexuales consideraba que su principal problema en el país era la discriminación. En 5 años este porcentaje disminuyó 42 puntos. Asimismo, la misma encuesta de 2010 dice que el 28.7% de los encuestados pertenecientes a una minoría religiosa consideraba como principal problema la discriminación, mientras que la encuesta de 2005, con respecto al mismo asunto, marca un 36.2%. He ahí una disminución de 7 puntos. Además, Latinobarómetro de 2008, con respecto a la igualdad de oportunidades en el país sin importar el origen, dice que 12.2% de los encuestados consideraba que la igualdad de oportunidades estaba plenamente garantizada, mientras que en 2009, el resultado fue de 15.2%, en 2011, 19.7%, y en 2015, 22.8%. He ahí un incremento en la percepción de igualdad. Por consiguiente, esta transición de la sociedad hacia la inclusión es evidencia de la eficiencia de los mecanismos contra la discriminación en el país.

Aquí ha de concluirse la dialéctica puesto que la siguiente respuesta refutaría aspectos accidentales a la argumentación y no a ésta: tales como formación de la agenda pública, democracia representativa, valores aparentes de la sociedad… Por ello, la síntesis es: existen mecanismos contra la discriminación en México, productos de politizaciones que han atendido las demandas de los sectores poblacionales afectados, no obstante, su eficiencia no corresponde a su presencia sino a sus efectos, y como la discriminación ha permeado más allá de la intención hasta penetrar las costumbres, la transformación social solamente puede y debe ser gradual, por lo que la eficiencia de los mecanismos ha de buscarse en una transición y no en una evolución. De consiguiente, es viable concluir que los mecanismos existentes contra la discriminación son eficientes. Y para continuar esta metamorfosi social debe contemplarse íntegramente su proceso: la ejecución coercitiva, administrativa y formadora de las políticas públicas antidiscriminatorias: desde la politización a asuntos demandantes, pasando por el subrayo a la inclusión en el espacio público, hasta el correcto desarrollo de una denuncia o sanción por discriminación.


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