(Des) ocupación y preocupación después de los treinta

Por Ale Sánchez

Encontrar trabajo a los 25 es relativamente fácil (relativamente).

A los 28 estás en el límite: es prácticamente el último año de tu vida en el que una empresa te acogerá sin experiencia y/o con la intención de capacitarte y ayudarte a crecer.

A los treinta, treinta y uno… Algunos dirían que estás jo…robado.

Dura es la realidad laboral en México y toda Latinoamérica este enero –y desde hace unos diez años al menos- sin importar el rango de edad y el nivel de estudios. Pero esta percepción se enfatiza cuando miras a tu alrededor y te das cuenta de que tu título no te sirve de nada.

Los padres y los abuelos solían decir: “estudia, para que seas alguien en la vida”, “continúa en la escuela, para que llegues más lejos que yo”; ¡gran desilusión!, una carrera universitaria no es ni la punta del iceberg de las exigencias empresariales.

Es incluso peor cuando has egresado de una universidad pública, pues la institución no puede conectarte con un empleo al salir (como sí sucede a veces en el caso de las universidades privadas), ya que su bolsa de trabajo suele estar desactualizada o ser escasa; tampoco te ofrece prácticas laborales como parte del plan semestral de la carrera. Si las realizas, será por tu cuenta, en un horario adicional, a tus expensas. Es maravilloso cuando lo realizas, siempre que te fijes bien a la hora de elegir, pero no siempre se puede porque quizá es más urgente encontrar un empleo –de lo que sea- que te permita pagar tus pasajes, tus copias y tu lunch. Seguramente una práctica profesional (no remunerada) te ayudará muchísimo en el futuro, pero de momento lo que necesitas es solvencia y horarios flexibles.

Más allá de esto, si has tenido la necesidad de comenzar a laborar antes de concluir los estudios, existe el riesgo de que postergues tu titulación un par de años al menos a consecuencia de tus ocupaciones, desde la tesis hasta la acreditación del idioma, servicio social, etc. Lamentablemente, la falta de título te cerrará unas cuantas puertas en esta etapa.

Puede suceder que decidas tomarte un sabático –gastándote tus ahorros o pidiendo ayuda a la familia- para por fin titularte; ya ha pasado el tiempo, y pasará un poco más mientras atraviesas este proceso. Como consecuencia, tu curriculum tendrá un hueco de inactividad. Eso también puede convertirse en un lastre.

Y mientras todo esto pasa, te vas dando cuenta de que gran parte de las veces te contratarán en sitios donde no ejerces tu profesión o no te enseñan algo nuevo. En este punto ten cuidado, porque si permites que la corriente de empleos sin futuro te arrastre, un día el precio a pagar será el desempleo semipermanente y/o una gran frustración personal y profesional. El primero por cuestiones de edad: si alcanzas los treinta años o los sobrepasas y estás buscando empleo pero no cuentas con un área de especialización laboral, hallarás empleos mal pagados de muchas horas a la semana y de pocas oportunidades de desarrollo. El segundo, porque te verás en la necesidad de buscar y tomar empleos que no son lo que esperas y que simplemente cumplen la función de darte un ingreso y una ocupación, en el mejor de los casos. El escenario pesimista (y a veces el real) es que tardarán en contratarte, pues para unos puestos tu escolaridad será demasiado, y para otros, tu experiencia y conocimientos serán insuficientes.

Después de esta deprimente disertación, hay que decir que existe esperanza, independientemente de la escuela de procedencia y otros aspectos. En primer lugar, hay que aprender de la experiencia –propia o ajena- y tener muy presente la necesidad de forjar una trayectoria laboral y profesional bien definida desde temprano. Además, resulta indispensable capacitarse continuamente inclusive en habilidades que creemos que jamás vamos a necesitar. Si la economía de estudiante o recién graduado a veces parece en contra, es preciso estar muy bien enterados de los cursos gratuitos, presenciales o en línea para cada necesidad y tipo de público (buscar en internet, leer los boletines escolares, preguntar a conocidos, o en oficinas de gobierno, etc.).

Si ya estás en la encrucijada de “más de 30, buscando empleo y sin perfil definido”, te queda echar mano de lo que sí sepas hacer muy bien, así como de tus contactos y tal vez de un empleo no tal glamoroso –por un tiempo- que te permita estudiar un curso o dos y así poder levantarte.

Computación (Excel, Adobe, Java, Analytics, por ejemplo), idiomas, administración o contabilidad básica, son de los más requeridos para casi cualquier carrera y posición. Una estrategia puede ser buscar tu empleo ideal y mirar el perfil requerido, evaluando qué aspectos ya cubres y cuáles requieres completar. Esa será tu pauta para saber qué necesitas aprender.

Otra cosa: el aspecto físico y la pulcritud personal nunca dejarán de tener peso a la hora de ser juzgado por los reclutadores.

Y por último, a veces estas crisis convierten a las personas en empresarias.


Imagen: https://nuevolaredo.tv

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