Deseo

Por Emanuel Peña

 

La sangre brotaba de la herida y resbalaba en mis manos, fue tan placentero… quiero recordar cada uno de los detalles antes de que todo esto acabe.

La sensación de encontrar a alguien así es inconfundible, ella tenía que ser, algo me lo decía, yo no lo dudaría, pero no tenía que ser algo que cualquiera notara, sólo yo tenía que saberlo; por este motivo, no levante la mirada en el momento que estuve cerca de ella.

-Ara, ayúdanos con esto- le decían sus amigos. Araid por lo que pude saber después, bello nombre. Me gustan los nombres que expresan personalidad, sutiles y concisos. ¿Su primera impresión para conmigo? Desinterés, un arma de doble filo que supe manejar a la perfección.

La noche pasaba, cada vez me acercaba más y más a ella lo cual, al parecer, ella lo notó. Intercambio de palabras sin contexto, preguntas erráticas, pero con mucha importancia, la plática surgió sin ahínco, ¿qué puedo hacer por ti?

Cada uno de mis pasos eran precisos, sin titubeos:

-¿Tienes frío?, ¿quieres usar mi chaqueta?

-Claro, ¿sabes si es de piel?

-No podría decirlo con certeza

¡Claro que se que es de piel! La sangre le pertenece tanto como a mi, es como un oleo donde la pintura toma lugar, cada color es importante. Sutileza, recuerda que todo tiene que ser perfecto, no pierdas los estribos o no tendrás lo que deseas.

Deseo. El deseo del amor y la muerte es demasiado profundo, en mi vida sentí esto por alguien que no conozco, nadie lo entendería, ¿por que tendrían que entenderlo? Nada te tiene que importar más en este momento. No pierdas la objetividad. Es una presa y tú eres el cazador; el deseo de poseer su alma inunda mi ser, el deseo de poseer su vida.

Después de más platica, no pude evitar el darme cuenta de sus ademanes, denotaban su interés por la danza.

-¿Qué te gusta hacer?

– Bailo, danza contemporánea- contesto con interés, junto a un nuevo movimiento que, supuse, acababa de aprender.

-Interesante- repliqué.

La luna seguía su curso, sin detenerse para ser notada, algo que siempre me va a molestar, ¿cómo es que algo tan bello pase desapercibido?

– “El que este libre de ignorancia, que lance la primera piedra”- pensé. Una pequeña sonrisa se posó en mi rostro.

Charla y mas charla, música, canto y bebida, todo circulaba sin preámbulos, una nueva sorpresa, una pulsera en mi mano que ella acababa de poner.

-¿Cuál es el motivo?- pregunté.

– Es un presente para volvernos a ver- respondió. Algo que no me dejó conforme.

Cuando todo estaba acabando la espere por un momento en el umbral del comedor, con un cuchillo que acababa de tomar y una gran sonrisa dibujada en mi rostro. Piensa rápido un pretexto, se despide de ti, no la dejes ir.

-¿Cuál es la verdadera razón de la pulsera?- pregunté.

-Interés- contestó, un tanto vacía la respuesta, pero me dio hincapié a seguir con la plática.

La verdadera charla comenzó en ese momento, cada una de sus palabras abría más mi apetito por su alma. Cada abrazo que me daba mostraba su bello cuello, un corte pequeño drenaría su sangre, y a la vez, su vida. No, muy arriesgado, ¿Qué tal si damos un paseo? Entonces podría llevarla a algún lugar más solitario y, sin que se diera cuenta, perforaría su lindo cuello. No, ¿con qué pretexto la convencería para dar ese “paseo”?, si dudara por un momento, sería mi fin.

Decidí entonces posponer mis planes. El trabajo estaba hecho, todo me era mas claro aun. Conocerla sería la proeza perfecta y, por ende, la confianza que me brindara sería su perdición.

Después de esa ocasión nos volvimos a ver un par de veces, lugares públicos donde sería difícil llevar a cabo mi cometido. Cada charla que tenía con ella era tan especial, cada frase que decía era tan inteligente, siempre tenía algo bajo la manga que me sorprendía. La paciencia es un don que pude cosechar, y gracias a ello, me brindó sus obsequios, la oportunidad perfecta.

Me ofrecí a llevarla a su casa en la última de estas ocasiones y ella aceptó sin problemas. La luna era hermosa, una luna asesina, una luna de cazador, denotaba que alguien iba a morir hoy, se podía sentir en el ambiente, maravilloso.

Llegando a su casa notamos que nadie estaba en ese momento; con un tono un tanto curioso le pedí que me mostrara ese segundo piso tan misterioso que en una ocasión me contó. Subimos juntos las escaleras, la emoción hacia que mi cuerpo temblara. Nerviosamente acariciaba el filo de la navaja que tenía oculta en mis pulseras.

Como esperaba, el segundo piso era oscuro y perfecto, deshacerme del cuerpo sería una tarea fácil. Todo pasó como lo esperaba, pláticas acerca del lugar, una mirada penetrante entre ambos, no permitiría que todo acabara sin antes besarla; un beso perfecto y un último abrazo que acabaría con esto.

Descubrí su cuello, el cual mostraba su delicada piel y me invitaba a respirar su delicado aroma, la mente me daba vueltas, todo era perfecto. Acerque mi navaja a su cuello, en ese momento me di cuenta que todos somos tan frágiles, la delicada piel no puede contra el acero, no es una barrera natural, no somos mas que rosas con espinas a merced de cualquier cosa que nos pueda pasar.

Mi mente estaba tan eufórica, una sonrisa nerviosa se dibujó en mi rostro, no tenía miedo, no quería hacer que esperaras tanto, mi fuego se encendía más y más, mi columna ardía como si estuviera en el mismo infierno, no dejaba de mirar el lugar donde pronto estaría esa gran incisión, la presión en mi boca era insoportable, los ojos pronto saldrían de sus cuencas, casi podía saborear la sangre que pronto brotaría con una gracia mortal.

El acero perforó la piel.

La sangre brotaba de la herida resbalando en mis manos; fue tan placentero, todo mi cuerpo temblaba y finalmente…

Caí al suelo.

Te miré de pie a un lado mío con una gran sonrisa en tu rostro y un cuchillo sangrante en tu mano. Ahora lo comprendía todo, por eso mostraste ese interés en mi, sabías que ambos compartíamos ese deseo de amor y muerte, tan claro estaba, no podía culparte por nada; qué pequeño me sentí ante ti, todo fue perfecto, obtuve lo que deseaba.

No estabas conforme, Ara, aún no saciabas tu fuego interior. Te arrodillaste a un lado mío clavando tu cuchillo en mi pecho una y otra vez tan desesperadamente, podía ver tu mirada, tan llena de deseo y esa sonrisa tan grande en tu rostro, la carcajada que soltaste después fue el toque perfecto a la escena que estabas llevando a cabo, yo no pude evitar soltar una carcajada más.

Si buscas dragones,
de vez en cuando,
uno tocará a tu puerta.
FcKr Taj


Imagen: http://www.fondosgratis.mx/archivos/temp/6849/400_1240753422_austea.jpg

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.