Descubre la forma en la que tu mente puede estar enfermando tu cuerpo

Por Fernando López Armenta

Dentro de la literatura especializada en salud mental existe un conjunto de trastornos poco conocidos que en los últimos años parecen ser más frecuentes en la población general. Estos desórdenes psicológicos son agrupados en los manuales diagnósticos bajo el nombre de “Trastornos de síntomas somáticos” debido a que todos ellos se caracterizan por la presencia de síntomas físicos recurrentes que inicialmente no tienen un origen relacionado con alguna enfermedad orgánica, sino que más bien parecen estar vinculados con factores emocionales y/o estresantes. Las manifestaciones de estos desórdenes pueden ser muy variadas y con frecuencia esto dificulta su identificación. Algunos de los síntomas más frecuentes son dolores de cabeza recurrentes, alteraciones gastrointestinales (colitis, úlceras, gastritis, estreñimiento, etc.), dolor recurrente en alguna otra zona del cuerpo (espalda, cuello, pecho, etc.), molestias en la piel, alteraciones en la función sexual (disfunción eréctil, eyaculación precoz, etc.) e incluso, cuando el cuadro es severo, pueden aparecer síntomas neurológicos como parálisis, pérdida de sensibilidad, dificultad para deglutir alimentos, convulsiones y alteraciones sensoriales (visión, audición, olfacción).

Un caso muy conocido sobre este tipo de trastornos ocurrió en Chalco (Estado de México) en una institución de educación privada. En este colegio se encontraban internadas chicas de entre 11 y 18 años. Entre los últimos meses de 2006 y principios de 2007 aproximadamente 600 alumnas comenzaron a presentar síntomas neurológicos que les impedían caminar. El caso llamó poderosamente la atención de los medios de comunicación y en especial de las autoridades sanitarias, quienes en un principio sospecharon de la presencia de agentes tóxicos en los alimentos, bacterias o enfermedades contagiosas. Después de realizar numerosas exploraciones a las alumnas afectadas por esta parálisis, los médicos no lograron identificar la presencia de ninguna enfermedad que explicara la aparente epidemia y, por lo tanto, los tratamientos que se habían implementado no hicieron ningún efecto. La respuesta a la misteriosa enfermedad llegó cuando un grupo de especialistas en salud mental concluyó en que las chicas de ese colegio presentaban un desorden psiquiátrico conocido como “Trastorno conversivo”, ya que los síntomas físicos que presentaban estaban provocados por dificultades emocionales y afectivas que no estaban siendo atendidas debidamente.

El caso citado anteriormente se puede considerar como ejemplo de un cuadro agudo de estos trastornos, sin embargo, muchas personas llegan a presentar síntomas de este tipo de afecciones sin siquiera sospecharlo. Estos trastornos suelen ser diversos entre sí y las señales que pueden apreciarse pueden ser muy diferentes entre ellas. Una de las variedades más conocidas sobre estos desórdenes es el Trastorno de ansiedad por enfermedad, comúnmente conocido como “Hipocondría”. Las personas que padecen de esta afección muestran una preocupación persistente acerca de su estado de salud e incluso llegan a estar convencidos de que padecen alguna enfermedad médica grave. Algunas molestias físicas cotidianas son interpretadas por ellos como síntomas de las enfermedades muy serias que creen estar desarrollando y pueden invertir mucho tiempo y dinero en la realización de exámenes y estudios médicos que terminan por evidenciar el hecho de que su salud no está en riesgo.

Existe un panorama más delicado en el que los conflictos emocionales de una persona pueden producir síntomas y enfermedades físicas reales y dañar de forma permanente el funcionamiento normal del cuerpo. Actualmente los especialistas han logrado aproximaciones importantes a este tipo de fenómenos, pero infortunadamente aún no se conoce cuál es el mecanismo exacto que opera para que un conflicto psíquico pueda alterar el funcionamiento de órganos específicos del cuerpo. La explicación más aceptada hasta el momento propone que algunas personas podrían ser más vulnerables a desarrollar este tipo de desórdenes, algunos rasgos de personalidad se han mencionado en estas teorías para explicar que algunas personas pueden poseer recursos psíquicos insuficientes para afrontar ciertas situaciones vitales y ante la incapacidad para manejar exitosamente estas dificultades el cuerpo termina siendo la vía por medio de la cual los sujetos implicados expresan de forma simbólica sus conflictos.

Gracias a la evidencia científica obtenida hasta el momento resulta innegable el hecho de que la mente y la vida afectiva de las personas puede llegar a tener una influencia determinante en el funcionamiento corporal y afortunadamente cada vez son más los profesionales de la salud que tienen conocimiento de ello y consideran estas variables al momento de emitir un diagnóstico definitivo. Cuando las molestias o síntomas no son consistentes con ninguna enfermedad conocida o los síntomas persisten a pesar de los tratamientos implementados es conveniente sospechar sobre la presencia de uno de estos trastornos.

Cabe mencionar que se han logrado identificar algunos factores ambientales y emocionales que pueden asociarse a la presencia de estos desórdenes. Con mucha frecuencia los dolores y molestias corporales inician cuando las personas atraviesan por situaciones que producen un estrés excesivo, o bien, pueden ser la manifestación de otros trastornos del estado de ánimo como la depresión. Si reconoces alguna de estas señales la mejor opción siempre será acudir a una valoración por parte de algún profesional especializado en salud mental, ya que los daños físicos producidos por estas afecciones pueden llegar a ser irreversibles si no se les da un tratamiento adecuado.


Imagen: http://www.lawyerswithdepression.com/articles/prevent-stress-shrinking-brain/

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