Derechos para todos

Por Brandon Ramírez en colaboración con Sofía Ramírez Martínez

No deja de ser parte de la cotidianidad de nuestro país ver noticias, información o hasta videos en redes sociales sobre linchamientos públicos muy constantes; asaltos que son repelidos por las víctimas con propias armas, etcétera, como respuesta a la insatisfacción con nuestras instituciones de seguridad pública, por la corrupción que se asocia a éstas, su cooptación por las grupos criminales, o su ineficacia y debilidad institucional por falta de recursos que hacen no tener presencia en algunas regiones.

Hace unos años se le dio mucha cobertura a la película Presunto culpable, que mostraba como nuestras autoridades judiciales podían, para cerrar algunos casos, culpar a una persona sin partir de su presunción de inocencia ni tener un caso sólido armado. Eso es algo que ocurre con muchos ciudadanos e incluso con personalidades con presencia nacional, a quienes se encarcelan y terminan liberando (claro, porque pueden pagar abogados dedicados a ello) por violentar su debido proceso, mostrando una vez más inequidades que desaniman a la gente a confiar en las autoridades (se puede pensar, erróneamente:  si a esa persona que todos sabemos es corrupta, la liberan, seguro si es que llegan a detener a quien me asaltó lo dejarán salir, mejor hacer “justicia” por mano propia).

La idea del debido proceso, o confiar en las instancias judiciales es precisamente generar justicia, quiero decir, que nadie te pueda acusar de algo sin fundamentos ni pruebas. Nuestro sistema judicial desde la publicación de aquella película ha cambiado, pero el contexto y problemas con nuestro sistema de justicia subsiste.

Es difícil poder convencer a una persona que, tras años de un contexto en que sabe que la impunidad impera, que tiene instituciones corruptas e ineficaces, con tanta burocracia que hace difícil que una denuncia prospera, confíe en un que su sistema judicial puede hacer justicia. Pero no debería ser tan difícil que los linchamientos y violencia civil sigue siendo un problema igual de grave.

La idea de los Derechos Humanos parece que no ha permeado del todo en nuestro país. Incluso los delincuentes confesos tienen derechos como personas, y no se pueden tratar como cosas. Con mayor razón una persona que ni siquiera ha pasado por un proceso judicial. La idea que debería bastarnos para hacer entender esta necesidad es: si alguien te estuviera acusando injustamente, y quisiera lincharte, ¿no quisieras una oportunidad de defenderte? Y en cuanto a los casos citados, sobre agresores que son repelidos por los agredidos con armas, la idea sería que, si no tenemos permiso para manejar armas e impunemente las usamos, eso sólo aumentaría el número de armas en las calles y la sensación de inseguridad. Además, no contamos con el entrenamiento para su uso profesional, y podemos lastimar a alguien más.

En suma, en la actualidad, entre los ciudadanos y en especial en aquellos adentrados en las ciencias sociales y humanidades, podemos escuchar que los Derechos Humanos son ineficientes, no funcionan hasta decir que no existen. Sin embargo, debemos entender que estos son de interés en el ámbito de la política nacional e internacional, debido a los diferentes eventos en los que se ha suscitado la violación de los mismos, y sus problemas asociados.

Debido a que son un tema vigente y que garantizan el respeto y la protección de cada individuo, es necesario que se conozca a mayor detalle el método de aplicación a través de las autoridades y los diversos sustentos para llevarlos a cabo. Para evitar agudizar la crisis de Derechos Humanos que actualmente se vive en el país, a causa de la discriminación y violencia que sufren diversos sectores de la sociedad generados, no sólo por lo ya mencionado, sino también por los usos, costumbres y tradiciones, la falta de educación ciudadana, etcétera, es imperante que se siga dando peso y difusión a su importancia.

Así como la sociedad debe acoplarse a los distintos cambios que se están generando y las autoridades e instituciones están reconociendo la diversidad e igualdad, ampliando y garantizando los derechos por igual a cada ciudadano sin importar las diferencias que profesen o ejerzan; nosotros deberíamos no obviar ni olvidar la importancia que tiene el respeto de la dignidad humana de otros, aunque estos no lo hagan recíprocamente, porque de lo contrario, estamos en un círculo vicioso que no beneficia a nadie.


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