Dejé de esperar y me sentí más tranquila

Por María Fosado

 

Me considero de esas personas soñadoras, probablemente tú también seas una de ellas y está bien.

Desde pequeña siempre me gustó soñar mi realidad, no porque me desagradara, sino porque me gustaba y quería hacerla más bonita. Me imaginaba miles de cosas.

Lo cierto es que si me preguntas cuántas cosas se han hecho realidad de todo aquello que he fantaseado, te podría decir que son pocas a pesar de mi corta edad y que hay experiencias que la vida me ha regalado sin haberlas buscado. Pero eso no me ha desanimado para seguir soñando.

Creo que está de más la frase: “soñar es gratis” y es que es muy bonito soñar, pero siempre y cuando lleve un toque de realidad. Te digo esto porque además de soñadora, mis expectativas llegan a ser muy altas y por ello, a veces suelo ser muy infantil; es algo que llego a considerar un defecto en mi persona.

Ser infantil es creer que todo lo que planeamos debe ser así, no aceptamos un “no” como respuesta, ni un cambio en lo planeado; porque de ser de ese modo, nos sentimos impotentes ante las circunstancias y que el mundo se nos cierra. Aunque en realidad, nosotros nos cerramos al mundo.

Expectativas elevadas llevan a una realidad infeliz. Y no es que quiera decir que debamos verle el lado negativo a las cosas, sino a cada situación, la mitad de lo que nos gustaría que fuese y la otra mitad considerarlo como algo que podría no suceder.

La vida me ha enseñado que no debo tener expectativas tan altas de las situaciones y sobre todo en las personas; y digo que “tan” altas porque la verdad es que sí es bueno tener expectativas, ya que estas nos ayudan a distinguir lo que queremos lograr en nuestra vida o hasta donde queremos llegar y a no ser conformistas.

Tan simple como decir que a mí no me gusta que la gente tenga altas expectativas en mi persona porque nunca voy a ser como los demás creen que debería ser.

Es como cerrar los ojos y llegar a pensar que alguien piensa igual que nosotros, que actuará exactamente como nosotros queremos que lo haga y se convertirá en quien creemos que debe convertirse.

He ahí del por qué nos desilusionamos tan fácilmente de las personas. Porque creemos que la otra persona debe hacernos felices y esto es lo que la mayoría de las veces sucede con las relaciones sentimentales y terminan. Creemos que la otra persona debe cumplir con todas nuestras expectativas, cubrir nuestras necesidades afectivas; siendo que en realidad si algo queremos que cambie, debemos ser nosotros mismos.

Volviendo al tema de lo que me ha enseñado la vida, debo decir que no espero nada de nadie, porque entre más espero más me desilusiono.

Creo que no debemos esperar nada de las personas que queremos, sino sólo tener fe en ellas; y por “fe” me refiero a que las personas sólo actuarán a partir del amor que han aprendido a recibir, así como también a hacer el bien de acuerdo a lo que ellas creen que es lo mejor.

Durante mucho tiempo me la pasé esperando a que las personas me demostraran su cariño tal cual como yo se los hacía sentir, en la misma medida y cuando no sucedía me sentía desilusionada porque entonces pensaba que en realidad no me querían tanto.

Me cansé de intentar algo que no tenía futuro.

Me cansé de esperar aquello que no sé cuándo debió llegar.

Me cansé de buscar la atención de aquellos que no están interesados en mí.

Me cansé de ignorar lo que era evidente ante mis ojos y me negaba a aceptar.

Ahora que estoy aprendiendo a no complacer las expectativas de los demás y a no esperar nada de nadie, me siento un poco más libre.

No me gusta hacer promesas porque luego me decepciono si no las llego a cumplir. Y no es que no quiera cumplirlas, sino que a veces, en la vida se nos presentan situaciones que modifican todo lo que hemos planeado. Pero lo que sí es verdad, es que he decidido dejar que la vida me sorprenda.

Cuando no esperes nada de nadie, todo te parecerá un regalo. Y verás cómo los detalles más simples te sacan la sonrisa más grande.

Lo mejor es que lo que una vez te desilusionó, al final aprendes a verlo desde otra perspectiva.

Hay cosas que después de un tiempo dejan de doler o de importar y es cuando aprendes a reírte de ellas.

Las únicas expectativas que debes intentar complacer son las tuyas, cada quien tiene su vida. No existe nada más valioso que la vida de uno mismo.

¿Qué vas a decidir a partir de ahora? ¡Esta es tu vida!

Decidas lo que decidas, recuerda que es la mejor decisión; simplemente porque tú así lo decidiste.

 


 

La imagen fue obtenida de:  http://weheartit.com/midnightsflower

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