Desechables

deshecho

Por Alejandra Flores

Hace tiempo vi una entrevista, no recuerdo perfectamente dónde, en la que a los entrevistados se les hacia la siguiente pregunta: ¿cómo es que han podido permanecer juntos tanto tiempo? Ellos respondían: nosotros nacimos en una época en la que lo que se rompía, se reparaba.

La pregunta de la introducción no solo se basa en el tema relacionado a lo social/sentimental, sino también a lo económico y tecnológico. La generación en la que vivimos ha despegado con fuerza sus pies de los cimientos que nuestros padres y abuelos conocían.

Hoy la moral que nos guía es totalmente diferente. Hace poco menos de una década, trabajábamos mucho más duro para conseguir objetos con tecnología avanzada y, tal vez por lo mismo, éramos más cuidadosos al respecto. Antes era importante contar con ellos y mantenerlos en buen estado por más tiempo.

Nuestra generación encuentra normal el hecho de que si uno de estos deja de funcionar a la perfección puede ser reemplazado con facilidad, sin la necesidad de buscarle un arreglo. Aun si nuestros objetos no están completamente rotos o dejaron de funcionar son desechables. Empezamos a buscar el siguiente avance tecnológico, solo porque muchas de las veces no queremos quedarnos atrás, y tratamos de seguir la creciente moda de tener lo más reciente en el mercado. Si preguntamos a nuestros padres cada cuánto cambiaban los electrodomésticos en sus hogares o cada cuánto tenían un bolso o pantalones nuevos tal vez ellos responderán una cifra que notaremos absurda.

La misma tendencia se ve reflejada el ámbito emocional y social en el que nos desenvolvemos día con día. Las estadísticas se encuentran alarmantemente en ascenso en lo que se refiere a los divorcios y en descenso cuando nos referimos a los matrimonios, reportándose en México un alza anual de más de 3 mil divorcios según fuentes del INEGI. Al año, por cada 100 nuevos matrimonios se reportan 16 divorcios.

La decisión de comprometerse es personal, cada quien es consciente de lo que requiere para ser feliz. La problemática social está en la forma en que se ha acortado la duración de los matrimonios, que en teoría implican un compromiso de largo plazo. Para nuestra generación todo, absolutamente todo, es desechable. Es increíble ver que nuestra sociedad se ha puesto a sustituir todo lo que tiene al alcance, pues ya nada logra satisfacernos del todo. Ni siquiera nos ponemos a pensar si las relaciones tienen algún arreglo, simplemente las terminamos.

No es solo que la moral con la que vivimos sea más baja (y no me refiero a esa moral  por aceptar a los demás como personas individuales),  sino a esa que nos hace luchar por lo que queremos y tenemos, a esa que nos ayuda a conseguir metas más altas  y  a formar parte de una sociedad en la que queremos ser seres individuales y no uno más del montón. Te pregunto lo siguiente: ¿cuantas veces has dejado de luchar por hacer funcionar algo, sea lo que sea, sin detenerte a pensar en el estatus que le asignas, de reemplazable o desechable? ¿Y cuántas veces te has conformado por seguir los sueños de una sociedad en conjunto sin proponerte los propios?

Pensar es gratis.

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Alejandra Flores

Ale es una estudiante de medicina de la UAT. Le gusta la poesía, el futbol y escribir de muchos otros temas.