Derechos humanos

Por Miguel Téllez

 

¿Qué queremos decir cuando hablamos de derechos humanos (DH)? Esta pregunta rigió una ponencia que presenté en el CIALC la semana pasada en CU en la UNAM. Hoy quiero contarles brevemente qué cosas dije en dicha ponencia.

Para hablar de DH, seguí la argumentación de un filósofo alemán, Thomas Pogge. Este autor es conocido porque ha argumentado a favor de la responsabilidad que tienen los ricos con los pobres. En discusiones éticas -y de filosofía política- se suele preguntar si acaso las personas que viven en determinado país, tienen responsabilidades con personas que viven en otro país. No sé si al lector le sorprenda la pregunta, lo cierto es que hay personas que aseguran que no tenemos por qué ayudar a otros que no pertenecen a nuestro país. Incluso hoy día han publicado en Facebook una serie de imágenes que dicen algo como “Antes de ayudar a un sirio, ayuda a un pobre de tu país”. No voy a discutir esa sentencia.

Vemos que hay distintas creencias en relación con la pobreza y nuestra responsabilidad moral con tal problema, pero esa cuestión no la abordé en mi ponencia -al menos no totalmente-. Mi principal objetivo fue señalar que con DH nos referimos a una esfera mínima de necesidades que deben ser respetadas y en el caso de un país democrático -que atiende al paradigma de la justicia distributiva, esto es, cómo repartir bienes primarios-, cómo debe otorgar facilidades para que tengamos acceso al objeto que se defiende en un DH.

Es importante saber cómo es que los DH llegaron a ser lo que son -o lo que creemos que son-, y para ello es preciso examinar el paso de ley natural a derecho natural y de este último a DH. Antes de esa empresa, debemos señalar que hay dos tipos de derechos: 1) legales y 2) morales. Los primeros son reconocidos por las instituciones políticas, su contenido, carga jurídica y obligaciones que se desprenden de su postulación depende de los tres poderes. En cambio, la validez de los derechos humanos morales no depende de poderes gubernamentales. Así, la existencia de derechos humanos morales es independiente de cualquier documento oficial político o social.

Dado que el desarrollo de las continuidades y discontinuidades que hay de ley natural, derecho natural y DH es muy amplio para este espacio, sólo diré algunas cosas referentes a las discontinuidades. Hablar de derecho natural implica un titular de tal derecho -o derechos-. Además, este titular lo hace fuente de requerimientos morales, por tanto, tiene cierto valor y condición moral que debe ser respetado.

Ahora demos un salto bastante largo y veamos que cuando hablamos de DH también ocurren cambios importantes. Primero, se acentúa la importancia de ‘derecho’ y ya no de ‘ley’, término atrincherado en la tradición medieval. Segundo, el adjetivo ‘humano’ en contraste con ‘natural’ evita cuestiones metafísicas y metaéticas, ya que no permite deducir nada de ellas. Hablar de DH señala una condición moral especial que sólo los seres humanos y sólo ellos tienen. Esto sugiere que todos los seres humanos son iguales a este respecto, lo cual implica dos cosas: 1) todos poseen los mismos derechos y 2) la afirmación de tales derechos, así como la violación de los mismos, tienen el mismo rasgo de importancia y peso sea quien sea el titular de los DH.

¿Quién viola los derechos humanos? Para responder, veamos un ejemplo. El artículo 17.2 de la DUDH nos dice “Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.”[1] Alguien podría pensar que si un delincuente común roba el auto de alguien, está violando los DH de su víctima. Esto es incorrecto. Primero, una violación de los DH debe ser una falta de respeto oficial, en seguida, los que cometen tales injusticias son el gobierno, los representantes de estos, un Estado mayor de un ejército o una gran empresa. Por lo tanto, un delincuente común, una esposa violenta o un marido golpeador no violan los DH. Esto se entiende si comprendemos que tales derechos se postulan -a primera instancia- frente a quienes ocupan un cargo de poder en la sociedad.

Ahora bien, podemos extender el espectro de los que cometen violaciones de DH. Así, no sólo violan los DH los gobernantes, sino trabajadores de instituciones políticas menores con un rango inferior. La cuestión ahora es, ¿cómo hacer responsables a los que violan estos derechos? La pregunta surge porque en muchas sociedades, aunque se reconozcan, son violados, y aunque postulen leyes en defensa de tales derechos, permiten a ciertas autoridades violarlos. De este hecho podemos sugerir que la ley como único criterio de reconocimiento es poco convincente[2].

Supongamos ahora que el gobierno no dé autorizaciones para violar DH. Podrá ocurrir que grupos se reúnan y cometan crímenes contra aquellos, y bien puede ser el caso que el gobierno no haga nada. Este suceso implica algunas cosas: 1) aunque parezca que hay protección de conductas, la gente no las realiza porque conoce los riesgos de hacerlas, 2) puede ocurrir indiferencia por parte del gobierno frente a una violación de DH y esto constituye una falta de respeto oficial.

Una primera solución al problema es prestar atención en el gobierno y observar qué tanto las leyes protegen los contenidos de los DH y qué tan dispuestas están las autoridades para castigar las violaciones de DH. Esto sugiere que si queremos garantía de DH, entonces necesitamos una ciudadanía comprometida con la vida política, lo cual no implica que todos -absolutamente todos- deban participar, podría ser suficiente con una minoría. No olvidemos que los ciudadanos son responsables -en última instancia- de lo que ocurre en su territorio. Así, el gobierno puede ser referente importante de los DH, pero “… los guardianes últimos de los derechos humanos son los individuos.”[3]

En esta ocasión, no hablé de la pobreza global, este problema podría ser abordado en un escrito posterior. Es importante tener claro cómo podemos concebir los DH y atender en qué circunstancias son violados; esto no implica que si no son violados no nos interesen, al contrario, es una manera de identificar sólo un tipo de injusticia.

 

 


 

[1] Para cotejar los DH, Ver., http://www.un.org/es/documents/udhr/

[2] Ver., Pogge, Thomas, La pobreza en el mundo y los derechos humanos, {Trad. de Ernest Weikert García}, Paidós, Barcelona, 2005, p.85.

[3] Ibid., p.88.

DUDH, http://www.un.org/es/documents/udhr/

Pogge, Thomas, La pobreza en el mundo y los derechos humanos, {Trad. de Ernest Weikert García}, Paidós, Barcelona, 2005, p.75.

Imagen: http://blogs.elpais.com/mil-millones-de-vecinos/2013/03/cuantas-personas-hay-en-las-redes-sociales.html

 

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