Despertando

Por Guillermo Alvarado

 

Son las cinco y media de la mañana, suena la alarma del despertador -Dear hero imprisoned…With all the new crimes that you are perfecting…- un bostezo, sus párpados se despegan destruyendo el mundo de los sueños, hay poca luz, la habitación es oscura, la noche cubre gran parte de la ciudad, el amanecer va iluminando poco a poco cada espacio de la urbe de concreto, cada ventana es tintada perezosamente de blanco u amarillo. Pablo se incorpora, sentado en su cama la canción va tomando forma en su cabeza -I am the last of the famous… international playboys…- hoy es el día más importante de su vida, pero hasta este momento nada ha sido diferente, amanece de la misma manera que ayer, bosteza de la misma manera, escucha la misma canción de alarma que ayer, se siente como cualquier otro día, como cualquier otro martes. Se pone de pie, prende la luz, prepara su ropa, acomoda los últimos detalles en su mochila y pone a cargar su teléfono celular, la rutina es la misma, un ballet mil veces coreografiado, bello pero carente de intención. Se dirige al baño -I never wanted to kill… I am not naturally evil… Such things I do…-

Aproximadamente cuarenta minutos después de haber sonado la alarma, Pablo sale rumbo a su escuela, lleva los mismo libros que ayer, camina recordando las tareas para del día de hoy, su aspecto es el promedio de un joven de clase media en formación universitaria, nada se advierte de diferente en él, estatura promedio, cabello oscuro ligeramente crecido, tez morena, un par de audífonos penden de sus oídos, al cruzar los torniquetes del metro una mueca se dibuja en sus labios, saca su celular y manda un mensaje.

Espera el tren en el anden, hay gente, pero por fortuna no mucha, Pablo ha visto el aumento de usuarios en el transporte público, a toda hora, cualquier estación del metro esta repleta de gente queriendo abordar, se empujan unos contra otros, algunos deseando salir otros anhelando entrar, salen tres entran nueve, algunos casi son asfixiados, otros llevan la mascara del ensimismamiento, la mediocridad se ha vuelto su estandarte, se quejan en privado, maldicen tras un sobrenombre, una leperada mil veces dicha en esta ciudad, la gente se apretuja y bien podrían dejar de vivir en ese preciso instante, pues no hay diferencia alguna con los pollos que van al matadero.

Pablo ingresa al vagón del metro, mismo lugar desde que comenzó la universidad, tres vagones antes del ultimo, pasan dos estaciones y al abrir las puertas una joven se posa frente a él, ella viste un lindo vestido azul, ligeramente ceñido, una mochila un tanto varonil desentona y se contrapone con la menuda figura de la joven y de su vestimenta, Pablo la mira, la admira, la ha visto mas de un par de veces, jamás se ha atrevido a cruzar palabra alguna con ella, una renovada osadía lo empuja a hacerse presente en ese preciso instante, al cruzar sus miradas Pablo le sonríe, con una mueca honesta que a la chica enternece devolviéndole la sonrisa a su ingenuo intento, Pablo le saluda con algo casual pero con una seguridad que nunca tuvo, ella mantiene la sonrisa y comenta sobre el calor dentro del vagón, sus labios son delgados sus ojos ligeramente rasgados, su voz la podría escuchar toda la vida, hablan por un par de minutos y al intercambiar números de celular, ella se percata ha olvidado el suyo en casa, como es temprano decide regresar por el, no obstante antes de llegar a la próxima estación le pide a Pablo su número y su correo anotándolo en una hoja de algún cuaderno, el final del túnel apresura todo, se despiden torpemente con un beso en la mejilla y la promesa silenciosa de contactarse, ella sale del vagón y se pierde entre el río de gente, Pablo es feliz durante una estación entera, faltan tres para llegar a la terminal.

El cronómetro de su celular, dispara la alarma, Pablo saca de su mochila un detonador a control remoto, gira una llave que activa la secuencia de bombas, nadie lo percibe, y aún si alguien lo alcanza a ver, no hay nada que se pueda hacer. Dos estaciones antes de llegar a la terminal, han subido mas personas, la música ambiental es sosa y lenta, como el avance del tren, los audífonos de Pablo emiten un ruido de estática, unas líneas en su frente le dan movimiento al sudor que transpira, espera pacientemente, hay algo de miedo en él, muy en lo profundo, pese a los meses de preparación y de condicionamiento, Pablo tiene miedo. Una estación y llegara a la terminal.

Las llantas del tren arañan los rieles, un chillido estruendoso marca la llegada, segundos antes de abrir las puertas del tren, Pablo presiona el botón. Un sonido agudo es lo ultimo que escuchan los pasajeros y toda la gente de la terminal, el cemento se desmorona, el acero se dobla, los cristales se pulverizan, las vidas se desintegran, encontraran los restos de Pablo pero no podrá ligarlo a algo especifico, una catástrofe nacional, un dolor en el alma de muchos hogares, han atacado a la juventud del país.

Por la noche aparecen por toda la ciudad carteles con la misma imagen y la misma leyenda: un puño cerrado en color blanco con fondo negro, debajo de la imagen se lee: “fuimos nosotros”


 

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