Descontento

Escrito por: Brandon Ramírez Gonzáles 

Una escena recurrente en cada película posapocalíptica, bélica o en general de crisis de grandes niveles o desastres inevitables, son las confrontaciones con los cuerpos de seguridad y los saqueos indiscriminados en todas las tiendas comerciales. Esta expresión de explosión social está asociada  a los momentos más críticos que se vivió por un par de días en algunas zonas del país.

Se especula mucho sobre las intenciones de las mismas, quienes las fomentaron y si contaban con suficiente apoyo como modo de protestar ante un cúmulo de problemas que se asocian según algunas encuestas recientes con el aumento de la gasolina. Hablando de este tipo de mediciones, una de estas publicadas por Excélsior (http://www.bgc.com.mx/encuesta-bgc-excelsior/510-provoca-molestia-el-alza-a-la-gasolina) señala que:

La población manifiesta determinación para expresar su inconformidad de diversas maneras. 60% está dispuesto a expresar su descontento en redes sociales como facebook y twitter, 75% a firmar cartas de protesta, 54% a participar en marchas y plantones, y 83% a no votar por el PRI. No obstante, la gente rechaza mayoritariamente sumarse a bloqueos de caminos y carreteras (73%), a tomar oficinas de gobierno (61%) y a apoyar a grupos armados (92%) […] La mayoría respalda las protestas de manera genérica (acuerdo/ en parte, 60%), pero mayoritariamente únicamente se está de acuerdo o en parte con las marchas y mítines (68%). Se rechazan los bloqueos a carreteras (74%) y a gasolineras (61%), los paros del transporte público (66%) y, sobre todo, los saqueos de tiendas (97%).

Otra encuesta publicada en Reforma (http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/?p=6973)  habla de un 94% de rechazo a los saqueos. El apoyo se concentra según ambas encuestas en las marchas, quizá la forma más habitual de mostrar descontento social, aunque también haya quien dude de su capacidad para generar cambios. No deja de ser curioso que precisamente el tema de regular las marchas para evitar que se evite el tránsito libre de automóviles por vías principales también suele contar con mucho apoyo. Aunque ese es otro tema.

También se critica mucho la efectividad de las redes sociales o firmas en portales como change.org para lograr los mismos cambios. Aunque cierto es que fueron muy reivindicados ambos modos de manifestación del descontento hace unos años, en todos los movimientos que se dieron a la vez en Europa, norte de áfrica, Estados Unidos y otras regiones del mundo, estoy pensando en la primavera árabe, los indignados, Islandia, Occupy Wall Street, etcétera, que lograron vincular las redes sociales virtuales con la movilización a las calles.

Algunas de las diferencias con aquellos movimientos y las formas de manifestación de descontento recientes de nuestro país, es precisamente la articulación de los mismos. La carencia de una amplia sociedad civil organizada en nuestro país, en comparación con la mayoría de esos países, debido a la muy reciente transición democrática algo tendría que ver también.

He mencionada anteriormente que a título personal reconozco algunos beneficios que tiene el eliminar subsidios a los combustibles fósiles para los automóviles particulares, siempre que esto esté asociado a mantenerlo a los transportistas, el transporte público, y los sectores de la economía que lo necesitan para no impactar negativamente los precios, y mejoras en general en estos sectores. También reconozco que mientras la corrupción siga siendo EL tema de nuestro país, se aumente el precio del transporte público, no se mejoren las condiciones del mismo, no se subsidie a los transportistas, ni se incentiven y apoyen el remplazo de vehículos que utilicen combustibles fósiles por algunos otros que utilicen energías más limpias, lo normal es sentir malestar y manifestar el descontento, aunque sin llegar a los extremos de la violencia, tan habitual en nuestro país.

Para lograr que el malestar pueda impactar institucionalmente, o ser convertido en cambios legislativos o acciones de gobierno específicas, como se logra en otros países, es necesario entre otras cosas un involucramiento constante de la sociedad en general, es decir, una sociedad civil ampliamente organizada. Pasos se han dado, como con la ley 3 de 3, o más atrás en el tiempo las movilizaciones que motivaron las primeras reformas para liberalizar el régimen político en los setenta. Quizá uno de los problemas sea que no se ha focalizado un problema simbólico que aglutine el malestar. Antes era el autoritarismo y la falta de democracia. Ahora se habla de la corrupción sin saber muy bien qué se quiere decir con ello, y que se espera como solución.

Recurrir a las respuestas violentas no cuenta con el apoyo de la mayoría descontenta, y siempre ayuda a desmotivar la movilización. Uno de los retos de nuestros tiempos es buscar esas formas de manifestación que resulte efectiva en los tiempos en que los partidos políticos y en general la democracia liberal se sienten ineficiente, y de la que el grueso de la sociedad suele no participar, pero dentro de su misma lógica libertaria y reivindicativa. Sin duda un gran desafio.

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